Los socialistas están cerca de liderar Portugal a raíz del auge de la extrema derecha.
El futuro de Europa
El fraccionamiento del sector conservador y la desaprobación hacia Ventura podrían beneficiar de manera indirecta al PS.

André Ventura durante un acto de campaña en el centro de Lisboa
El panorama político de Portugal se asemeja a un tablero de billar. La contienda presidencial más vibrante y agitada de las últimas cuatro décadas finalizó ayer con la noción de una carambola inesperada flotando en el ambiente, e incluso expresada por diversos aspirantes de peso para tratar de evitarla. El escenario plantea que en el Portugal más volcado a la derecha de su historia, donde las agrupaciones de esta corriente lograron en mayo el 70% de los escaños, surja un mandatario socialista, Antonio José Seguro, tras veinte años de hegemonía conservadora. Esto se debería a la fragmentación de la derecha y al crecimiento ultra, cuyo referente, André Ventura, lidera la mayoría de los sondeos, pero cuenta con una desaprobación que le impide vencer en la segunda ronda, lo que aseguraría el triunfo de Seguro si, tal como se pronostica, es el otro candidato que llega a la etapa definitiva.
La suposición de que el desenlace se solucione mediante una combinación de tal envergadura, tras el descenso de los socialistas al tercer puesto parlamentario en primavera ante los radicales de Chega de Ventura, encierra el aviso de que el margen para lo inesperado es inmenso. En el promedio de encuestas del portal Observador, el puntero Ventura, con un 22,9%, casi en empate con el 22,8% de Seguro, aventaja por solo diez puntos al quinto, el almirante y postulante independiente Henrique Gouveia e Melo, que figura con un 12,7%, por debajo del 12,9% del conservador Luís Marques Mendes y bastante alejado del tercero en la disputa según esta media, el liberal João Cotrim, con un 20,1%.
El historial demoscópico portugués no ha sido precisamente brillante en tiempos recientes. Además, el nivel de asistencia a las urnas representa uno de los mayores interrogantes. En los comicios presidenciales se registraron últimamente niveles de abstención masivos, pero desde las parlamentarias de 2024 se nota una tendencia hacia una concurrencia superior. Asimismo, las dudas sobre el desenlace, que incrementan la sensación del votante sobre la relevancia de su sufragio, deberían, hipotéticamente, fomentar la movilización ciudadana.
El interés de estos comicios, definidos por la falta de personalidades destacadas, se encuentra en su carga emocional. Asimismo, se distinguen por la escasez de propuestas profundas, excepto tal vez en lo referido al serio problema sanitario, un ámbito donde las facultades del jefe del Estado apenas superan la recurrente “magistratura de influencia”, lo que en realidad se reduce al simple empleo del discurso. Aunque Portugal posee un modelo semipresidencialista similar al francés, con un presidente votado por la ciudadanía y un primer ministro supeditado tanto al jefe del Estado como al Parlamento, la realidad operativa resulta opuesta a la francesa. En Lisboa la autoridad no recae primordialmente en el presidente como ocurre en París, sino que se concentra en el jefe del Gobierno, tal como sucede en Londres o en Madrid.
Continúan en la carrera el liberal Cotrim, señalado por hostigamiento sexual, el conservador Mendes y el almirante Gouveia.
No obstante, el mandatario nacional posee facultades significativas tales como el llamado a comicios, una potestad que el presente ocupante, Marcelo Rebelo de Sousa, empleó de forma inédita, impulsando así a las facciones radicales. Debido en cierta medida a la personalidad próxima y locuaz de Rebelo, quien fuera una figura central en debates de televisión, hace doce meses surgía como principal candidato para reemplazarlo un oficial castrense inexpresivo, decidido y reservado, Henrique Gouveia e Melo, cuya fama creció notablemente al dirigir la campaña de inmunización durante la crisis sanitaria.
Al llegar la primavera, Gouveia, especialista en sumergibles, salió a la luz pública al oficializar su postulación, pero al detallar sus planes y visiones, su popularidad decayó, al tiempo que Mendes ganaba impulso con el apoyo del jefe de gobierno, el derechista Luís Montenegro, quien salió fortalecido de los comicios legislativos y locales de 2025. Durante el otoño, la contienda por la presidencia se diversificó todavía más con la incorporación del liberal Cotrim y el regreso, tras haber desistido tiempo atrás, del radical Ventura. Tanto él como Mendes se consolidaron como los principales candidatos para alcanzar un balotaje, el cual se perfila como el único hecho garantizado.
