Internacional

“Busco a mi hijo en Crans-Montana”

Nochevieja trágica en los Alpes suizos

Desesperación en la estación de esquí por la lentitud en el proceso de identificación de muertos y heridos

La responsable del equipo de fútbol femenino del municipio suizo de Lutry, Laetitia Brodard Sitre, compartió hace ya más de 48 horas este mensaje en su Facebook: “Mi hijo, Arthur Brodard, nacido el 22 de febrero de 2009, forma parte de las víctimas del incendio en Crans-Montana. No sabemos si está vivo, ni dónde está. Si tenéis alguna información sobre en qué hospital puede estar, avisarme”. La petición iba acompañada de una foto reciente del joven, en el sofá de casa junto al perro de la familia.

En las últimas horas, esta madre ha dado voz a la petición desesperada de decenas de familias cuyos hijos celebraban el Año Nuevo en el local Le Constellation de la localidad suiza de Crans-Montana y todavía no saben de su paradero. Si se encuentran, por fortuna, entre los 114 que sobrevivieron y permanecen hospitalizados, o forman parte de la lista de los primeros 40 muertos.

Un equipo de medio centenar de forenses suizos trabaja a destajo en la identificación de los fallecidos, pero no es una tarea ni fácil ni rápida. Ante la imposibilidad de realizar un primer reconocimiento visual, los técnicos están recurriendo al ADN y a su cotejo con los familiares que buscan a sus hijos. De ahí que las identificaciones de los muertos se esté realizando con cuentagotas, para desesperación de sus familias.

Poner nombre a los supervivientes también está costando mucho. La gran mayoría de los heridos fueron rescatados sin elementos de identificación, y muchos sufren quemaduras de tal envergadura que permanecen sedados en los hospitales, luchando por seguir vivos.

Un equipo de psicólogos atiende a algunos de estos familiares en el interior de la crepería Bretonne du 1900, situada a escasos metros del local siniestrado. La emblemática cafetería cerró tras el incendio y reabrió al día siguiente para uso exclusivo del personal de emergencias, de policías y de los familiares y las víctimas que necesitan ser acompañados por profesionales en estos momentos tan difíciles y en los que el tiempo no avanza a la velocidad que desearían. Laetita Brodad entra y sale de ese local y atiende con una extraordinaria generosidad a los medios de comunicación.

Los técnicos están recurriendo a analizar el ADN para cotejarlo con los familiares y avanzan poco a poco

Apenas ha dormido desde la madrugada del jueves. A medida que pasan las horas, su voz suena cada vez más frágil y se quiebra. Repite una y otra vez que necesita saber dónde está su hijo, para estar a su lado. Anoche aparecieron las primeras lágrimas cuando admitió que se desvanecen las posibilidades de que Arthur siga con vida.

Pero no se rinde. Es lo que aparenta, una mujer fuerte. Vecina de una localidad cercana a Laussane, su familia lleva toda la vida esquiando en Crans-Montana.Las primeras horas las pasó buscando vídeos entre los supervivientes y testigos tratando de encontrar a su hijo en las imágenes, confiando que habría salido en algún momento del local. Luego visitó hospitales, sin tener tampoco noticias del menor. El viernes por la noche, su petición era casi una súplica. “Mi hijo solo tiene 16 años. Si está en la morgue, su madre tiene que estar con él. Necesita a su mama. No me voy a rendir”. Como la de Arthur, otro medio centenar de familias mantenían anoche publicaciones en las redes sociales con imágenes de jóvenes desaparecidos en un incendio cada vez más incomprensible para todos.

Vista aérea de la carpa de acceso al bar Le Constellation, donde los equipos forenses y policiales siguen trabajando para aclarar la tragedia de Nochevieja. 
Vista aérea de la carpa de acceso al bar Le Constellation, donde los equipos forenses y policiales siguen trabajando para aclarar la tragedia de Nochevieja. MAXIME SCHMID / AFP

Las pistas de esquí de la bucólica Crans-Montana reabrieron ayer con cierta normalidad y resultaba chocante ver a los esquiadores camino del remontador pasando junto a los altares improvisados de flores y velas.

Un común denominador en todas las tragedias colectivas son estos pequeños puntos de homenaje en los que las personas acuden a mostrar sus respetos y su desolación. En Crans-Montana, primero los amigos y con el paso de las horas muchos vecinos y visitantes, se acercaron a los alrededores de la discoteca siniestrada para depositar flores y velas, que el frío seco de los Alpes apaga sin consuelo.

Velas para el dolor y el recuerdo de las víctimas del incendio en Crans-Montana. 
Velas para el dolor y el recuerdo de las víctimas del incendio en Crans-Montana. Antonio Calanni / Ap-LaPresse

Flores, la mayoría blancas, evidenciando una vez más la franja de edad de la mayoría de las víctimas, de entre 16 y poco más de 23 años. Unos críos algunos que daban la bienvenida al año nuevo en una fiesta que debía ser para todos inolvidable.

Algunos restauradores de la localidad plantearon la posibilidad de cerrar ayer como señal de duelo y respeto, pero cundió el sentido común. Más que nunca era importante abrir para acoger esa consternación y duelo colectivo que muchos compartieron en las barras de los bares. Es difícil encontrar algún vecino de Crans-Montana que no hubiera estado en algún momento en la discoteca siniestrada. Fue cambiando de dueños con el tiempo, y los últimos, una pareja de franceses de origen corso, había realizado un amplia rehabilitación de la que ya dieron explicaciones ante los investigadores tras el siniestro, y en una primera declaración oficial, de la que salieron sin medidas cautelares, ni acusaciones, pero con el compromiso de estar localizables si las autoridades les volvían a requerir.

La gran mayoría de supervivientes sufren quemaduras de envergadura y yacen sedados en hospitales

Se vivió estas últimas horas en los alrededores de la sala siniestrada un fenómeno curioso, o extraño. Muchos jóvenes supervivientes, que estuvieron aquella noche en Le Constellation, regresaron ayer y se acercaron a mirar. Eran fácilmente detectables para las decenas de periodistas de medio mundo que han ocupado la pintoresca localidad alpina. Miraban a las carpas blancas tras las que trabajaba la policía científica con la mirada perdida. Buscando respuestas que nadie tiene.

Fernandine, un joven parisino de 19 años, se mostró igualmente generoso con los periodistas reproduciendo en inglés lo vivido aquella madrugada. Llegó con su hermano, su novia y otros cinco amigos. Todos han sobrevivido, aunque su hermano forma parte del grupo de críticos. No encuentra palabras para definir lo que vivió aquella noche. Cómo logró salir de allí, envuelto en una bola de fuego que le dañó el cuello pero no le impidió regresar hasta dos veces al interior en busca de su hermano. “Sabes cómo son las escenas de guerra de las películas. Pues fue casi igual”, dijo conmocionado.

María del Carmen Navarro Miranda

María del Carmen Navarro Miranda

Redactora de sucesos

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Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de 'Desmontando el crimen perfecto'. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender