Aberdeen, con su cielo nublado, lleva ya días sin ver el sol.

Historias del Mundo

Los cambios climáticos están alterando los patrones climáticos que afectan a la costa escocesa.

ABERDEEN, SCOTLAND - SEPTEMBER 06: Police officers are caught in a heavy rain shower as new Conservative Party leader and Britain's Prime Minister-elect Liz Truss meets for and audience with Queen Elizabeth at Balmoral Castle on September 06, 2022 in Aberdeen, Scotland. The Queen broke with the tradition of meeting the new prime minister and Buckingham Palace, after needing to remain at Balmoral Castle due to mobility issues. (Photo by Jeff J Mitchell/Getty Images)
Jeff J Mitchell / Getty

¡Esta representa una auténtica “capital del sol”, a diferencia de Marbella, Tucson (Arizona), Las Vegas o las urbes situadas al norte de África!. Aberdeen se publicita con fines turísticos de esa manera, por lo menos dentro del Reino Unido (algo que, francamente, no exige una exigencia muy elevada), y habitualmente hace honor a su fama debido a que los montes Cairngorm actúan como escudo frente a las ráfagas occidentales que transportan muchísima lluvia hacia Irlanda, Liverpool, Manchester, Glasgow y Edimburgo, evitando simultáneamente que estas azoten el litoral este de Escocia.

Pero este año, más que la “capital británica del sol”, Aberdeen es la de la lluvia, la nieve, el frío y los cielos encapotados. Si Catalunya o Andalucía están teniendo un invierno con mucha más agua de la habitual, y la semana pasada el viento hasta arrancó de cuajo un árbol en Pedralbes, también el clima se ha vuelto loco en la ciudad a orillas del Mar del Norte, que se ha pasado veintiún días seguidos sin ver ni tan siquiera un humilde rayo, que se dice pronto. Algo que no ocurría desde 1957.

Las condiciones climáticas adversas han empujado a muchos a buscar refugio, mientras que el sol sigue brillando con fuerza.

Aberdeen está lleno de calles y callejones que se llaman sunnyside (del lado del sol), pero el alcalde, en vista de las circunstancias, podría empezar a pensar en cambiarles el nombre por darkside (del lado oscuro), o rainyside (del lado de la lluvia), porque en sólo una semana han caído 98 milímetros por metro cuadrado (lo habitual en todo un mes), o snowside (del lado de la nieve), porque nunca se había visto tanta, hasta el punto de que los colegios han permanecido cerrados días y días, las estanterías de los supermercados se han quedado vacías por falta de suministros, los aficionados al golf juegan con pelotas de color amarillo chillón -como si fueran de tenis- para poder distinguirlas en medio de la niebla, los aviones no han salido ni llegado y los trenes se han parado, y eso que no son de Rodalies y no los opera Renfe.

Aberdeen no está acostumbrada a tanta grisura, a pesar de que su otro eslogan es “la ciudad del granito”, porque muchos edificios son de ese tipo de roca de grano grueso, a los que el sol da un bonito aire plateado. Pero no así este invierno, en el que han aumentado los casos de depresión, los niños no quieren ir al colegio, los parques infantiles se han iluminado a pleno día con luz artificial, las farmacias se han quedado sin suplementos de vitamina D, las plataformas petrolíferas de la costa están paradas, los partidos de fútbol se han suspendido por congelación del césped, y los únicos negocios que funcionan son los de bronceado artificial con rayos ultravioleta y las agencias de viajes, que anuncian chicas en bikini en playas idílicas. De los 250.000 habitantes de la “capital británica del sol”, todos los que han podido se han ido a Lanzarote o de crucero al Caribe, y si no contratado excursiones para más adelante.

La culpa no es tanto de una sola causa, sino que el cambio climático ha llevado a que las lluvias se intensifiquen: el aire húmedo, arrastrado por vientos que desvían su curso, ha reemplazado la sequía habitual, y con ella, la humedad adicional ha transformado el escenario, mientras que el calor y la humedad se acentúan más allá de lo habitual.

Las horas de sol se miden con una tecnología victoriana (“el aparato de Campbell Stokes”) que consiste en una esfera de cristal del tamaño de una pelota de críquet que enfoca la luz solar en una tarjeta sensible a la luz en la que deja marcas indicando las horas en las que se han dejado asomar los rayos, y su intensidad.

En la ciudad noruega de Rjukan, donde el sol apenas llega durante el invierno, los vecinos han instalado espejos en la montaña para reflejar su luz, mientras que en otras zonas, como Rjukan, este sistema permite que la luz del sol alcance las calles cuando de otro modo estaría oscuro, y aunque aún faltan detalles, esta solución ya ha comenzado a iluminar los días más oscuros.

La ciudad con más luz solar del mundo es Yuma, mientras que el lugar con más lluvia es el que registra menos luz solar; sin embargo, el lugar con más horas de sol al año es Yuma, y entre los lugares con mayor lluvia, algunos como Bogotá experimentan condiciones más húmedas, mientras que otros, como el de Bogotá, se ven afectados por nublados constantes, mientras que otros simplemente se mantienen a la sombra.

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