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La energía nuclear es la próxima carrera mundial

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Con la demanda de electricidad en camino de duplicarse para el 2050, la fuente nuclear promete estabilidad y potencia frente a la crisis climática y la inseguridad energética

La central nuclear de Three Mile Island en EE.UU., que sufrió un accidente décadas atrás. 

La central nuclear de Three Mile Island en EE.UU., que sufrió un accidente décadas atrás. 

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La energía nuclear resurge como uno de los activos más valiosos del mundo. Se prevé que la demanda mundial de electricidad casi se duplique en el 2050, impulsada en parte por la necesidad de abastecer a los países con pocos recursos energéticos (incluidos más de 600 millones de personas que aún carecen de acceso a la electricidad). La cobertura fiable de la demanda actual y futura sitúa la seguridad energética en el centro de los debates políticos en todo el mundo. Las recientes crisis energéticas en Europa (provocadas por la decisión de Rusia de reducir las exportaciones de gas natural) han puesto de relieve los peligros de depender de proveedores inestables; y esa vulnerabilidad se agudiza aun más en el mundo actual, tan dependiente de la energía. En consecuencia, países como EE.UU. Y el Reino Unido están destinando miles de millones a programas de energía nuclear que incluyen desde la reactivación de reactores hasta ambiciosos planes de construcción de nuevas centrales.

La energía nuclear estaba destinada a volver a convertirse en un recurso vital gracias a sus ventajas únicas. Una pastilla de combustible de uranio (aproximadamente del tamaño de la punta de un dedo) contiene tanta energía como una tonelada de carbón, 565 litros de petróleo o 480 metros cúbicos de gas natural. Esta inmensa densidad energética, combinada con un alto factor de capacidad, proporciona una energía fiable con un mínimo de combustible. Los reactores modulares pequeños (SMR por sus siglas en inglés, que suelen producir hasta 300 MW) permiten un mayor acceso a ese recurso gracias a una construcción más rápida, una mayor flexibilidad y unas aplicaciones más amplias que se extienden desde la industria hasta la calefacción urbana.

La empresa rusa Rosatom y la Corporación Nuclear Nacional de China (CNNC) han sido fundamentales para el éxito de sus respectivos países en la exportación de energía nuclear

Al mismo tiempo, la economía digital (sobre todo, la inteligencia artificial) está impulsando la demanda de electricidad. Los gigantes tecnológicos están invirtiendo en energía nuclear para satisfacer las necesidades energéticas de sus centros de datos en rápida expansión. Por ejemplo, Microsoft tiene previsto comprar electricidad a la planta de Three Mile Island en virtud de un acuerdo de compra de energía de veinte años de duración una vez que la central se haya reiniciado. Google se ha comprometido a comprar 500 MW a los reactores avanzados de Kairos Power. En conjunto, estos cambios reflejan un reconocimiento más amplio del papel de la energía nuclear para satisfacer las necesidades energéticas actuales e impulsar las tecnologías del futuro.

Sin embargo, no hace mucho tiempo, las actitudes eran completamente opuestas. Los tres grandes accidentes nucleares (Three Mile Island, en 1979; Chernóbil, en 1986; y Fukushima, en 2011) fueron erosionando la confianza de la opinión pública en esa tecnología y, con ello, debilitaron la voluntad política de mantener los programas de energía nuclear. EE.UU. Ha empezado muy recientemente a volver a esta tecnología tras décadas de retroceso como consecuencia del accidente de Three Mile Island y de la persistente desconfianza pública entre las décadas de 1970 y 1990. No fue el único país en abandonar la vía nuclear: Italia clausuró por completo su programa nuclear tras un referéndum en 1987 y se sumó a otros países que fueron eliminando poco a poco la energía nuclear. En 1980, un referéndum en Suecia paralizó los nuevos desarrollos durante décadas, y Alemania cerró los últimos reactores de su parque nuclear tras años de eliminación gradual. En conjunto, esas decisiones paralizaron las operaciones de energía nuclear en gran parte del mundo.

