Varios contratiempos ensombrecen el previsto triunfo socialista en los comicios presidenciales de Portugal.
El futuro de Europa
La sucesión de fuertes temporales provoca anegamientos y desórdenes que podrían elevar la inasistencia a las urnas en beneficio del radical Ventura, el cual demanda sin embargo una postergación de los comicios no contemplada en la legislación actual.

Personal de auxilio evacuando a habitantes afectados por las inundaciones en Alcacer do Sal, a 90 km al sur de Lisboa, este jueves.

“Lo primero es salvar la vida, hermano”, le manifestó un residente de Leiria durante las primeras horas de este jueves a un periodista de la CNN, al tiempo que dejaba su casa por el riesgo de desbordamiento ante la llegada de la borrasca Leonardo. Previamente se había marchado de su domicilio solo ocho jornadas atrás debido a la fuerza de Kristine, que todavía mantiene a más de 50.000 usuarios sin suministro eléctrico, mientras se aguarda para este sábado la llegada de otra tormenta, Marta. Con diversas localidades anegadas y bastantes en estado crítico, trece fallecimientos y cuantiosos destrozos, Portugal lleva a cabo este domingo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Estos comicios ya no representan el previsto camino victorioso para el socialista António José Seguro. Su triunfo frente al ultra André Ventura no parece inicialmente estar en duda, aunque la duda rodea las cifras finales y el transcurso mismo de los sufragios, que ya se han pospuesto una semana en varios centros electorales.
“Al diablo con las elecciones” constituye la consigna del dirigente radical que, aunque inicialmente carece de probabilidades de triunfo, se esfuerza por convertirse en primer ministro.
“¡Al diablo con las elecciones!”, anunció el pasado sábado Ventura, valiéndose de su agudo sentido populista y siendo un reconocido seguidor del mandatario Oliveira de Salazar. Intentaba aprovechar el descontento posterior al azote de Kristine, que trajo las ráfagas de aire más intensas documentadas, al tiempo que el primer ministro, un desbordado Luís Montenegro, aguardaba hasta la jornada posterior, cuatro días tras el desastre, para convocar al Consejo de Ministros. El dirigente de extrema derecha pretendía recuperar su acostumbrado y excesivo protagonismo en los medios, ensombrecido por la, de acuerdo con el relato institucional, “muy compleja situación meteorológica” que atraviesa Portugal, consecuencia del movimiento hacia el sur del anticiclón de las Azores.
Esta alteración causa que las borrascas que accedían a Europa por latitudes superiores afecten a la península Ibérica, con la costa lusa actuando como castigada vanguardia. Durante este viernes inquietaba el anegamiento de Alcácer do Sal, una localidad de 11.000 habitantes a 90 kilómetros al sur de Lisboa, al tiempo que permanecían en alerta el distrito de la capital y los de Oporto, Coimbra, Santárem y el severamente dañado de Leiria.
En la actualidad convergen dos importantes fuentes de incertidumbre, la de las consecuencias del cambio climático y la de la fragilidad del sistema político.
Se han entrelazado de forma repentina dos de las cuestiones más influyentes en la opinión pública de los últimos diez años: el impacto de la crisis climática, expresado en periodos secos, temporales e incendios, y la cadena de procesos electorales provocada por la inestabilidad del marco político. En un lapso de cuatro años, Portugal ha encarado tres comicios legislativos, constantes votaciones anticipadas en Madeira y Azores y esta segunda ronda de las presidenciales, algo no visto desde 1986, además de los habituales sufragios municipales y europeos.
Las inclemencias del tiempo afectaron una jornada de votación bastante atípica. Ventura alcanzó el balotaje sin la intención real de alcanzar la presidencia, sino como parte de su estrategia constante para convertirse en el futuro jefe de gobierno, la figura con mayor autoridad en Portugal. El mandatario vigente, el derechista Montenegro, después de que su aspirante terminara en quinta posición inicialmente, decidió adoptar una postura imparcial en la fase final para proteger el complejo equilibrio político que le permite dirigir el país mediante acuerdos con radicales y socialistas. No obstante, el riesgo para el orden democrático y la hegemonía conservadora de Montenegro motivó a personalidades relevantes de su formación, al igual que a sectores progresistas y liberales, a respaldar a Seguro, en un momento donde la respuesta tardía y fría ante los temporales debilita al partido en el poder.
La entrada este sábado de un nuevo temporal mantiene en alerta a las zonas de Lisboa, Oporto, Coimbra, Santárem y Leiria.
El aspirante socialista triunfó en la ronda inicial del 18 de enero, transformándose de marginado en salvador de su formación política, que hasta hace poco estaba en ruinas. Posteriormente, Seguro escaló en los sondeos hasta alcanzar el 70%, antes de experimentar un ligero descenso. El reto de activar a los votantes de derecha moderada, dentro de unos comicios carentes de entusiasmo, terminó por desgastarle. Durante el jueves apuntó hacia una situación de “pesadilla”, una posibilidad que no parece generar confianza en nadie. Esto implicaría su derrota debido a una participación bajísima, ya que los extremistas, aunque poseen un límite sociológico claro, disponen de los seguidores más activos.
Pese a que Seguro exagerara al comentar su fracaso, la incertidumbre radica fundamentalmente en si la falta de participación y el malestar impulsan las cifras de la extrema derecha.
Pendientes de evaluar las consecuencias del temporal Marta y tras el rechazo a la iniciativa de Ventura para cancelar los comicios a nivel nacional, algo que contradice el marco legal que permite retrasos localizados, según sostienen el Gobierno y Seguro, se perfilan tres alternativas probables. La opción inicial coincide con lo proyectado previo a las tormentas, aunque tal vez con una ventaja reducida para el socialista. La segunda posibilidad sugiere que un elevado nivel de abstencionismo catapulte a Ventura por encima del 40%. En la tercera vía, la emergencia provocaría el resultado opuesto, fomentando un consenso patriótico en torno a la figura institucional de Seguro.
La coyuntura y la actividad política han llevado a Portugal hacia una etapa concurrente muy agitada e incierta.