Trabajadores de edificios auxilian a vecinos que quedan atrapados en el Turó Park de Barcelona.
Espacio público
La asociación de residentes solicita al Ayuntamiento una supervisión más detallada al efectuar la clausura de este espacio silvestre.

El conserje Rubén Bravo, subido a su escalera frente a las verjas del Turó Park.

Recientemente, al anochecer, suele suceder que, tras el cierre de las puertas por el empleado municipal, algún individuo acabe encerrado en el Turó Park. Diversos conserjes y porteros del área se mantienen vigilantes por si los habitantes de sus inmuebles pasan por este trance. En fechas recientes, al menos dos sujetos se hallaron contemplando el vallado, dudando sobre cómo lograrían salir... La entidad de residentes y comerciantes locales reclama al Ayuntamiento una atención superior al clausurar este espacio. El silbido del responsable les parece insuficiente.
“Yo estaba en mi puesto –cuenta Rubén Bravo, conserje de una finca de la calle Bori i Fontestà, a la vera del Turó Park–. Entonces, sobre las ocho menos veinte, una vecina del edificio me llamó por teléfono y me dijo que se había quedado encerrada, que no sabía cómo salir, que a ver si podía ayudarla. Recuerdo que eran las ocho menos veinte porque habitualmente yo salgo de trabajar a las ocho”. En ese instante, el portero Bravo sujetó una escalera extensible y se aproximó al costado del complejo que se halla más próximo a su inmueble...
Con un par de escaleras plegables
“De siempre de vez en cuando algún vecino se quede atrapado en el parque –el conserje Bravo trabaja en esta finca desde hace 18 años–. Pasa sobretodo en invierno, cuando los encargados cierran sobre las ocho, antes que el resto del año. Pero es que últimamente algunos días están adelantando la hora del cierre. Y a veces alguien se despista y se queda dentro. Los conserjes del barrio tenemos un grupo de WhatsApp y estamos muy al tanto de estas cosas, por si alguien necesita ayuda”.
El momento en que clausuran los parques de Barcelona no resulta preciso. Trabajadores de Parcs i Jardins efectúan la inspección y el cierre de forma sucesiva, tardando más o menos tiempo en función de las incidencias que surjan. De acuerdo con el portal del ayuntamiento, el Turó Park finaliza su jornada a las 19 horas entre noviembre y marzo, y a las 21 durante los demás meses. No obstante, dicha programación es meramente referencial. En ocasiones, un espacio verde puede quedar clausurado bastantes horas después que el día previo. Con frecuencia, el personal halla individuos que se resisten a abandonar el lugar. Asimismo, los procedimientos utilizados son distintos. En el recinto de la Ciutadella, un vehículo equipado con altavoz transita por los senderos avisando en diversas lenguas que las instalaciones cerrarán pronto. Dentro del Turó Park, el responsable utiliza un silbato para dar el aviso.

“Entonces –prosigue el conserje Bravo–, cuando me llamó esta vecina pidiéndome que le echara una mano, cogí una escalera plegable y le pedí al conserje de otro edificio que trajera otra, porque las vallas son altas, miden como dos metros... Así que entre las rejas le pasamos una de las escaleras a la vecina, para que pudiera encaramarse... Y yo, desde el otro lado, subido en la otra escalera, mientras que el otro conserje la sujetaba bien, pude ayudar a esta vecina a pasar por encima de las rejas ¡la agarré con fuerza y pudo bajar!”.
Resulta que en esta zona los porteros no se encargan exclusivamente de retirar los desechos. “Es que lo de quedarse encerrado en el parque le pasa a mucha gente ¡a mí mismo me pasó no hace mucho! Yo estaba ahí en el parque con unos compatriotas peruanos con los que me reúno de vez en cuando y cuando nos dimos cuenta estábamos encerrados. Entonces lo que hicimos fue ayudarnos los unos a los otros, para poder saltar la valla... ¡y al último lo cogimos por los pies desde el otro lado! Es que si llamas a Emergencias al final viene un encargado con las llaves, pero tarda un rato. De manera que la mayor parte de la gente que se queda encerrada trata de salir por sus propios medios, sea como sea”.

El segundo incidente reportado durante estas jornadas elige permanecer en el anonimato. A nadie le resulta agradable que lo localicen en la web y surja de manera notoria como aquel que acabó confinado en una zona verde por no escuchar una señal acústica. No hace mucho, este varón se vio forzado a retornar a la casa de sus padres, ubicada a solo 300 metros del Turó Park. Y allí se encontraba, también antes de que llegaran las ocho de la tarde, absorto en sus asuntos y efectuando algunas llamadas por teléfono, cuando descubrió que estaban bloqueados los siete portones del espacio.
“Llamé a la Guardia Urbana y a Emergencias, pero no me quedó claro cuánto tiempo tardarían en venir a buscarme –relata este vecino–. Estuve pensando en trepar las rejas y salir por mi cuenta. No me pareció ninguna locura. Pero la verdad es que ya no estoy hecho un chaval. De modo que llamé a mi padre, que bajó en pantuflas con una escalera plegable. Un conserje de una finca cercana también me ayudó. Y me dijo que no era el primero al que le pasaba, que cada dos por tres alguien se quedaba encerrado en el Turó Park. Y luego llegó un empleado municipal en moto, para sacarme de ahí, pero ya no hacía falta...”.

Bartolomé Criado, quien encabeza la agrupación de residentes y empresarios del Turó Park, considera que el Ayuntamiento tendría que mostrar mayor cautela al momento de clausurar un recinto tan excepcional como este. “Si, muchos visitantes se quedan encerrados de manera habitual –detalla Criado–. Los pitidos de aviso del encargado no son suficiente. Afortunadamente los conserjes y los porteros están muy pendientes de que alguien pueda necesitar ayuda. También están muy al tanto de cualquier sospechoso que pueda merodear por el barrio. Tenemos un grupo de WhatsApp que ya suma 250 conserjes y porteros”.
Asimismo, indica el dirigente de este colectivo, igualmente existen personas que se ocultan con el objetivo de pernoctar posteriormente en este espacio natural. “La situación no es tan problemática como antes, cuando una persona se hizo con una llave del parque y colaba a mucha gente, a veces hasta haciendo negocio con ello. De todas formas los servicios sociales del Ayuntamiento también deberían estar más al tanto de la situación. A pesar del frío, estos días algunas personas pasan la noche en el Turó Park”.

