Barcelona

Las largas obras de la L8 en Muntaner amenazan la continuidad de los comercios

Infraestructuras

Algunos establecimientos ya plantean acciones legales para paliar las pérdidas

La acera de Muntaner ha vuelto a estrecharse con el reinicio de los trabajos

La acera de Muntaner ha vuelto a estrecharse con el reinicio de los trabajos

Ana Jiménez / Propias

Los comerciantes de la calle Muntaner, que arrastran pérdidas económicas desde el inicio de la construcción de una salida de emergencia de la L8 entre Laforja y Marià Cubí, aseguran que ya solo contemplan una alternativa: llevar a la administración a los tribunales para reclamar el lucro cesante, es decir, las ganancias que sus negocios han dejado de ingresar a causa de las obras. “Pero claro, es un tema muy complicado, entre otras cosas porque la demanda no puede presentarse hasta que terminen los trabajos. Y nadie sabe cuándo terminarán”, dice Javier Cottet, vicepresidente de Barcelona Oberta y propietario de Ópticas Cottet, una empresa centenaria que posee un local en esta zona maltrecha. El pasado miércoles se reanudaron las obras, tras cuatro meses de parón provocado por la huelga de arqueólogos.

Los comercios de este tramo alertan de caídas de facturación que alcanzan en muchos casos el 50%. La mayoría son negocios nuevos o muy nuevos, que firmaron sus contratos de alquiler justo antes del inicio de las obras sin recibir aviso previo. Antes de los trabajos, la calle Muntaner constituía sin duda una de las arterias comerciales de la ciudad; no en vano, el arrendamiento de un local de 60 m² aquí supera fácilmente los 3.000 euros mensuales.

Algunas motos circulan libremente por la acera a pesar de la instalación de vallas y bolardos
Algunas motos circulan libremente por la acera a pesar de la instalación de vallas y bolardosAna Jiménez / Propias

Cottet advierte de que, manteniendo a los tres empleados de su local, el establecimiento cerrará el año con unas pérdidas de 40.000 euros. Otros negocios, sobre todo tiendas de moda, han tenido que reducir la plantilla y operan ahora con un único dependiente. En uno de los casos más críticos, un comercio ha colgado ya el cartel de liquidación. Sí, las obras de los ferrocarriles han sido “la gota que ha colmado el vaso”. Pero no es el único caso. La situación ha llegado a tal punto que muchos ya barajan la posibilidad de tener que bajar definitivamente la persiana.

Los comerciantes barajan la posibilidad de tener que bajar definitivamente la persiana

Los comerciantes lamentan que no se les tenga en cuenta ni se haya evaluado el impacto que las obras pueden causar en sus negocios. “Con la covid, hubo establecimientos cuyas ventas cayeron hasta un 70% y la administración activó ayudas para los afectados. No tenemos nada en contra de la obra pública, y menos si es para mejorar el transporte, pero no entendemos que nadie contemple ni compense los daños colaterales”, apuntan desde un negocio que hace esquina con Laforja.

La previsión de que los trabajos avancen en los próximos meses hasta la calle Avenir ha extendido la inquietud a establecimientos que, aunque no tienen las obras justo enfrente, ya han notado un fuerte impacto. Entre ellos, la histórica zapatería Gola, regentada por Marta Font, que además de las pérdidas económicas denuncia el “maltrato y la falta de diálogo y empatía” por parte de la administración. Hace un mes, Font mandó una carta al Ayuntamiento con una serie de puntos, entre los cuales reclamaba una mayor transparencia del estado actual de las obras, pues considera que los trabajos se están realizando con una “lentitud injustificable” y que nadie ha proporcionado “información clara” sobre los plazos reales de ejecución ni sobre la fecha prevista de finalización.

Marta Font, propietaria de la histórica zapatería Gola
Marta Font, propietaria de la histórica zapatería GolaAna Jiménez / Propias

Los comerciantes no son desde luego los únicos damnificados. También los vecinos consideran que están pagando los “platos rotos”, y observan cada día como motos y bicicletas circulan libremente por la acera a pesar de la instalación de vallas y bolardos, una medida que apenas disuade: “Algún día saldré del portal y un motorista se me llevará por delante”, pronostica fatalmente una vecina. 

La Generalitat y el Ayuntamiento pactaron recuperar temporalmente la acera con sus cuatro metros y medio de espacio habitual desde principios de diciembre y durante toda la campaña de Navidad (una campaña cuyos números han distado mucho respecto a otros años). Con el reinicio de los trabajos, la acera ha vuelto a recortarse a 1,80 metros.