Herramienta geopolítica

En cambio, Rusia y China nunca las abandonaron por completo: la energía nuclear proporciona alrededor de un 18% de la electricidad de Rusia; en China solo representa un 5% de la generación total, pero el país crece con rapidez y construye más reactores que nadie. Para ambos países, las exportaciones de energía nuclear son clave en sus estrategias económicas y geopolíticas. Como herramienta geopolítica, la construcción de energía nuclear permite controlar el suministro fiable de energía, una de las formas más poderosas de poder blando. Moscú y Beijing son conscientes desde hace tiempo de este hecho, por lo que hoy dominan las exportaciones mundiales de energía nuclear y son responsables de casi un 90% de todas las centrales construidas en los últimos años.

Rusia está construyendo 19 unidades nucleares en el extranjero; entre otros lugares, en Bangladesh y Egipto. China, por su parte, exporta su Hualong One y otros diseños de reactores en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, tiene en marcha proyectos en Pakistán y Argentina y no ceja en sus esfuerzos por fomentar nuevas asociaciones de exportación en otros lugares. La cuestión ya no es si la energía nuclear volverá, sino en qué forma y bajo qué liderazgo.

Nueva central nuclear en construcción en el Reino Unido. 
Nueva central nuclear en construcción en el Reino Unido. Archivo

En EE.UU. Y los países aliados está cobrando impulso la idea de acortar la distancia por el liderazgo en el campo de la energía nuclear. En Wa­shington, las recientes órdenes ejecutivas empujan a su organismo regulador nuclear a modernizar los procesos y dar prioridad a los proyectos de demostración de reactores avanzados. Del mismo modo, Francia se ha comprometido de nuevo a prolongar la vida útil de su parque actual, al tiempo que proyecta nuevas construcciones; y Japón, que se mostró vacilante tras Fukushima, está restaurando poco a poco su parque nuclear. El Reino Unido se ha fijado el objetivo de alcanzar los 24 GW de energía nuclear en el 2050 y está avanzando en proyectos a gran escala como Hinkley Point C y también en el desarrollo de reactores SMR a través de Rolls-Royce. Canadá también está avanzando en la misma senda, ya que el primer reactor BWRX-300 ha obtenido la aprobación para su construcción, y cuenta con el apoyo de iniciativas federales para agilizar el futuro despliegue de SMR. 

Los esfuerzos por restablecer la capacidad nuclear son evidentes y también los destinados a asegurar una posición competitiva en el mercado de la exportación. El Gobierno estadounidense está apoyando los esfuerzos de NuScale Power en Rumanía y Ghana, y Westinghouse está ayudando a Polonia a construir su primera central nuclear. Corea del Sur es considerado un socio de confianza en Oriente Medio con su proyecto Barakah en los Emiratos Árabes Unidos y recientemente ha conseguido otra exportación nuclear a la República Checa. El Reino Unido está aprovechando su cartera de diseños de reactores para conseguir nuevas asociaciones internacionales para su cartera de SMR. Sin embargo, todos esos avances palidecen frente a la escala y la coordinación del dominio de Rusia y China en la exportación nuclear.

El auge del dominio nuclear de China y Rusia

La clave del éxito de Beijing y Moscú son sus paquetes integrales de construcción, propiedad y explotación (BOO en inglés) respaldados por el Estado en esos países, el cual asume la mayor parte del riesgo de la construcción y explotación de la central nuclear y luego amortiza la inversión a través de la venta de electricidad a lo largo del tiempo. Al agrupar la financiación, la construcción, el suministro de combustible y el mantenimiento, esos acuerdos eliminan casi todas las barreras de entrada, lo que supone una oferta especialmente atractiva para los países en desarrollo con recursos financieros más limitados.

La empresa rusa Rosatom y la Corporación Nuclear Nacional de China (CNNC) han sido fundamentales para el éxito de sus respectivos países en la exportación de energía nuclear. Ambas son agencias estatales con cadenas de suministro integradas verticalmente que abarcan todos los aspectos de la infraestructura de energía nuclear, incluidas la construcción, la producción de combustible y la financiación. Semejante estructura permite una toma de decisiones ágil, operaciones más rápidas y menores costes.

