
El fantasma de Correos
OPINIÓN
Pocos habrán reparado en que en este 2026 tan cargado de efemérides se cumple el centenario del inicio de la construcción de la sede central de Correos en Barcelona. El 2026 debía ser también el año en que, después de un largo período de gestación (las primeras conversaciones-negociaciones en torno al proyecto se remontan a finales del 2017) y cuatro años de obras, comenzara a funcionar el hub de innovación digital en el magnífico edificio del final de la Via Laietana y el inmueble anexo. En este 2026 la mejorable reforma de la Via Laietana (quizás en ninguna gran arteria de Barcelona se notan menos la intervención urbanística y las supuestas mejoras que esta había de reportar) es ya una realidad, pero Correos sigue tal cual.

El acuerdo anunciado en octubre de 2020 es hoy un fantasma que reaparece de vez en cuando en la vida política municipal, por ejemplo estos días, cuando el grupo de Junts pregunta al alcalde qué fue de lo nuestro, de lo de todos los barceloneses, de una más de esas cesiones de patrimonio del Estado a la ciudad de Barcelona que se reclaman, que en contadas ocasiones se prometen, que nunca acaban de materializarse y que si se hacen es siempre a cambio de una onerosa factura.
Es lo que está sucediendo con esta operación. Un desacuerdo permanente entre Correos, el Ayuntamiento de Barcelona y el Consorcio de la Zona Franca en la tasación del edificio –con diferencias abismales entre las valoraciones de unos y otros– ha impedido hasta la fecha que aquel que fue presentado como el proyecto clave para la revitalización postpandémica de este sector de Ciutat Vella superara siquiera la siguiente fase de esa etapa embrionaria representada por la rimbombante presentación de un mero protocolo de intenciones. Aquella escena de la entonces alcaldesa Ada Colau, su número dos en el gobierno municipal, Jaume Collboni, y el ministro José Luis Ábalos –sí, el mismísimo Ábalos–, todos ellos enmascarillados y paseando amigablemente por el gran vestíbulo del edificio centenario, se proyecta en nuestra memoria como otra imagen tan espectral como la del propio acuerdo que todos, ingenuos nosotros, estábamos convencidos que estaba atado y bien atado.
En 2026 debía estar listo el ‘hub’ de innovación digital en el edificio de Via Laietana
Ya sabemos de la cicatería de la administración estatal, sea del color político que sea, con esta ciudad. Y duele pensar que este (mal)trato recibido en nada se parece al dispensado a otras capitales –vista al centro– beneficiadas por graciosas cesiones de inmuebles o de terrenos. Es que ni tan solo con El Centre de la Vila, el decadente centro comercial de la Vila Olímpica, el Estado –en este caso una de sus empresas asociadas– es capaz de darnos una pequeña alegría. Uno sospecha con fundamento que no piensan en términos de beneficio social sino únicamente en el negocio.


