Desde el trágico día 1, Crans-Montana, anclada en el corazón de los Alpes suizos, disfruta de esos preciosos días de invierno en los que apetece cerrar los ojos mirando al sol, con la nieve alrededor. Prácticamente a las afueras de la población, el recinto de congresos Regent acoge estos días a los integrantes de una treintena de familias que no saben del paradero de sus hijos. Lo sospechan, pero se aferran a la esperanza. Todos los desaparecidos, muy jóvenes, mayoritariamente suizos, franceses e italianos, celebraban la llegada de Año Nuevo en el local Le Constellation, que acabó en llamas.
El balance de fallecidos, hasta este domingo, era de 40 personas, pero la Policía suiza ha logrado identificar a otras 16 víctimas mortales del incendio, con lo que ya se eleva a 24 el número de fallecidos filiados de esta tragedia. En una comunicado, la Policía indica además que ha se ha procedido también a la devolución a las familias de los cuerpos de las nuevas víctimas identificadas. De los 119 heridos, la mayoría está en estado crítico con quemaduras de tercer grado en más del 60% de sus cuerpos. La buena noticia es que solo seis están pendientes de ser identificados y el resto están acompañados por sus familias. De ahí que las esperanzas para los padres que buscan a sus hijos en los hospitales (... O en la morgue) sean poco halagüeñas.
La begala que desató la tragedia
Un equipo de psicólogos acompaña a las familias en esa desesperante espera. Es un trance durísimo por el que transitan, como pueden, pero con ayuda, todos los afectados en las catástrofes con múltiples víctimas, como la de Crans-Montana. Las autoridades necesitan tener una identificación confirmada antes de entregar un cuerpo. En España, tristemente, aún retumba en el cajón de los despropósitos el daño que supuso para las familias del Yak-47 saber años después que no enterraron a sus seres queridos. El sábado, cuatro familias suizas recibieron los cuerpos de sus hijos. Se trata de dos chicos de 16 y 18 años, y dos chicas de 16 y 21.
A través de las imágenes grabadas con sus teléfonos y el relato de algunos supervivientes, es fácil hacerse una idea del estado de los cuerpos y la imposibilidad de una primera identificación visual. De ahí, el difícil trabajo de los psicólogos pidiendo a los padres una paciencia que 72 horas después, se quiebra con momentos de angustia, crisis y llanto descontrolado, según indica uno de los terapeutas del dispositivo.
Homenaje a las víctimas
Una paciencia que deberá mantenerse al menos dos semanas, el tiempo que los laboratorios necesitan para codificar el ADN de los fallecidos y después compararlo. La ciencia no ha avanzado tanto como muestran las series de televisión. Hay unos tiempos que ni la desesperación puede acortar.
Suiza ha formado un equipo con treinta forenses en el que hay varios odontólogos. Esta especialización se ha demostrado muy eficaz en este tipo de emergencias. Desde el día 1, empezaron a trabajar en una base de datos con el ADN de los fallecidos. Pese al estado de los cuerpos por el efecto de las altas temperaturas del incendio, los forenses localizaron en la médula ósea o en la pulpa dental los perfiles genéticos. Las muestras se trasladaron al laboratorio en el que las máquinas ya trabajan para, para decirlo coloquialmente, poner nombre a cada ADN.
La policía y los forenses suizos harán un gran trabajo, pero hay que esperar”
En paralelo, hay otro grupo de especialistas que, con el apoyo de los psicólogos, se encarga de la interlocución con los familiares que buscan a sus hijos. Formalmente están desaparecidos, pero se tiene la certeza de que la madrugada del 1 de enero estaban en Le Constellation. A ellos, como explica el mismo técnico, se les han solicitado objetos personales de sus hijos que sirvan para extraer ADN, como cepillos de dientes o peines. Y que aporten todos los detalles que se les ocurran del hijo al que buscan, operaciones médicas y si estas requirieron colocar alguna prótesis, así como tatuajes o cadenas, pendientes o pulseras que puedan identificar a quien las llevara aquella madrugada. También se les ha preguntado si iban regularmente al dentista y los datos del odontólogo para contactarlo: las radiografías dentales son nuestras otras huellas dactilares y aceleran mucho las identificaciones en este tipo de tragedias.
Se trata, como explica a Guyana Guardian , el forense y odontólogo, Juan Francisco Ortigosa, de comparar esa radiografía dental de antes de morir con una hecha tras la muerte. “Si hay coincidencia, la identificación es infalible”, asegura. Este médico trabajó con la policía suiza y con una colega odontóloga en el tsunami de Tailandia y no tiene más que palabras de admiración por su profesionalidad. “Harán un buen trabajo. Pero hay que tener paciencia”.
Con esa segunda base de perfiles genéticos de familiares y el extraído de los objetos personales de los desaparecidos, el siguiente paso es cruzar los datos con el ADN de los fallecidos y esperar a tener esas coincidencias que ansían las familias para iniciar un duelo que se eterniza para su desesperación.
Más muestras de dolor
El tiempo también transcurre despacio en los cinco hospitales suizos con unidades especializadas en quemados. Uno de ellos es el centro hospitalario universitario Vaudés, en Lausane, que atiende desde las primeras horas a 22 pacientes. Todos son jóvenes, están en unidades de críticos, sedados, intubados y con pronóstico reservado, pero acompañados desde hace unas horas por sus familias, explicó la directora del centro, Claire Charmet.
La unidad de quemados del hospital tiene habitualmente en sus dependencias cuatro camas para adultos y dos más para menores. En la madrugada del día 1, ante la tragedia que se intuía, habilitaron para acoger a más heridos las antiguas salas que ya utilizaron para la gestión de los críticos de covid. Sin entrar en casos particulares, la directora aseguró que sus pacientes tienen quemaduras de entre el 15% y el 60% de la superficie de sus cuerpos. Ya se les ha comunicado a las familias que el proceso será largo, complicado, doloroso y que pasará por distintas fases. La primera, la actual, es la de estabilizar a los pacientes que han sobrevivido a la tragedia.


