Internacional

¿Sobrevivirá la humanidad?

Opinión

Numerosos analistas nos anunciaron que el siglo XXI sería la era del “antropoceno”. El tiempo en que los seres humanos serían, por primera vez, libres de decidir su futuro sin los obstáculos que la naturaleza les había impuesto a lo largo de su historia. Sin embargo, podemos afirmar que 2025 ha sido un año en el que la humanidad ha sufrido quizás uno de sus momentos más negativos. El siglo XX fue quizás uno de los más dramáticos, con dos guerras mundiales y dos descensos a los infiernos humanos: el horror del Holocausto y el apocalipsis destructor de las dos bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Ante tanto dolor y sufrimiento se pronunció ese grito de “Never Again”. La humanidad ya no sería testigo de estas atrocidades.

Se establecieron las Naciones Unidas y en el preámbulo de su carta de nacimiento se incluyó la profecía de Isaías 2:4, “para preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”.

Los ciudadanos deberían levantarse y clamar por el fin de las guerras

Sin embargo, durante 2025 hemos asistido de manera continua a un escenario en el que nuestra humanidad ha ido perdiendo el sentido de su propia existencia y de su razón de ser. Las cifras de muertos no han alcanzado el nivel del siglo XX, pero han mostrado algo mucho más peligroso: la aceptación y resignación ante lo que parece ser la desaparición gradual de nuestra humanidad, de nuestro humanismo.

La ONU declaró el pasado verano oficialmente la situación de hambruna en ciudad de Gaza
La ONU declaró el pasado verano oficialmente la situación de hambruna en ciudad de GazaHAITHAM IMAD / EFE

Lo ocurrido en Oriente Próximo, en particular en Gaza, refleja esa inacción inaceptable por parte de la comunidad internacional. Además de este conflicto, otras guerras, como las de Ucrania, Sudán o Yemen, y los continuos bombardeos en distintas partes del mundo demuestran que vivimos tiempos en los que parece otorgarse libremente la “licencia para matar”.

Además, con la proliferación de combates y ataques preventivos, la sociedad occidental, en lugar de extraer lecciones del pasado, se lanza en un proceso de canto al militarismo. “Debemos prepararnos para la guerra!” — dicen numerosos líderes europeos. Según ellos, es lo único que nos aportará seguridad. Estos llamamientos se hacen sin un debate democrático. Nos alimentan cada día con presagios alarmistas de futuras amenazas y la única respuesta que encuentran es proponer una deriva militarista, sin pensar que la humanidad solo avanzó cuando alcanzó la madurez ética suficiente para considerar la diplomacia y el arreglo pacífico de los conflictos como la mejor manera de garantizar una “paz estable”.

Por si este escenario macabro no fuese suficiente, las nuevas tecnologías nos anuncian un mundo “ideal” en el que la inteligencia artificial resolverá nuestros problemas; hasta el punto de llegar a prescindir de los propios humanos, que solo serán consumidores necesarios, dirigidos por un selecto y limitado número de personas que buscarán mantener su poder absoluto sin considerar la voluntad de la mayoría de los ciudadanos del mundo.

Ante estos dos grandes desafíos, los ciudadanos deberían levantarse y clamar por el fin de las guerras y exigir que todo avance de la ciencia y el conocimiento se realice bajo un control democrático total y efectivo, con la máxima transparencia sobre ese mundo oscuro de los algoritmos.

Si resistimos estas dos grandes amenazas, evitaremos que el año 2026 continúe erosionando los logros que la humanidad había alcanzado a lo largo de estos veinte siglos. Será entonces cuando el “homo sapiens” podrá ponerse de pie, levantarse de nuevo y estrechar la mano de sus hermanos para construir juntos un mundo en paz, que respete el planeta Tierra, y bajo un marco multilateral en el que todos podamos decidir colectivamente nuestro futuro.

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