El masajista de San Sebastián acusado de agredir sexualmente a tres menores ha sido condenado a 26 años de prisión. La sentencia, dictada por la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, considera acreditados los abusos sexuales y la manipulación psicológica ejercidos sobre las jóvenes, una de las cuales desarrolló una marcada “dependencia emocional” respecto al acusado.
La pena impuesta es sensiblemente inferior a la solicitada por la Fiscalía y las acusaciones, que reclamaban más de 45 años de cárcel y una indemnización conjunta superior a los 160.000 euros. Los hechos se produjeron cuando las víctimas tenían entre 13 y 15 años.
El fallo ha considerado al masajista responsable de agredir sexualmente a las tres adolescentes, delito por el que ha sido condenado a penas que suman 24 años de prisión.
El tribunal le ha impuesto también otros dos años más por ciberacoso a dos de ellas y le ha condenado a compensar con una suma total de 40.000 euros a las tres (10.000, 10.000 y 20.000 euros respectivamente) en concepto de responsabilidad civil por los daños sufridos.
El acusado ha sido inhabilitado asimismo para cualquier profesión que implique contacto con menores de edad durante diferentes períodos de tiempo según las víctimas, y no podrá aproximarse ni comunicarse con ellas, además de permanecer en libertad vigilada varios años una vez sea excarcelado.
Detenido en 2021
El condenado regentaba un centro de masajes en el barrio de Altza. Fue detenido el 11 de mayo de 2021 y, tras declarar ante la juez, quedó en libertad provisional con cargos. Durante el proceso negó haber actuado con intención sexual, aunque admitió haber tratado físicamente a las menores.
Durante el juicio, sin embargo, se relataron graves abusos a las jóvenes, a través del testimonio de las propias víctimas, de sus compañeras y familiares, o de la directora del centro escolar en el que estudiaban.
Así, la directora del colegio y la jefa de estudios explicaron que estaban en una reunión “importante” con el Ayuntamiento cuando varias compañeras de las víctimas, “muy nerviosas”, fueron a reunirse con ellas porque tenían algo que contarles.
Según explicaron, las jóvenes les preguntaron “si era normal que un masajista te tocara los pechos y te metiera los dedos en la vagina”. La respuesta, obviamente, fue que “no, que eso era muy grave”, y les pidieron que dijeran a quién le había ocurrido y que había que contarlo a los padres y poner una denuncia en la Ertzaintza. Una vez que conocieron quién era una de las presuntas víctimas, contactaron con su padre, que acudió al centro y allí le relataron lo ocurrido.
La compañera de las víctimas
Una de las compañeras de las víctimas, mientras, señaló que su compañera le indicó que el procesado “le había metido los dedos en la vagina” y que “llevaba días que no podía dormir y necesitaba contárselo a alguien”. Tenían 12 años cuando comenzaron las presuntas agresiones sexuales. “Le dije que había que contarlo a alguien más mayor y fuimos a donde la jefa de estudios”, señaló.
Por su parte, una ertzaina instructora del atestado, que habló con las tres víctimas una vez denunciaron las agresiones sexuales, explicó que una de ellas no contaba nada delante de sus padres, por lo que pidió a estos poder hablar con ella a solas. Fue entonces cuando la menor le relató que el acusado le había regalado un juguete sexual, lo cual no quería que supieran sus padres, le había tocado los pechos y también la zona vaginal durante un masaje, relato que coincidía con lo que le habían contado las otras dos menores.
El fallo
Según ha dado a conocer el TSJPV en una nota, los hechos declarados probados en la resolución recogen que el acusado contactó con las tres menores, que eran amigas de su hijo y de la hija de su pareja, y les ofreció realizar masajes para aliviar la tensión y estrés.
Tras un intercambio de mensajes a través de diversas aplicaciones telefónicas en las que fue “poco a poco ganándose su confianza”, las menores accedieron finalmente a darse el masaje, donde el acusado, bajo el pretexto de “aliviarlas”, terminaba agrediéndolas sexualmente.
El tribunal también considera probado que el acusado “remitió mensajes a través de aplicaciones telemáticas a fin de llevar a cabo los masajes corporales” a las víctimas.
En su sentencia, la Audiencia destaca que las declaraciones de las tres víctimas fueron persistentes, ya que mantuvieron desde el inicio de la causa una “idéntica versión”, y han estado “exentas de cualquier ánimo torcido que pudiera operar como causa de incredibilidad subjetiva”.
“Las declaraciones de las tres perjudicadas en el acto del juicio han sido claras, rotundas, inconcusas y además plenamente coincidentes entre sí en relación con la mecánica comisiva desplegada por el acusado”, apunta el tribunal que también precisa que sus relatos han estado dotados de “relevantes corroboraciones”.
Entre ellas, “la documental que obra en el procedimiento, en la que consta las transcripciones” de las conversaciones telefónicas mantenidas entre el acusado y las menores y los “contundentes datos” que “apuntalan la afirmación” de que el comunicante era el acusado a pesar de que él lo negó en el juicio.
El caso causó una gran conmoción en San Sebastián. Tras la detención del masajista, el local del acusado sufrió varios ataques, y su hijo, conocido de algunas de las víctimas, denunció varios episodios de amenazas.

