La cruzada anticorrupción de Xi Jinping se lleva por delante a la cúpula de las Fuerzas Armadas
China
El presidente chino deja claro que el Partido manda sobre el Ejército y que ambos están bajo su control

El defenestrado general Zhang Youxia, que fue hasta el sábado el uniformado con más poder de China, en una foto de marzo pasado

Ningún mandatario chino había ido tan lejos en la afirmación de su poder desde los tiempos de Mao. Tras una última vuelta de tuerca justiciera, el presidente Xi Jinping se ha desembarazado en apenas tres meses de toda la cúpula militar que él mismo había promocionado. El celo anticorrupción -y seguramente algo más- barrió el sábado al general más poderoso del Ejército Popular de Liberación (EPL). Zhang Youxia, número uno en la jerarquía uniformada, fue expulsado del Partido Comunista de China, en compañía del número tres, Liu Zhenli, en una sacudida histórica.
En octubre había sido el turno del número dos, He Weidong, junto a otros ocho generales. Un año antes había caído en desgracia el ministro de Defensa, general Li Shangfu, así como los dos oficiales al mando del programa de misiles, incluidos los misiles intercontinentales y con capacidad nuclear.
Una purga inédita que afecta a cinco de los siete miembros de la Comisión Militar Central. Solo quedan en pie el propio Xi Jinping -como Jefe Supremo de la Fuerzas Armadas- y el Gran Inquisidor, el general Zhang Shengmin, secretario de inspección disciplinaria que, como era de prever, no se está investigando a sí mismo. Una remoción en toda regla cuyo significado y, sobre todo, sus futuras consecuencias, mantienen en vilo a los servicios de inteligencia de medio mundo.
Hasta una figura clave de los servicios secretos chinos, Gayo Yichen, exviceministro de Seguridad del Estado, fue expulsado del Partido hace quince días, “por violación seria de la disciplina de partido, por aceptar sobornos y por inmiscuirse en asuntos judiciales”. Yichen tiene 75 años, por lo que el mensaje es transparente: el que roba o es desleal al Partido no puede estar tranquilo ni siquiera en su jubilación.
La corrupción es el hilo conductor en todos los casos. Pero esta vez, con el general Zhang Youxia, hay algo más, como trasluce un editorial del Diario del EPL. Su obediencia a las directrices del Partido, luego su lealtad a Xi, estaban en cuestión. Después de que este forzara la salida de casi todos los que tenía inmediatamente por debajo, la permanencia de Zhang era problemática. A los 75 años, a nadie habría extrañado su sustitución (lo excepcional, de hecho, era que Xi lo mantuviera en activo después de los 68). Pero el presidente ha optado por humillar al general, por motivos aún desconocidos, disciplinando al resto.
Porque Zhang no era un general cualquiera, sino otro “príncipe rojo”, como Xi Jinping. Los padres de ambos, procedentes de la misma provincia de Shaanxi, combatieron juntos en la guerra civil china. Zhang era un hombre de la máxima confianza del presidente y se creía a salvo. Pero su paso por la jefatura de adquisición de armamento -durante cinco años- podría haber sido su perdición, con efectos retardados, como lo fue para Li Shangfu.

Hace un par de semanas, un discurso del presidente daba pistas de los que se avecinaba. “La corrupción es el mayor obstáculo al desarrollo del Partido y del país, una batalla que no nos podemos permitir perder”. Antes de confesar que “la lucha anticorrupción está en una fase grave y compleja y debemos mantener la presión sin vacilación, castigando la corrupción y a los corruptos, estén donde estén”. Su auditorio era, precisamente, la oficina anticorrupción.
Una semana más tarde, el general Zhang no figuraba en una cita de altos cargos en la que normalmente debería haber estado. El sábado se anunció su caída en desgracia. Con ella, Xi lleva al extremo su máxima de que la lucha anticorrupción no distingue “entre mosquitos y tigres”. Y la caza de grandes felinos que se creían escurridizos no para de aumentar. Fueron 58 en 2024, 65 en 2025. El pueblo aplaude.
No hay en ello paranoia alguna. No es signo de debilidad, de quien se siente asediado y presiente que su poder está amenazado, sino todo lo contrario. Xi Jinping no tiene rival. Su híper liderazgo ha terminado con el juego de facciones que definió los entresijos del Partido Comunista Chino durante décadas.
Mao Zedong dijo que el poder nace del cañón del fusil, pero que el Partido debe controlar el fusil, no el fusil al Partido. No hay que olvidar que el Ejército Popular de Liberación es, literalmente, el brazo armado del Partido Comunista de China. El puño de su epígono Xi Jinping controla ambos, con la misma coartada confuciano-leninista.
Xi Jinping, a quien gusta decir que el mundo atraviesa cambios no vistos en un siglo, manda así una señal muy potente en un momento crítico, de colocación de piezas en el tablero para los próximos cinco o diez años. Este otoño se renovarán los cargos municipales y provinciales a lo largo y ancho de China, en vísperas del congreso quinquenal del partido, en 2027. Los puestos deben ser, no para aquellos que persiguen el lucro personal, sino para aquellos que prueben su lealtad al Partido y su compromiso con la regeneración de China. Asimismo, el 1 de agosto de 2027 el Ejército Popular de Liberación cumple cien año, una efeméride comparable al centenario del PCCh, en 2021.
Esta misma semana, Xi Jinping ha dicho que la Inteligencia Artificial (IA) es un cambio que marcará época en la misma medida en que lo hicieron la máquina de vapor, la electricidad e internet. Xi está remozando el ejército, preparándolo para ese mundo de mañana. Algunos observadores creen que necesitará años para reordenar la cúpula militar, cosa que dará un respiro a Taiwán. Pero otros intuyen todo lo contrario: Zheng pertenecía a la última generación con experiencia de combate (contra Vietnam, hace más de 35 años) y de los horrores de la guerra.