
China, Rusia y Corea aceleran sus avances en la ruta ártica.
La Unión Europea ha experimentado un respiro de tranquilidad ante el nuevo retroceso de Trump respecto a sus deseos de adquirir Groenlandia. Habrá que observar si esta postura es concluyente o solo una interrupción breve. En esta ocasión, es preciso admitir que el líder estadounidense tiene motivos válidos al alertar sobre la expansión de navíos rusos y chinos, tanto comerciales como bélicos y de estudio, en el Ártico.
El bienio reciente ha marcado un cambio trascendental. Ambas naciones han intensificado el aprovechamiento de sus bienes naturales, los operativos castrenses y el progreso de la ruta Ártica del Noreste.
Después de China y Rusia, Corea del Sur es la nación más reciente alcanzada por el fervor ártico.
Esta cuestión final resulta sumamente significativa en la coyuntura presente. La alteración del tráfico comercial durante el bienio reciente hacia el Cabo de Buena Esperanza, con el fin de eludir las agresiones hutíes contra las embarcaciones que cruzaban el Mar Rojo, ha persuadido, aún con mayor fuerza, a quienes dudaban sobre el provecho venidero de la vía Ártica para vincular Europa y el litoral oriental americano con Asia.
Las embarcaciones de China y Rusia han incrementado sus trayectos a través del paso del noreste movilizando diversas mercancías entre Europa, Rusia y China. Durante 2025, por encima de ochenta navíos diferentes completaron cien travesías integrales por dicha vía. Junto a los buques de gas y petróleo, se han incorporado cargueros de granos y, de forma más relevante, naves portacontenedores de tamaños crecientes. Rusia eleva sus exportaciones de hidrocarburos desde la península de Yamal hacia China, mientras que la nación asiática acelera la expansión de lo que denominó, en 2017, la ruta de seda polar. En octubre, por vez inicial, sus buques de contenedores hicieron escala en terminales británicas después de atravesar el Ártico.

Corea se ha convertido en el integrante más nuevo en sumarse al interés ártico. Si la inconstante política exterior americana está despertando a todo el planeta, incluyendo a los aletargados y dubitativos mandatarios europeos, qué no alcanzaría con la administración del país posiblemente más activo de la actualidad, la República de Corea.
La administración actual encabezada por Lee Jaemyung ha designado al Ártico como una cuestión de máxima relevancia para la nación. Este interés se fundamenta en la relevancia que tendrá a futuro para potenciar la competitividad de su comercio exterior mediante el recorte en los lapsos de transporte, así como en la posición clave que otorgará al puerto de Busan, el cual busca emular a un Singapur en el entorno polar. Por tal motivo, con una agilidad sorprendente, palli, palli, rápido, rápido, tal como se menciona en el lenguaje corporativo coreano, se ha desplazado el ministerio de océanos y pesca (el equivalente a nuestro ministerio de transportes) desde la capital Seul hasta Busan. Prácticamente de forma súbita, multitud de trabajadores estatales se han visto forzados a trasladar su hogar. Las autoridades han informado además que durante 2026 diversos cargueros coreanos transitarán por las gélidas rutas del Ártico.
Con ese fin, Corea tendría que llegar a un convenio con Rusia, el país que controla y permite el tránsito por el Ártico, algo que se antoja inviable considerando el fuerte vínculo entre Putin y Kim Jong Un. No obstante, Corea posee una ventaja estratégica: sus instalaciones navales fabrican embarcaciones ice-class capaces de navegar por las gélidas y congeladas rutas árticas, empleadas por Rusia para el traslado del GNL de Yamal destinado a su socio chino.