Las economías emergentes ya se interesan por los SMR y por su potencial como herramienta para ampliar el acceso a la electricidad sin los elevados costes típicos de la energía nuclear

Dado que la energía nuclear se ha convertido en una prioridad nacional, Rosatom y CNNC reciben el apoyo político y financiero necesario para actuar con rapidez, ofrecer condiciones atractivas y cerrar acuerdos en el extranjero. Por ejemplo, el presidente Putin aprobó un importante aumento del presupuesto de desarrollo nuclear de Rosatom en el 2021, específicamente para sostener su impulso exportador. Del mismo modo, las compañías nucleares chinas se benefician de importantes subvenciones gubernamentales, lo que permite a la CNNC llevar a cabo de forma agresiva proyectos nucleares en el extranjero.

Las estrategias de Moscú y Beijing están dando sus frutos. Rosatom tiene acuerdos BOO en países como Egipto (donde está construyendo la central de cuatro reactores de El Dabaa) Bangladesh (central de Rooppur), Turquía (central de Akkuyu), Irán (ocho reactores previstos), Nigeria, Kazajistán y Birmania. Moscú se ha consolidado como líder del actual mercado de exportación; el papel de China sigue siendo más limitado en parte porque Rusia ya ha captado gran parte de la demanda disponible. Sin embargo, sería un error suponer que esa limitación se va a mantener en el tiempo. Dada su enorme capacidad industrial y su poderío económico, Beijing está en una buena posición para captar una cuota cada vez mayor del mercado de exportación nuclear en los próximos años. China exporta sus reactores a través de su “ruta de la seda nuclear”, especialmente a Pakistán (central nuclear de Chashma), con una expansión a países como Kazajistán y Argentina. La CNNC ha presentado una oferta para una central en la provincia Oriental de Arabia Saudí; por su parte, las autoridades turcas están evaluando propuestas para una tercera central en la región de Tracia. 

Un factor importante es la transferencia de conocimientos, ya que Rusia y China combinan sus exportaciones nucleares con la formación de la mano de obra y becas de educación superior. Por ejemplo, Rosatom formó a ingenieros bangladesíes para la central de Rooppur y se ha comprometido a formar a especialistas egipcios para El Dabaa. Beijing y Moscú ya dominan la construcción nuclear mundial actual y, con la llegada de los SMR, ya están preparados para escribir el próximo capítulo, a menos que Occidente y sus aliados se pongan rápidamente al día.

SMR: el próximo capítulo de las tecnologías de energía nuclear

Las centrales nucleares convencionales suelen tener unos requisitos de financiación y construcción desalentadores, pero los SMR ofrecen más flexibilidad. Con duraciones de construcción más cortas y componentes producidos en fábrica, esos reactores podrían llegar a desplegarse en tan solo tres años, mucho menos que la década o más que suelen necesitar las construcciones tradicionales. Su menor tamaño también abre la puerta a países cuyas redes eléctricas no pueden albergar grandes centrales convencionales, lo que amplía el acceso a la energía nuclear a una mayor variedad de regiones. Además de electricidad, los SMR pueden suministrar calor para procesos industriales de alta temperatura, como la fabricación de acero, la producción de hidrógeno y la producción de amoníaco para fertilizantes. Esas capacidades tienen un peso geopolítico significativo, especialmente para las economías en desarrollo.

Los reactores nucleares pequeños (SMR) destacan por su tamaño reducido y un sistema de seguridad pasiva de larga duración
Los reactores nucleares pequeños (SMR) destacan por su tamaño reducido y un sistema de seguridad pasiva de larga duraciónArchivo

Los países que puedan acceder a la energía nuclear estarán en mejor posición para aumentar su riqueza económica, establecer industrias que consuman mucha energía y reducir su dependencia de las importaciones de combustible. Por ello, los SMR son las próximas herramientas clave para avanzar en la seguridad energética y la competitividad económica.

