La justicia suiza anunció este sábado el inicio de un proceso penal contra los propietarios de la sala Le Constellation. Jacques y Jessica Moretti, están siendo investigados por homicidio imprudente y lesiones, como se ha sabido cuando se cumplían las 72 primeras horas de la tragedia que la madrugada del día 1 costó la vida a 40 jóvenes. Otros 119 permanecen hospitalizados en estado grave.
En un breve comunicado firmado por la fiscalía y la policía del cantón de Valais, las autoridades aseguran que la investigación iniciada tras el incendio en Crans-Montana ya ha aportado suficientes indicios de delitos, por lo que se ha judicializado la causa.
La noticia no provocó sorpresas; de hecho, se esperaba. Y más tras las últimas declaraciones de la fiscal Béatrice Pilloud, que admitió que todos los datos recopilados por el momento indicaban que el fuego empezó por la proximidad de unas bengalas encendidas a un techo que, vista la evolución de las llamas, carecía de tratamiento ignífugo.
La bengala que desató la tragedia
El procedimiento judicial permitirá a las familias de las víctimas personarse en la causa como perjudicadas contra los dueños del local y también dilucidar el papel que jugaron las administraciones locales y del cantón que no advirtieron anomalías en el establecimiento siniestrado.
De hecho, los Moretti, franceses de origen corso, entregaron ayer un comunicado a varios medios de comunicación suizo en el que aseguraban que su local había pasado todas las inspecciones en el momento de su reapertura.
La tragedia pone el foco sobre los negligentes controles de las autoridades
El matrimonio se trasladó a los Alpes suizos en el 2000 y tiene varios establecimientos de restauración en la zona. En el 2015 adquirieron el local y tras una reforma integral lo reabrieron con el nombre de Le Constelattion, convirtiéndose en el bar musical de referencia de los más jóvenes de la localidad.
La reforma, insisten los propietarios, pasó el visto bueno de las autoridades, así como las inspecciones periódicas que tanto los técnicos municipales como del cantón han ido realizando. En la última década, La Constellation superó tres visitas de técnicos sin que encontraran anomalías que impidieran su funcionamiento.
Los alrededores acordonados del local
El comunicado no hace referencia ni a las bengalas ni al controvertido material que cubría el techo del subterráneo. Como prueban los videos difundidos y el relato de los testigos, ese material permitió que las llamas se propagaran a gran velocidad. La pareja se limita a indicar que todo lo que se hizo y el material que se usó era legal, y que ya se han puesto a disposición de la justicia para colaborar en la investigación de una tragedia que, aseguran, les mantiene “sin dormir ni comer”.
Los altares improvisados
Historia de unos ojos llorosos
Las flores, las velas y los peluches se empiezan a acumular en los altares improvisados en los que la gente se acerca a rendir su homenaje a las víctimas de Le Constellation. Abundan también los dibujos hechos a mano por los más pequeños y las cartas de despedida.
Ayer al mediodía se acercaron tres mujeres y un hombre con sendas piedras en las manos que hicieron sonar golpeándolas entre ellas, mientras entonaban unos cánticos indescifrables. Eran de Bolivia, de paso por los Alpes suizos, y se acercaron para ejecutar un sencillo ritual que, contaron a este diario, guiaría las almas de los fallecidos en su camino hasta el cielo.
Otros vieron quizás una oportunidad de sumar adeptos en estos momentos en los que muchos se han sentido vulnerables, entre ellos, numerosos jóvenes supervivientes que tienen la sensación de no haber hecho lo suficiente por ayudar a los que murieron. Junto a uno de los altares de flores, la organización cristiana evangélica estadounidense The Pocket Testament League colocó una mesa de camping con un cartel escrito a mano: “Sírvase usted mismo”. Dejaron velas, pequeñas y más grandes, numerosas cajas de cerillas, mecheros sin logotipos y unos cuantos paquetes de pañuelos de papel para enjugar las lágrimas. Y entre medio, tratando de pasar desapercibidos, libritos de la organización, en italiano, con el sugerente título: Si entras, serás salvado.
El desfile de familias enteras hasta los puntos improvisados de flores y velas no cesó ayer en todo el día. A pocos metros, el céntrico bar y restaurante La Plaza recibía a muchos con un primer abrazo sincero de Márcio, su rresponsable, un portugués afincado hace años en los Alpes suizos que estos últimos días ha tenido palabras de consuelo para todo el que lo pedía.
Al mediodía dos de las mesas que están frente al gran ventanal las ocupó una familia italiana. Costaba no fijarse en una mujer, con los ojos llorosos, el rostro agotado y pendiente del teléfono móvil. Necesitaba respirar tras tres días sin dormir. Su hijo de 16 años está entre los desaparecidos. Su abrazo valió por todos.
A las pocas horas del incendio, el matrimonio Moretti borró todas las redes sociales relacionadas con el negocio. En su página de Facebook se conservaban una serie de fotografías del 2015, cuando adquirieron el establecimiento e iniciaron la transformación. Y en algunas de esas imágenes, rescatadas por internautas y publicadas por algunos medios suizos, se ve a un operario colocar en el techo y algunas paredes las placas de espuma negra que tienen la función de aislar el sonido.
La policía ya tomó declaración a la pareja el mismo día 1, pero en calidad de testigos. Les pidieron que facilitaran la documentación relacionada con el local, los materiales y las reformas que pudieron realizar con posterioridad. También solicitaron a los técnicos municipales y del cantón los informes con el resultado de las inspecciones realizadas al establecimiento en los últimos años y para la licencia de reapertura.
Dos mujeres se abrazan ante el bar de la trampa mortal
Algunos familiares ya advertían con prudencia que la presunta aunque evidente negligencia de los dueños de la sala, a todas luces, había sido permitida por inspectores de las distintas administraciones que debían velar por el cumplimiento de las normas de seguridad.
De hecho, ayer mismo las autoridades cantonales solicitaron a los municipios que refuercen los controles en locales de diversión. El jefe del departamento de seguridad del cantón, Stéphane Ganzer, advirtió que las normas que ya existen son buenas y no hay que cambiarlas. Admitió que se analizará si es necesario prohibir en locales cerrados el uso de elementos incandescentes, como las bengalas, aunque ya advirtió que en el caso de La Constellation el problema no fue la pirotecnia, sino el material que revestía el techo.

