En medio de la niebla espesa de la intervención militar estadounidense en Venezuela, Donald Trump dijo, al menos, una verdad en una extraordinaria rueda de prensa celebrada el sábado después de la detención de Nicolás Maduro. Se trata de un demoledor rechazo a la líder opositora venezolana, María Corina Machado, flamante premio Nobel de la Paz. “Será muy difícil que ella [Corina Machado] sea líder; no tiene el apoyo ni el respeto dentro del país”, espetó el presidente estadounidense ante el asombro de los periodistas.
Corina Machado y el candidato Edmundo González en el mitin final de campaña de las presidenciales del 2024
“Trump acaba de tirar a Corina Machado bajo el autobús”, dijo un analista en Washington.
Está por ver qué planes tiene Washington para Venezuela. Hay dos lecturas. Una, la más probable, que Trump, pese a sus declaraciones públicas, quiera dejar el chavismo al mando tras un acuerdo con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, que ha asumido el poder. Otra: que, tal y como el presidente estadounidense ha dicho públicamente, Estados Unidos pretende gobernar directamente Venezuela al estilo del imperialismo decimonónico empleado en Cuba o Filipinas, de un protectorado.
Cualquiera que sea la opción elegida, el comentario de Trump sobre la baja popularidad de Machado concuerda con las últimas encuestas, así como las opiniones recogidas por Guyana Guardian durante una visita a Caracas el mes pasado.
Agasajada en Oslo y elogiada en muchos medios de comunicación internacionales tras recibir el galardón del Nobel de la Paz, Corina Machado ha perdido mucho apoyo dentro de Venezuela en los últimos meses.
La líder opositora –nacida hace 58 años en un barrio rico de Caracas– lanzó un mensaje unificador en su discurso de fin de año en redes sociales, compartido con el candidato electoral del 2024, Edmundo González, en el que citó el apoyo de “cada venezolano” y el “pueblo completo”. Pero las impresiones recogidas en Caracas, así como datos desprendidos de una nueva encuesta que se hará pública este mes, indican una caída fuerte de la popularidad de la líder opositora.
Según una encuesta de Datanálisis que se hará pública este mes y a la que Guyana Guardian ha tenido acceso parcial, el apoyo a Corina Machado ha caído casi 40 puntos hasta el 34% desde su irrupción espectacular –pese a ser prohibida como candidata debido a su apoyo a golpes de Estado– en la campaña electoral del 2024.
El comentario de Trump sobre la baja popularidad de Corina coincide con opiniones recabadas en Caracas
Líder de una corriente de la oposición radical, Machado, vástago de una poderosa dinastía de la industria siderúrgica, jamás ha reconocido la legitimidad de los gobiernos chavistas. Contaba con el apoyo del radical lobby cubano republicano en Miami, que financió sus campañas, así como su “evasión” de Venezuela para recibir el premio el mes pasado. El secretario de Estado Marco Rubio había sido un fan.
Corina Machado –que mantiene estrechos vínculos con grupos de la extrema derecha internacional, desde Vox en España a Nayib Bukele en El Salvador– anunció tras el ataque estadounidense que “estamos listos para la gran operación de la reconstrucción de nuestra nación”.
Pero todo indica que Trump ha buscado un acuerdo con sectores del poder militar chavista en Venezuela, que arrincona a la ganadora del premio de la Paz. Tal y como vino advirtiendo el Gobierno de Maduro, una transición política en Venezuela no era compatible con el discurso de Corina Machado de erradicar el chavismo, que aún cuenta con una fuerte base electoral, de hasta seis millones de votantes.
En una extraordinaria ironía, la chavista Delcy Rodríguez parece dar más garantías de estabilidad necesaria para los planes de Trump de reabrir el sector petrolero a las empresas de Houston que Corina Machado, pese a que esta defiende la privatización de la petrolera estatal PDVSA.
