Barcelona

Pocos usuarios y menos información

Mientras las pantallas y la megafonía anunciaban por segunda vez la caída del servicio, los pasajeros asumían con una deportividad verdaderamente pasmosa que ya no valía la pena esperar. “Es el mismo escándalo de siempre, por eso no nos sorprende nada”, exclamaba Carlota cuando abandonaba la estación apresurada. A primera hora, la estación de Rodalies de Badalona presentaba una imagen sin grandes aglomeraciones y no se vivió ninguna escena de tensión, pese a las dos interrupciones del servicio registradas entre las seis y las ocho de la mañana. Una tranquilidad que en absoluto respondía a la normalidad del servicio, sino más bien, según los usuarios, a “la costumbre”.

A la vista estaba: no pocos pasajeros optaron ayer por el teletrabajo o por desplazarse directamente en coche (la C-31 entre Montgat y Badalona registró hasta cinco kilómetros de retenciones). Buena parte de los que llegaron en plena hora punta a la estación tomaron una decisión inevitable tras comprobar que los trenes no aparecían en los paneles: salir de allí y lanzarse a la odisea del metro.

Así las cosas, la línea L2 (Badalona Pompeu Fabra, a unos 10 minutos a pie desde la estación), con enlace a la L1 en el Clot hasta l’Hospitalet, se convirtió en una de las vías de escape más utilizadas, una alternativa que lamentablemente muchos ya conocían debido a la interrupción de la circulación de las líneas entre Badalona y l’Hospitalet hace apenas tres semanas.

“Lo peor es que quienes están informando no disponen de ninguna información”, decía una usuaria dirigiéndose al metro, donde se notó un incremento de pasajeros. Al cabo de unos 20 minutos, tras el segundo anuncio, la R1 y la RG1 entre Badalona y l’Hospitalet volvió a estar operativa, si bien es verdad que a partir de las ocho de la mañana ya eran más bien pocos (y un tanto optimistas) los usuarios que aguardaban en el andén.

Una usuaria espera unos convoyes que no llegan
Una usuaria espera unos convoyes que no lleganJoan Mateu Parra / Shooting

Desde luego, los más informados a lo largo de la mañana resultaron ser los que estaban pendientes en sus teléfonos de los tristes acontecimientos, y estos fueron los primeros en abandonar rápidamente y sin reproches el lugar.