No obstante, el panorama se transformó nuevamente el 22 de diciembre a raíz de la agresiva embestida, durante su encuentro televisado, del agotado almirante Gouveiva frente a Mendes, criticando su polémica labor como cabildero, hecho que perjudicó a este último y favoreció al socialista José António Seguro, antiguo dirigente del PS apartado en 2014, quien ha conservado siempre su postura sosegada y formal. Al llegar enero, la situación se volvió más compleja debido al ascenso en las encuestas del liberal Cotrim, gracias a su enorme atractivo para la juventud, principal nicho radical, y captando el interés de los conservadores moderados. Sin embargo, el lunes erró al manifestar su intención de apoyar a Ventura en una hipotética ronda final. Además, en esa misma jornada trascendió una denuncia por presunto hostigamiento sexual de Cotrim hacia una excolaboradora de su formación, Iniciativa Liberal, asunto que ganó relevancia posteriormente.
El radical André Ventura encabeza gran parte de los sondeos, aunque carece de posibilidades ante la segunda votación.
Al parecer, este reciente cambio fortalece aún más a Ventura y Seguro, aunque resulte muy arriesgado descartar no solo a Cotrim, sino igualmente al derechista Mendes, quien cuenta con el respaldo pleno del Gobierno, pese al desgaste sufrido recientemente debido a la reforma laboral y la emergencia sanitaria. Resultaría inédito que un aspirante respaldado por el PSD, con su fuerte estructura, especialmente en la zona Norte, no figure entre los dos principales candidatos. Y, aunque se estima perdido el gran prestigio político que reunió Gouveia, dado que jamás se ha presentado previamente a una votación, se desconoce su magnitud original o qué parte conserva. Asimismo, el contexto global le beneficia, dada su condición de militar especializado en geoestrategia. Mientras tanto, la otrora influyente izquierda compuesta por comunistas, Bloque y Libre, se muestra más debilitada que en cualquier otro momento.
En Portugal se percibe una carambola, mas nadie logra garantizar que las bolas no acaben por desviarse.
Sucedió en 1986
La épica remontadad de Soares
Comenzó con apenas un 6% en los sondeos, no obstante el socialista Mário Soares alcanzó la presidencia del país en la ronda final con una diferencia de 2,4 puntos frente al conservador Diogo Freitas do Amaral. Portugal conmemora exactamente cuatro décadas más tarde su proceso electoral más legendario, los únicos comicios presidenciales celebrados en dos vueltas, debido a que ningún aspirante logró rebasar inicialmente el umbral reglamentario de la mayoría absoluta.
“Un 6”. De esta forma detalla de manera sencilla el sociólogo António Barreto, integrante del equipo de Soares, el desalentador panorama que atravesaban poco antes de los comicios en el excelente documental recientemente difundido por la RTP, obra de Paulo Pena e Ivan Nunes. La crónica de A dos vueltas: Mário Soares y las presidenciales de 1986 guarda semejanzas con el contexto presente, debido a la duda constante y al encadenamiento de sorpresas y cambios bruscos en las encuestas. No obstante, también describe una época diferente, especialmente por el nivel cultural de los dirigentes de aquel tiempo, el entusiasmo de los mítines multitudinarios y la televisión de tonos apagados como único medio visual, en una Tierra que vivía el final de la guerra fría, amenazada por la catástrofe atómica, aunque con mayor estabilidad.
En aquel tiempo no se registraba la actual abundancia de sondeos. En ellos sobresalía desde 1984 Maria de Lourdes Pintasilgo, aliada del mandatario saliente, el general Ramalho Eanes, quien había fundado su propia formación, el PRD, con gran fuerza en las elecciones de 1985. Sin embargo, Eanes prefirió al socialista Francisco Salgado Zenha, distanciado ya de su amigo Mário Soares, quien ese año abandonó la presidencia del gobierno muy debilitado por la crisis económica. Su sucesor, en minoría, fue el conservador Aníbal Cavaco Silva, que decidió otorgar el respaldo de su partido, el PSD, al aspirante de la otra fuerza derechista, Freitas do Amaral, integrante del pequeño CDS.
De esta manera, en el otoño, ante la ronda inicial fijada el 26 de enero de 1986, Freitas sobresalía mientras Pintasilgo perdía fuerza al no conseguir el respaldo del por aquel entonces influyente Partido Comunista Português (PCP), el cual terminó apoyando a Salgado Zenha dentro del contexto del conflicto interno socialista. Se llegó a la votación con una doble pugna, la de Freitas intentando superar el 50%, meta de la que se quedó a 3,7 puntos, y la disputa entre Soares y Zenha, decidida a favor del primero con un 25,4% frente a un 20,8%.
Haciendo gala de su naturaleza como un político excepcional, Soares, quien representó los intereses de la OTAN en el Portugal de la revolución de los claveles, consiguió obligar a su gran rival, el dirigente comunista Álvaro Cunhal, a respaldarlo durante la segunda ronda, donde congregó a todo el espectro de izquierda, incluyendo a su propia formación, con el fin de vencer a Freitas, bajo una elevadísima concurrencia, alcanzando el 78%. Selló de este modo una recuperación histórica y memorable.

