El florecimiento en la Quinta de los
Ecología
La Comunidad de Madrid designa este espacio Bien de

Habitantes y turistas recorren el espacio madrileño de la Quinta de los Molinos con el fin de contemplar la floración de los almendros.
La floración de los cerca de tres mil almendros de la Quinta de los Molinos vuelve a señalar la llegada de la primavera en Madrid y comienzan a teñir de blanco y rosa el parque, ofreciendo una de las primeras imágenes primaverales de la capital, acompañada del aroma característico de los almendros en flor.
El parque, situado en el distrito de San Blas-Canillejas, se llena de visitantes que recorren sus senderos bajo las hileras de árboles blancos y rosados. Algunas zonas de césped están cubiertas por un manto de pétalos caídos, donde familias pasean y perros corren entre la hierba. La combinación de flores y sol convierte al parque en uno de los espacios más concurridos de la ciudad durante estas semanas.
Este año las flores brotan con retraso
Aunque este año el espectáculo se ha hecho esperar unos días más y podría resultar algo más breve debido al retraso provocado por las bajas temperaturas de las últimas semanas.
“Estamos ya a punto”, explica a Efe Nicolás Fernández, trabajador en prácticas del instituto de Capacitación Agraria, que colabora en el mantenimiento del parque.
Indica que el florecimiento “ha venido un poquito más tarde” y que en ciertos individuos, sobre todo los más jóvenes, “se va a juntar un poco la flor con la hoja”. Tal concurrencia podría mermar la extensión del ciclo floral más vistoso, sin que ello perjudique la estética total del entorno.
La Quinta de los Molinos nació a comienzos del siglo XX y, con el tiempo, la finca se ha transformado en un espacio urbano de gran valor histórico y natural y ha sido declarada Bien de Interés Cultural de la Comunidad de Madrid en la categoría de Conjunto Histórico.
Gran variedad de árboles
El parque cuenta con caminos sinuosos, jardines, estanques, fuentes y edificios históricos como el Palacete de estilo secesión vienesa, la Casa del Reloj o el Invernadero y entre sus ejemplares incluye olivos, pinos carrascos, cipreses, cedros, plátanos, tilos, eucaliptos y arbustos como lilos y rosales que aportan una estampa colorida al parque.
Entre los visitantes se encuentra Gema, vecina que acude habitualmente durante la floración y destaca que los árboles “quedan preciosos porque parece que ha nevado” cuando los pétalos cubren el césped y subraya también “la sensación de olor a flor” que se percibe al recorrer el parque.
Para ella, el espacio ofrece áreas de descanso y un recorrido agradable junto al lago y entre otros frutales que también florecen en esta época.
Hay actividades lúdicas
Igualmente, acuden visitantes como Agustina, una argentina establecida en Barcelona, que ha conocido el parque por ocasión inicial después de oír a su hermana, residente de los alrededores, hablar sobre los almendros.
Explica que el otro día por la tarde paseó por primera vez por la zona y que volvió para recorrer nuevamente los senderos y observar la floración de los almendros de cerca.
Agustina admite que le evoca la época de cerezos en flor de Japón que ha logrado apreciar en imágenes de sus allegados en plataformas digitales y describe su caminata como “una experiencia divina”.
El parque combina la observación de la floración con el paseo y las actividades lúdicas. Los paseantes recorren los senderos, algunos con perros que corren y juegan por el césped y otros con niños, tumbados sobre la hierba bajo la sombra de algún almendro.
Los pétalos caídos forman alfombras naturales sobre las áreas verdes, un fenómeno que, junto con la disposición de los almendros, permite mantener la sensación de primavera durante varias semanas.