Las economías emergentes ya se interesan por los SMR y por su potencial como herramienta para ampliar el acceso a la electricidad sin los elevados costes típicos de la energía nuclear. Kenia ya está explorando los SMR a través de asociaciones con el Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA/IAEA), mientras que Indonesia y Filipinas los están considerando como opciones flexibles para reforzar sus redes eléctricas. Jamaica se ha asociado con Canadá para explorar la viabilidad de la implantación de SMR en la isla, lo que subraya el uso que podrían hacer de ellos los pequeños estados insulares para reducir su dependencia de los combustibles importados y aliviar los elevados costes energéticos. 

Cabe destacar que Rusia y China han instalado los primeros SMR del mundo. La central nuclear flotante rusa instalada en el buque Akademik Lomonosov comenzó a funcionar en el 2020 frente a la costa ártica con el objetivo de suministrar electricidad y calefacción a comunidades remotas. El pequeño reactor modular chino de alta temperatura refrigerado por gas entró en funcionamiento comercial en el 2023 y supuso una importante demostración de sus capacidades avanzadas en materia de reactores. En la actualidad, los dos países se esfuerzan por dominar el mercado mundial de los SMR. Rusia aspira a captar un 20% de dicho mercado, mientras que China prevé haber exportado 30 reactores a los países socios de su Iniciativa la Franja y la Ruta en el 2030. Las exportaciones rusas incluyen un SMR terrestre en construcción en Yakutia y planes para un complejo de SMR en Uzbekistán, la primera central nuclear de Asia Central. Los esfuerzos chinos en materia de SMR se sustentan en el Linglong One, en construcción en Hainan, que se posiciona como un modelo replicable para la energía, la calefacción y la desalinización. 

EE.UU. Debe demostrar primero su capacidad para construir reactores nucleares en su territorio -solo dos en las últimas décadas- antes de ser considerado como un proveedor fiable en el extranjero

La escalabilidad y flexibilidad de los SMR también los hacen muy adecuados para satisfacer la creciente demanda de energía; en especial en lugares donde el auge de la IA y sus centros de datos, que consumen mucha energía, están transformando rápidamente los estándares de la energía de base fiable.

La demanda eléctrica de la IA

Aunque las estimaciones difieren sobre la medida en que la IA impulsará la demanda futura de electricidad, no cabe duda de que las economías avanzadas (donde esas tecnologías se expanden) necesitarán cada vez más energía fiable. La energía nuclear, con su suministro estable y su alta densidad energética, es particularmente adecuada para ayudar a afrontar ese reto. Los gigantes tecnológicos son cada vez más conscientes de ello: Microsoft se ha convertido hace poco en la primera gran compañía tecnológica en unirse a la Asociación Nuclear Mundial, con lo que consolida el papel de esa tecnología en sus operaciones futuras. Otras grandes compañías, como Amazon y Meta, también apoyan la expansión de la energía nuclear. 

Estos movimientos señalan una necesidad más amplia de garantizar una energía abundante y resiliente para el próximo capítulo de la economía digital. La IA domina el debate actual sobre el aumento de la demanda energética, pero los centros de datos también sustentan servicios digitales comunes como la computación en la nube y el comercio electrónico; además, muchos países en desarrollo apenas están comenzando a ampliar esas plataformas. En semejante contexto, los países que encabecen el despliegue nuclear no solo darán forma al desarrollo futuro de la IA, sino también a la trayectoria de la economía digital mundial. Eso plantea la pregunta de si EE.UU., que en su día fue la primera potencia nuclear del mundo, puede recuperar su posición en esta siguiente etapa de la economía mundial.

EE.UU. En una encrucijada

Como antiguo país puntero en la construcción de centrales nucleares, EE.UU. Desempeña un papel único en la actual carrera energética mundial. Su posición como operador de la mayor flota nuclear mundial ha fomentado décadas de conocimiento institucional e innovación. Además, es posiblemente la influencia más importante en relación con los ideales democráticos que el mundo debe mantener en un momento en que el sistema energético mundial entra en una nueva era de creciente electrificación. El mantenimiento de dicha influencia supone la recuperación de la credibilidad en el mercado mundial de la exportación y garantizar que los países democráticos participen en la configuración del siguiente capítulo de la energía nuclear.

