Quizás pase o quizás no
Nil, un joven de Girona, recalculaba ayer si llegaría a tiempo a la cita con el médico que tenía al mediodía en Barcelona, al mismo tiempo que escuchaba por megafonía que el tren de media distancia al que tenía previsto subirse a las 10.19h en Girona acumulaba retraso. Como mínimo, de media hora. “Llegaré un poco tarde, llamaré para avisar, ¡qué remedio!”, explicaba resignado. “A causa de una incidencia en la R11, los trenes circulan fuera del horario habitual”, repetía periódicamente la megafonía. Quien también ayer llegó con retraso, en este caso al dentista, fue la joven Anahí Ruíz, que tenía visita concertada en Sils. A las diez de la mañana, cuando el servicio tendía a normalizarse tras el caos ferroviario de las primeras horas -solo pasaron dos trenes- eran pocos los que confiaban en poder llegar a tiempo a sus destinos. Con la mirada concentrada en su móvil, esperaba también Laura Garcia, estudiante de Humanidades en la Universitat Pompeu Fabra, que ya tenía asumido que volvería a llegar tarde a clase por enésima vez. “La semana pasada estuve cuatro días que sin ir, los retrasos son el pan de cada día”, se lamentaba. Al examen de ayer, quizás tampoco llegó.
La frustración y el desconcierto se apoderó de los pocos viajeros que confiaron en que el servicio, esta vez sí, iba a funcionar. Confiaron demasiado. Pero no solo fallaron los trenes, sino también la información, incluso entre los que debían facilitarla. “Quizás pase su tren, o quizás no”, le respondía lacónico el personal de la estación de Girona a un viajero que pretendía ir a Barcelona. Como si fuera cuestión de suerte, una lotería. “Ni ellos lo saben, me lo ha dicho muy amablemente pero milagros en la vía no pueden hacer”, afirmaba el estoico viajero, el jubilado Rafael Soldevila. Ocurría tres horas antes de que el servicio entre Caldes de Malavella y Girona se suspendiera por un posible desprendimiento en la vía. Al poco rato, técnicos de Adif confirmaron que el corrimiento de tierras no había alcanzado la infraestructura ferroviaria y que los trenes podían circular con límite de velocidad, pero no lo hicieron. Otra interrupción, que causó más de un dolor de cabeza en una jornada para el olvido.
