Barthélemy Yaouda,obispo de Yagoua (Camerún), diócesis hermana de la de Barcelona:

“El problema de África es que no trabajamos: hay que trabajar más”

Tengo 62 años y llevo 28 de sacerdote y obispo sin dejar de cultivar la tierra. Nací en Ouldémé. Tengo 36 hermanos de padre: en mi pueblo no es tan raro. Europa es próspera tras generaciones trabajando: África lo será si trabajamos. Soy el invitado de Sent la Creu por los jóvenes de la diócesis de Barcelona. (Foto: Mané Espinosa)

¿Por qué se hizo sacerdote?

Nací en Ouldémé, en el extremo norte de Camerún, en el campo, en medio de la nada, lejos de la ciudad y de todo...

¿Tenía mucha familia?

Mucha. Mi padre tiene muchos hijos.

¿Cuántos?

Quizá para Europa sea escandaloso, pero para nosotros es normal. Mi padre tenía 37 hijos de diferentes mujeres.

¿Los podía mantener a todos?

Mi padre era agricultor. Bajó de la montaña en 1960 para cultivar el mijo y el algodón. Aún no estaba casado. El algodón lo compraban los franceses, que también eran y son los que fijaban el precio.

¿Una vida dura?

Muy difícil. Allí no tenemos las herramientas de aquí. Lo cultivamos todo a mano y con la hoz. A veces, los ricos, con animales como caballos, bueyes y asnos. No hay tractores.

¿Cómo logró usted estudiar?

Por casualidad. Mi padre no me mandó al colegio. Tuve la suerte de ser criado en casa de un maestro a los 11 años y veía a sus hijos estudiar; por la noche miraba los cuadernos de sus hijos y un día mi amo me preguntó si quería ir al colegio. Y le dije: ¡Sí, claro! Y me llevó al colegio el 1 de julio de 1975.

¿Por qué dijo que sí?

Cuando los niños jugábamos en la calle, veíamos a los que volvían del colegio con ropa limpia y tranquilos y felices... Quería ser como ellos. Ir más allá del pueblo.

¿Y acabó el bachillerato?

Lo acabé en 1989 y entré en el seminario.

¿Por qué?

Para servir a la gente. Quería aprender francés y ayudar a los pobres de mi pueblo. Quería ser cura para servir a la gente, quería defender la escolarización para aprender francés para defender a los pobres de mi pueblo. Pero al final acabé haciéndome misionero.

¿No le gustaría ser padre de familia?

Tengo muchos hermanos que tienen muchos hijos y yo prefiero servir a Dios al servir a mis hermanos y hermanas de toda África.

¿Su familia aceptó su vocación?

Al principio, no; pero luego, al verme feliz y contento, ya sí. Y mi padre se hizo cristiano antes de morir.

¿Tiene amigos inmigrantes en España?

En España, en Francia y en otros países. Estamos­ preocupados por la inmigración.

¿No les envían dinero desde Europa?

Aquí los médicos, ingenieros, profesores... Cobran menos de 500 euros al mes. Es normal que los mejores se vayan; pero si se van, ¿quién va a desarrollar Camerún?

¿Qué propone usted para mejorarlo?

Sufrimos a los terroristas de Boko Haram, que generan inseguridad; pero deberíamos quedarnos todos y afrontar la situación. Camerún progresará con los cameruneses y no con los colonizadores que vienen a quedarse con lo que tenemos y se van.

¿Cuál es la causa del atraso camerunés?

Una es un liderazgo político impuesto por las potencias coloniales que solo busca enriquecerse; por el FMI, que nos extorsiona...

El FMI presta y hay que devolverlo.

No debemos aceptar préstamos: debemos trabajar más. Es el problema de toda África.

¿No ayudaría más seguridad?

Tendríamos más turismo y algún desarrollo si Boko Haram se vuelve a su Nigeria; pero Francia nos envió tropas y eran un desastre para todos. Solo velaban por sus intereses. Francia mata a África.

¿Cómo?

Por ejemplo, los cameruneses votamos a John Fru Ndi, pero Francia dictó que no podía ser presidente, porque era anglófono. ¿Acaso no es camerunés?

¿Sus emigrantes no envían dinero a casa?

Ayudan mucho. Invierten en Camerún lo que ganan y envían dinero a la familia para mantener a hijos y abuelos y construyen casas bonitas. ¿Sabe cómo se lo agradece nuestro Gobierno?

¿...?

Les quitan la nacionalidad camerunesa si adquieren la de su país de destino.

¿Tiene esperanza en Camerún?

Pese a todo, sí. El problema de Camerún y de África es que no trabajamos: hay que trabajar más. Los europeos sufrieron guerras horribles y pasaron hambre y enfermedades, pero trabajaron. Y los africanos tenemos que trabajar más y ya con pequeñas tiendas y negocios: día a día; poco a poco.

¿Qué les dice usted en sus sermones?

Que en Europa hay grandes carreteras y bonitos edificios porque llevan siglos trabajando mucho. Su riqueza ¡no es un regalo ni una suerte! Es trabajo. Si trabajamos y estudiamos, nuestros hijos y nietos vivirán mejor y un día seremos como Europa.

Pues que tenga suerte, monseñor.

Mi padre decía que si tienes un amigo que no va deprisa a cuidar su campo y sus gallinas, es que es un ladrón. Y yo decía misa y me iba a cultivar mis campos: he llegado a vender 400 sacos de cebollas.

Mostrar comentarios
Cargando siguiente contenido...