Un mundo en el que los regímenes autoritarios de Rusia y China poseen y controlan una capacidad energética nuclear cada vez mayor es un mundo en el que se erosiona la estabilidad geopolítica

El sector nuclear estadounidense se ha visto empañado por la inactividad, a pesar de toda la innovación que ha acumulado. La Comisión Reguladora Nuclear de EE.UU. (NRC), el organismo independiente responsable de conceder licencias y supervisar la energía nuclear civil, es conocida por utilizar marcos que suelen dar lugar a costosos procesos y plazos excesivos, lo que reduce las posibilidades de éxito de los promotores a la hora de obtener licencias para reactores. Las recientes iniciativas de reforma del Gobierno federal incluyen la racionalización de los procesos de la NRC y la priorización de la concesión de licencias para reactores avanzados. 

El tiempo dirá si esos esfuerzos logran realmente mejorar el despliegue de la energía nuclear en EE.UU., pero una cosa es segura: el actual ritmo de aprobación, excesivamente lento, debe cambiar si Washington quiere competir a escala mundial. En las últimas décadas, EE.UU. Solo ha construido dos reactores nuevos, uno de los cuales se retrasó siete años y superó el presupuesto en 17.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, el Gobierno federal se ha fijado el ambicioso objetivo de conseguir al menos 20 acuerdos de asociación legalmente vinculantes adicionales, conocidos como “Acuerdos 123”, necesarios para que los países puedan utilizar las tecnologías de energía nuclear estadounidenses. Las demás directivas incluidas en las órdenes ejecutivas, como la reconstrucción de las cadenas de suministro y la reactivación de la mano de obra nuclear, contribuirán a posicionar a EE.UU. Como un exportador más fuerte. Sin embargo, tras décadas a la deriva, solo un seguimiento sostenido determinará si la ventaja tecnológica nuclear de EE.UU. Puede recuperarse de verdad y a tiempo para el próximo capítulo de los SMR. 

El reto se ve agravado por el hecho de que EE.UU. Debe demostrar primero su capacidad para construir reactores en su territorio antes de poder ser considerado como un proveedor fiable en el extranjero. Esa credibilidad es esencial si no solo quiere competir por el equilibrio geopolítico frente a un creciente liderazgo autoritario, sino también ofrecer alternativas a las vulnerabilidades ocultas que se esconden tras los acuerdos de exportación de Beijing y Moscú.

La central nuclear flotante rusa Akademik Lomonosov 
La central nuclear flotante rusa Akademik Lomonosov AFP

A primera vista, los acuerdos de China y Rusia parecen atractivos para las economías emergentes, ya que alivian los costes y las responsabilidades inmediatas que conlleva la construcción de centrales nucleares. Sin embargo, los riesgos son profundos: esos contratos hacen que los países anfitriones dependan de operadores extranjeros durante décadas, con lo que ceden el control de infraestructuras energéticas críticas, y por lo tanto de la seguridad nacional, a Moscú o Beijing. La decisión de Rusia de restringir las exportaciones de gas natural a sus vecinos europeos en respuesta a las consecuencias de su invasión de Ucrania en el 2022 ilustra la forma de convertir el suministro energético en arma. Transferir esa influencia a proyectos nucleares (en los que el combustible, las operaciones e incluso el personal siguen vinculados a Moscú o Beijing) deja a los países atrapados en una dependencia a largo plazo. Ese riesgo se ve agravado por la influencia financiera que Moscú y Beijing pueden utilizar para obtener concesiones políticas. 

Un mundo en el que los regímenes autoritarios poseen y controlan una capacidad energética nuclear cada vez mayor es un mundo en el que se erosiona la estabilidad geopolítica.

