Barcelona

2026, Mamdani y Barcelona

Opinión

El nuevo año y los Reyes nos han traído algunas esperanzas, pero también han dejado circunstancias inquietantes que de momento no solo no van a moverse, sino que pueden empeorar. Entre las primeras, hemos asistido a la toma de posesión de la alcaldía de Nueva York por parte de Zohran Mamdani. Todos los alcaldes progresistas de Estados Unidos y Europa, entre ellos el de Barcelona, Jaume Collboni, prestarán mucha atención a lo que ocurra en el gobierno de la capital económica norteamericana. Y es que Mamdani ha generado grandes expectativas, por las líneas estratégicas anunciadas durante su campaña electoral.

Mamdani durante el acto de toma de posesión del cargo 
Mamdani durante el acto de toma de posesión del cargo Yuki Iwamura / Ap-LaPresse

Vivienda, transporte público y guarderías son las prioridades de un anunciado giro de la política neoyorquina para mejorar la vida de las clases populares. Este inmigrante, musulmán y socialista está llamado a liderar el movimiento de alcaldes demócratas que gobiernan las grandes ciudades del país para constituir un frente contra las preocupantes políticas de Donald Trump. De momento, han logrado una primera victoria en el Tribunal Supremo, que ha paralizado y ordenado retirar el despliegue de la Guardia Nacional en algunas ciudades como Chicago, Los Ángeles y Portland, medida de control militar con la que Trump había amenazado también ya a Nueva York.

La crispación desaforada de la política no contribuye en nada a aliviar los problemas reales de los ciudadanos

Veremos cuál será ahora la respuesta de un presidente acostumbrado a lidiar con los reveses judiciales y que presume de secuestrar –lo llaman extracción–, con impunidad internacional –¿dónde está la Unión Europea–, a presidentes de otros países. Trump es el referente mundial de los populismos de extrema derecha, cuyo auge es de lo que se va a quedar en este 2026. Tampoco se augura un horizonte claro para otros problemas globales como el acceso a la vivienda y el freno a los precios abusivos, la mayor inquietud hoy en la región metropolitana de Barcelona en particular y en Catalunya, España y Europa en general. Y no olvidemos que seguiremos con el caos diario de Renfe.

También se va a quedar la crispación desaforada de la política, que no contribuye en nada a aliviar los problemas reales de los ciudadanos. La última moda, que por desgracia igualmente va a perdurar, es boicotear por sistema los presupuestos, ya sean nacionales, autonómicos o locales. Es legítimo, y hasta necesario y muy recomendable, que los partidos de la oposición los intenten mejorar, pero de lo que en realidad se trata es de consolidar una estrategia del cuanto peor, mejor. Un puro cálculo de interés partidista, aunque perjudique incluso a los propios votantes de las fuerzas de la oposición que podrían beneficiarse de algunas de las mejoras previstas.

Barcelona ha podido aprobar el mayor presupuesto de su historia, casi 4.200 millones, porque Collboni ha recurrido otra vez a la moción de confianza, que superó y permitió la aprobación automática de las cuentas para 2026. ¿De verdad tenemos que seguir así mucho más?

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