Las banderas de Líbano, el Vaticano y de la milicia chií Hizbulah dieron la bienvenida al Papa León XIV en los suburbios del sur de Beirut. La comitiva atravesó los edificios en ruinas de Dahiye en su camino desde el aeropuerto al palacio presidencial, donde el líder religioso mantiene en estos momentos un encuentro con la cúpula política libanesa.
“Estamos muy emocionados, tanto musulmanes como cristianos, como hermanos. Estamos aquí para mostrar que Líbano es para todos”, asegura a Guayana Guardian Faiz, un joven chií de 29 años.
Pide a León XIV que visite el sur, donde el conflicto librado con Israel el pasado año arrasó pueblos enteros, y donde se producen ataques aéreos a diario. “Debe ver lo que están haciendo allí, matando y bombardeando todos los días desde que terminó la guerra. Tiene que hacerlo”.
La cúpula de la milicia también agradeció la visita al pontífice, y aprovechó “la ocasión de su bendita visita al Líbano para reafirmar nuestro compromiso con la coexistencia pacífica”. El grupo armado asegura que el Papa debería “condenar cualquier agresión u ocupación de nuestra tierra y nuestro país”.
El primer papa estadounidense voló desde Turquía, donde había estado de visita durante cuatro días, y advirtió que el futuro de la humanidad está en riesgo debido al inusual número de conflictos sangrientos en el mundo, además de condenar la violencia en nombre de la religión.
En su primer día en Líbano, León XIV, quien fue escogido tras la muerte de Francisco I el pasado mayo, ha mantenido reuniones con el presidente del país, Joseph Aoun, el primer ministro, Nawaf Salam, y el presidente del parlamento, Nabih Berri.
Dirigiéndose a un salón del palacio presidencial repleto de políticos y líderes religiosos de las múltiples confesiones del Líbano, abrió su discurso repitiendo las palabras de Jesús: “Bienaventurados los que trabajan por la paz”.
León afirmó que Líbano debe perseverar ahora en sus esfuerzos por la paz pese a enfrentarse a una situación regional “altamente compleja, conflictiva e incierta”. “En nuestro país y en nuestra región hay mucha angustia y muchas personas sufriendo”, dijo Aoun, y añadió que Líbano es un país “donde cristianos y musulmanes viven, diferentes pero iguales”.
Líbano no cuenta con un censo popular oficial desde 2004, pero se calcula que los cristianos ya no son una mayoría en el país, que ha experimentado un crecimiento de la población chií y suní. Sin embargo, la presencia de la iglesia Maronita, adscrita a Roma, así como de otras comunidades cristianas ortodoxas, convierten al país en el principal enclave del cristianismo en una región de mayoría musulmana.
Los líderes libaneses -en un país que acoge a un millón de refugiados sirios y palestinos y que sigue luchando por salir de años de crisis económica- temen que Israel intensifique drásticamente sus ataques en los próximos meses.
Israel afirma que sus bombarderos continúan operando desde el acuerdo de alto el fuego del año pasado para impedir que Hizbulah restablezca sus capacidades militares y vuelva a representar una amenaza para las comunidades del norte de Israel.
Entre quienes acudieron a recibir al pontífice estaba Nizar Kalash, un joven de 19 años que viajó desde Beirut para no perderse el momento. “Estamos muy emocionados de ver al papa, igual que mis padres en el año 2000. Para nosotros es un día muy importante porque creemos que todavía hay esperanza en el Líbano”, explicó.
Kalash, que estudia en la Universidad Americana de Beirut y vive en Hamra, insistió en que la visita del papa permitía mostrar “lo que realmente es el Líbano: musulmanes y cristianos juntos, sin discriminación ni racismo”.
Originario de Addaisseh, en el sur del país, lamentó que el papa no vaya a visitar una región que considera “tierra sagrada”, recordando que, según la tradición, en Cana -también en el sur- Jesús realizó su primer milagro. “Es muy triste para nosotros. Esperamos que no sea demasiado tarde y que el papa aún pueda ir al sur”, añadió antes de regresar a la multitud que aguardaba bajo la lluvia.


