J.D. Vance desató el caos en Munich
Conferencia de Seguridad
El discurso que vicepresidente estadounidense dio hoy hace un año inició una nueva era de fractura trasatlántica

El mandatario adjunto de Estados Unidos, J.D. Vance, en Munich el 14 de febrero del año previo.

Hoy hace un año, la distancia entre las dos orillas del Atlántico se hizo más grande.
Sucedió muy rápido, en poco más de diecinueve minutos. La culpa no fue de un extraño fenómeno geológico, sino de unas palabras. Las que salieron de la boca de J.D. Vance en la Conferencia de Seguridad de Munich (MSC, por sus siglas en inglés).
El 14 de febrero del 2025, sobre las dos y media de la tarde, el vicepresidente estadounidense subió al escenario del gran salón de baile del Hotel Bayerischer Hof para pronunciar un discurso sobre “los EE.UU. En el mundo”, como rezaba el programa oficial del MSC. La sala estaba abarrotada: gobernantes, diplomáticos, militares, periodistas…
Había máxima expectación por saber qué iba a decir la mano derecha de Donald Trump. El magnate acababa de regresar a la Casa Blanca con las promesas de acabar con las guerras de Ucrania y Gaza y de replantear las relaciones con los socios de la OTAN, y los congregados en Munich esperaban que Vance profundizara en estas cuestiones. Incluso era previsible una reprimenda: la cantinela de que los aliados europeos de EE.UU. Tenían que arrimar más el hombro en su propia defensa sonaba con insistencia en Washington desde hacía años.
Pero nadie estaba preparado para lo que sucedió.
Vance utilizó la atención mediática para emitir una diatriba feroz contra Europa. Afirmó que “la mayor amenaza” para la región no procedía de fuera, de Rusia o China, sino “de dentro”, del “retroceso en algunos de sus valores más fundamentales”, tal como la libertad de expresión. Basándose en situaciones como la invalidación del triunfo en las urnas del derechista radical Carlin Georgescu en Rumanía, señaló a los mandatarios de Europa como antidemocráticos por ignorar el deseo de la ciudadanía. “No debemos temer a nuestros propios ciudadanos, tampoco cuando expresan una opinión distinta”, manifestó el republicano, el cual criticó el control sobre los mensajes de odio en las plataformas digitales. Las medidas migratorias de Europa tampoco escaparon a sus críticas: Vance exhortó a los dirigentes del continente a restringir el acceso a foráneos, con el propósito de “dar un nuevo rumbo” a la “civilización compartida” con EE.UU.
Si Europa abrazaba el ideario de la Casa Blanca, aseguró el vicepresidente, todo iría bien. Si no, la perspectiva era más sombría. “En Washington hay un nuevo sheriff”, advirtió el representante de Trump.
Aquella retahíla de recriminaciones causó estupor. “Parece que están intentando iniciar una pelea”, dijo la jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas. “Vance declara la guerra ideológica a Europa”, titularía Le Monde.
Con su discurso incendiario –elaborado con la ayuda de Andy Baker, asesor de seguridad de la Casa Blanca–, Vance dejó claro que las relaciones entre Washington y sus viejos aliados iban a ser diferentes. Ahora se imponía la hostilidad. Así se evidenció en otros episodios traumáticos que siguieron a la MSC: la encerrona a Zelenski en el despacho oval –en la que Vance tuvo de nuevo un papel estelar–, la reunión entre Trump y Putin en Alaska, la humillante negociación de los aranceles…
El cambio de era se hizo oficial el pasado diciembre, con la publicación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU., donde se describía a una Europa al borde de la “aniquilación civilizatoria”. Poco después, en enero, estallaba la crisis de Groenlandia: Trump amenazaba con anexionarse el territorio de un miembro de la OTAN. Lo nunca visto.
“El discurso de Vance fue un punto de inflexión”, afirma a Guyana Guardian Carlota García Encina, investigadora de EE.UU. Y Relaciones Transatlánticas del Real Instituto Elcano, quien, no obstante, recalca que el mensaje del vicepresidente tuvo poco de novedoso. “El cuestionamiento al modelo europeo ya fue patente en el primer mandato de Trump. Pero el tono empleado por Vance sí fue sorprendente”, opina la analista, quien destaca otro aspecto inédito de aquel discurso: “Por primera vez, EE.UU. Proyectó cuestiones domésticas hacia la política exterior”.
Hoy sábado, en el marco de una nueva edición del MSC, el salón del Bayerischer Hof volverá a llenarse para escuchar a un enviado de Trump. Esta vez, Vance no estará. Acudirá el secretario de Estado, Marco Rubio. Se espera que su discurso sea más suave. Pero, más allá de un cambio en las formas, es difícil que Rubio se salga del camino trazado por el vicepresidente.
La fractura entre las dos orillas del Atlántico no parece que vaya a cerrarse pronto.