Cómo puede competir Occidente

Una forma en que EE.UU. Y sus aliados pueden competir con el modelo BOO de Rusia y China es ofreciendo a los países socios una mayor participación en la propiedad de sus proyectos nucleares. Unos marcos más cooperativos deberían centrarse en potenciar las industrias locales, fomentar la mano de obra nacional y apoyar el desarrollo a largo plazo de la experiencia en energía nuclear en los países recién llegados. También podrían apoyar el fortalecimiento de los marcos institucionales precisos para que el país comprador pueda desplegar la energía nuclear, incluidos el desarrollo de reguladores independientes, marcos jurídicos transparentes y una sólida cultura de seguridad. Ofrecer dicho apoyo sin un mayor riesgo financiero supondría un verdadero contrapeso a Moscú y Beijing.

Estos objetivos son mucho más factibles si Occidente actúa colectivamente. El reciente acuerdo EE.UU.-Reino Unido es un buen ejemplo de cómo la cooperación entre aliados puede reforzar la posición occidental. A través de la Asociación Atlántica para la Energía Nuclear Avanzada, los dos países se han comprometido a racionalizar las revisiones de diseño, compartir las cargas de trabajo reguladoras y acortar los plazos de concesión de licencias. La ampliación de ese modelo a todos los países aliados podría acelerar la expansión nuclear nacional, al tiempo que proporcionaría a los países en desarrollo opciones viables frente a los paquetes rusos y chinos. Una cooperación occidental más amplia también aceleraría el despliegue de los SMR y reduciría más deprisa los costes al poner en común los conocimientos técnicos, la capacidad de financiación y las cadenas de suministro. La cooperación también complementaría las primeras medidas que están tomando instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial para reexaminar su papel en relación con el desarrollo nuclear.

La decisión del Banco Mundial de levantar su prohibición de financiar la energía nuclear supone una transformación para el panorama energético mundial. Durante años, los países en desarrollo que buscaban energía nuclear no tenían más remedio que depender de Rusia o China. Al eliminar esa barrera, el Banco Mundial abre la puerta a una competencia más equilibrada; pero solo la abrirá de verdad si es capaz de proporcionar a tiempo una financiación y un apoyo técnico significativos. Por ahora, su impacto será limitado: el Banco se está centrando en desarrollar conocimientos técnicos nucleares internos en colaboración con el OIEA/IAEA, y su presidente Ajay Banga ha declarado que la prioridad es prolongar la vida útil de los reactores existentes. El Banco Mundial también ha manifestado su apoyo al desarrollo de los SMR como forma de reducir los costes para los países en desarrollo, pero esas tecnologías deben demostrar primero su eficacia en las economías avanzadas. Mientras, la mayoría de los recién llegados seguirán recurriendo a reactores convencionales probados, que Beijing y Moscú ya han demostrado que pueden suministrar. El Banco está avanzando, pero está por ver si sus esfuerzos pueden rivalizar realmente con los de Moscú y Beijing.

Ahora bien, dado el papel de EE.UU. Como mayor accionista del Banco, el cambio sigue teniendo potencial a largo plazo. Una vez que los diseños estadounidenses de los SMR se prueben en el propio país, Washington podrá aprovechar su influencia para animar al Banco a adaptar las herramientas de financiación y la asistencia técnica de modo que se respalde su adopción en el extranjero. Eso reducirá los riesgos para los países en desarrollo y ampliará los mercados para que los proveedores estadounidenses puedan competir por fin con las agencias estatales de Rusia y China.

A la larga, la energía nuclear desempeñará un papel decisivo en el futuro panorama energético mundial. El auge simultáneo de las tecnologías intensivas en energía en las economías avanzadas y la creciente demanda energética de los países emergentes ponen de relieve una realidad fundamental: la mayor búsqueda mundial de energía con cada paso del progreso humano. La energía nuclear es uno de los mayores recursos capaces de satisfacer esa demanda, y la forma en que se expanda y bajo qué liderazgo lo haga determinarán profundamente el futuro de la dinámica energética mundial y la soberanía energética. Si las democracias no actúan, otros lo harán.

Juzel Lloyd es exbecaria del programa Women Leaders in Energy del Atlantic Council

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