La buganvilla de Rambla Catalunya, ‘pequeño paisaje urbano’ a preservar
Barcelona
El Ayuntamiento y la florista Maria Ponsà firman un convenio para evitar talarla

La buganvilla sigue creciendo en la esquina de rambla Catalunya con Còrsega

La inmensa y frondosa buganvilla convertida en pérgola natural en la esquina de rambla Catalunya con Còrsega finalmente no se talará. La perseverancia de Maria Ponsà, la florista que la plantó, y el apoyo ciudadano, agrandado en su día por Lluís Permanyer, han salvado la espectacular planta, que hace algo más de un año, tras un fuerte episodio de viento, cedió hasta el punto que Parcs i Jardins iba a cortarla y dejarla a un metro de altura. Esta semana, la florista y el Ayuntamiento han firmado el protocolo que no solo garantiza la supervivencia de la planta, sino que la protege incluyéndola en el catálogo de Petits Paisatges Urbans.
El protocolo oficializa que la florista Maria Ponsà y no el Institut Municipal de Parcs i Jardins, será quien cuidará de esta buganvilla, como ha venido haciendo desde que la plantó en el alcorque del árbol situado frente a su tienda. “Estaba en marcha la campaña municipal ‘ Plantem plantes als escocells’ y me quedó una buganvilla que estaba un poco tocada con pocas hojas y que no podía vender... Así que decidí plantarla”, explica Ponsà. Con sus profesionales cuidados y mimos, aquella pequeña buganvilla creció junto al árbol y, como si quisiera entrar en la floristería, de forma natural y bajo la batuta de Ponsà, se convirtió en la frondosa pérgola que es hoy. Todo un símbolo de la calle, una explosión de color sobre el cemento y una celebrada sombra en verano.
Lluís Permanyer encabezó la lucha ciudadana para mantener la frondosa pérgola natural
El problema para Ponsà y la buganvilla llegó tras el episodio de viento huracanado de diciembre de 2024, que hizo que la planta cayera unos 20 centímetros, “Se rompieron unos tensores que la aguantaban”, recuerda. La florista se puso en contacto entonces con Parcs i Jardins para que perimetraran la zona y evitar posibles problemas de seguridad. Sin embargo, para sorpresa suya, desde el instituto municipal se propuso cortar la planta a un metro desde el suelo. “No me lo podía creer, estuve a punto de encadenarme en el árbol”, asegura Maria. Comenzó entonces una campaña ciudadana, con Lluís Permanyer a la cabeza y miles de barceloneses firmando para proteger la buganvilla.
“Para resistir nuevas agresiones eólicas, merece la instalación de una estructura que soporte el techo floral en vez de caer en la tentación brutal de la poda. También merece la protección de incluirla sin dilación en el inventario de pequeños paisajes de interés patrimonial”, escribió Permanyer en estas páginas. Ya hace meses, se descartó talar la buganvilla, pero no ha sido hasta ahora cuando ha podido, por fin, firmarse el protocolo.
Joyas artísticas y naturales de la ciudad
El inventario de Petits Paisatges Urbans de Barcelona incluye medio centenar de objetos y rincones para dar a conocer y proteger su valor artístico, histórico o patrimonial. En la lista figuran carteles como el del Conservatori Femení (Montseny, 2), el de Casa Massana (Ferran, 14), el grafiti del miliciano desconocido (Sant Josep Oriol, 8), el termómetro de Cottet en Portal de l’Àngel, el reloj del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria de la plaza Catalunya, la metralla de Sant Felip Neri, los panots... Y en el apartado natural, además de la buganvilla de rambla Catalunya, figura la encina Verdaguer (en paseo de Gràcia, 103), el pino centenario de Travessera de les Corts, 275, o las trece ocas de la Catedral.
A partir del informe del Institut Municipal del Paisatge Urbà, “la buganvilla forma parte de un entorno catalogado como ‘pequeño paisaje’ siendo de interés municipal la adopción de medidas que garanticen su mantenimiento y conservación”, sentencia el protocolo. Además de reconocer el papel de Maria Ponsà, hay otra figura esencial en este acuerdo. La de Jordi Casanovas, el ciudadano que se ha comprometido a asumir el coste del diseño y la ejecución de la pérgola que servirá para sostener la buganvilla con seguridad y evitar que otro episodio de viento pueda dañar la planta o provocar un accidente o daños a terceros.
Por su parte el Ayuntamiento, se encargará del diseño de esta pérgola, su traslado y su montaje. Y lo más importante, la inclusión de la buganvilla en el catálogo de Petits Paisatges Urbans, lo que supone un elemento de protección y reconocimiento. “Mi objetivo es que la buganvilla pueda seguir viviendo y creciendo aunque yo no esté”, mantiene Ponsà, agradecida a todos los clientes, vecinos y ciudadanos anónimos que han secundado su campaña. Ella, con 72 años, es la cuarta generación de la floristería Ponsà. “Mi tía abuela fue la primera florista de Barcelona y una precursora, viajó por todo el mundo y aprendió en Japón, la India...”, explica. Han servido a familias reales, a artistas, a barceloneses ilustres y a ciudadanos anónimos. Una floristería que con igual esmero cuida de una delicada planta, un ramo de flores, de un adorno navideño o de una buganvilla.