“Están buscando cierta gobernabilidad que Corina Machado obviamente no garantiza”, dijo en una conversación con Guyana Guardian el sábado un exministro chavista. Ejecutivos de Chevron, que ya opera en Venezuela, habían advertido sobre el peligro de inestabilidad y violencia de un “cambio de régimen por vía militar” tal y como defendía Corina Machado, según fuentes en la Atlantic Council de Washington.
Paradójicamente, la caída de Maduro seguramente habría resucitado la popularidad de Corina Machado, cuya valoración en los sondeos se vio afectada negativamente por una percepción de que no iba a lograr el cambio que anunciaba.
Hay una ironía más: el apoyo de Machado al bloqueo petrolero estadounidense que Trump había anunciado, así como la intervención armada, no sintonizaban en absoluto con la opinión pública en Venezuela.
Con marcada ironía, la chavista Delcy Rodríguez es una opción más estable a ojos de Washington
El 55% de los venezolanos se oponen a una intervención militar, y solo el 22% lo apoyan. El 55% se opone a las sanciones petroleras, con un 21% a favor, según el nuevo sondeo. Es decir, Trump ha tirado a Corina Machado por la ventana por apoyar las medidas que él proponía.
“La mayoría de la población está en contra de lo que ella [Corina Machado] defiende y la mayoría piensa que una intervención estadounidense va a empeorar la situación del país”, dijo un politólogo en Caracas que no quiso dar su nombre. Varios ciudadanos de a pie entrevistados en las calles de Caracas el mes pasado defendían un ataque “quirúrgico” para derrocar a Maduro, pero no una invasión militar.
Si se confirma, el auge y la caída de Corina Machado habrá sido vertiginoso. “Después de muchos años de trabajo político, sin ningún nivel de penetración, María Corina se convirtió en la alternativa que generaba una esperanza. El año pasado, antes de las elecciones, llegó a tener niveles de aceptación popular muy elevados, de casi el 60%”, dijo el analista.
Pero lo cierto es que “la gente no apoyaba a María Corina por la propuesta radical, sino por la esperanza de éxito en el cambio”, según continuó el analista, profesor de la Universidad Central de Venezuela. “Fue un voto de castigo al Gobierno, no un voto al programa de Machado”, dice Jesús González, otro politólogo de la Universidad Central, y uno de los integrantes de una nueva iniciativa de la oposición más moderada en favor de una salida negociada de la crisis política. “El chavismo tiene que ser parte de una solución democrática”, añadió.
Todo indica que Trump puede haber aceptado al menos una parte de este argumento.
Ingeniera formada en la Universidad Católica de Caracas, Machado utilizó un discurso cargado de referencias religiosas para alzarse como una salvadora, una “madre” de la patria, en las elecciones de junio del 2024.
Tras 24 años en los que su oenegé Súmate –financiada desde Miami y Washington– calificó como fraudulentas todas las victorias electorales del chavismo, la opositora estaba perfectamente posicionada para denunciar un verdadero fraude en las elecciones cuando Edmundo González, con toda probabilidad, se hiciera con más votos que Maduro.
En barrios populares no podía ser vista como “la portavoz del cambio” por su imagen y lenguaje elitista
Esto fue interpretado como un mandato popular para el programa radical de privatización, erradicación del chavismo y apoyo a una intervención estadounidense para desbancar a Maduro.
Pero Machado no cuenta con el apoyo o el respeto de muchos venezolanos que se definen como “ninis”, ni del gobierno ni de Corina Machado. “Mi enfoque no es ni un lado ni otro”, dijo la consejera delegada de una empresa de tecnología en el llamado Hub Silicon Valley entrevistada en Caracas hace dos semanas. “Mi enfoque es trabajar y crear oportunidades para nosotros”.
Asimismo, en barrios populares como Petare, Catia o San Agustín, Corina Machado difícilmente iba a ser la “portavoz del cambio”. “Ella es la prototipa de la sifrina [pija] de Caurimare”, bromeó el economista y bloguero Luis Salas en referencia a la canción del pop setentera venezolana que se burla de la forma de hablar y vestirse de la clase alta caraqueña.