Cuando el mar avanza: ¿Qué hacer en las playas valencianas ante temporales como Harry?
Análisis
Olas de más de seis metros, urbanizaciones amenazadas y arenales desaparecidos reabren el debate sobre la protección del litoral y la falta de soluciones duraderas frente al cambio climático

Efectos del temporal sobre la playa de Tavernes, donde arrancó el balcón de un edificio en primera línea

El último temporal, de nombre Harry, llegó con olas individuales de más de seis metros, elevó el nivel del agua medio metro y, en apenas unas horas, desdibujó la primera línea de gran parte del litoral valenciano. La borrasca no solo ha dejado imágenes espectaculares de fuerza y destrucción; ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta que ya nadie puede esquivar: ¿Cuánto tiempo más podrán resistir las playas valencianas tal y como las conocemos?
Desde Tavernes de la Valldigna hasta Sagunto, pasando por Cullera o Sueca, el temporal ha actuado como una radiografía brutal de un problema estructural. Arenales engullidos por la marea, pasarelas arrancadas, lavapiés destrozados, calles inundadas y, en el caso más grave, la caída de la terraza de un edificio en primera línea de playa en Tavernes, que obligó a desalojar a sus vecinos por precaución. El mar entró donde antes había arena. Y lo hizo con una facilidad inquietante.
La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) lo explica con frialdad técnica: un aumento del nivel del mar de medio metro durante un temporal puede provocar un retroceso de la línea de costa de varias decenas de metros. Traducido al lenguaje de quienes viven allí, significa perder en horas lo que la naturaleza tardó décadas en construir.
En Tavernes de la Valldigna, la playa urbana ha quedado, en palabras del primer teniente de alcalde, Josep Llàcer i Gandia, “devastada”. El embate de las olas derribó un muro y parte de la terraza de un edificio de más de sesenta años, obligando a desalojar a las personas que residían en él y a huéspedes de una pensión cercana.
Desde Tavernes de la Valldigna hasta Sagunto, pasando por Cullera o Sueca, el temporal ha actuado como una radiografía brutal de un problema estructural
“Cada temporal nos cuesta más de un metro lineal de playa”, advierte Llàcer. “Y no solo en anchura: perdemos más de dos metros de volumen de arena en altura”. Los daños se repiten con una frecuencia cada vez mayor, desde temporales como Gloria o Filomena, pero Harry ha dejado claro que el problema ya no es excepcional, sino recurrente.
Todas las infraestructuras de la playa han quedado arrasadas, incluso en plena temporada baja: lavapiés, canalizaciones, pasarelas. El Ayuntamiento reclama ahora una actuación de emergencia al Ministerio para la Transición Ecológica y, sobre todo, una solución definitiva a una regresión que “se arrastra desde hace décadas”.
La angustia se percibe en el relato de Ángeles Oltra, una de las vecinas desalojadas. “El mar estuvo castigando el edificio todo el día. A las cuatro de la tarde se cayó el muro y, acto seguido, la terraza. Fue un estruendo impresionante. Tuvimos que salir corriendo de casa”. Se temían que algo así pudiera ocurrir. “Hoy me ha tocado a mí, pero pueden caer más”, alerta.
Si Tavernes simboliza el golpe directo, Sagunto representa la erosión lenta pero constante. En las playas de Almardà, Corinto, Malvarrosa y Cases de Queralt, el mar ha vuelto a entrar en calles y urbanizaciones, ha anegado un camping y ha arrasado las pocas dunas que aún resistían.
Las asociaciones vecinales llevan años advirtiendo de lo que estaba por venir. Para ellas, Harry no ha sido una sorpresa, sino la confirmación de un escenario anunciado. “No es solo el cambio climático”, denuncian. “Es negligencia institucional, abandono y decisiones políticas erróneas”.

Señalan directamente a la construcción de espigones al norte, a la extracción de sedimentos y a la ausencia de defensas estructurales reales. “Sin playa ya nos hemos quedado. El siguiente paso es quedarnos sin casas”. La crítica es especialmente dura con las soluciones improvisadas, como los muros de arena levantados de urgencia, que el mar devora en cuestión de horas.
Pérez Llorca critica la “inacción” del Gobierno
El alcalde de Sagunto, Darío Moreno, reconoce la preocupación vecinal, pero subraya los límites competenciales del Ayuntamiento. “Solo podemos actuar en emergencias, y eso hicimos”, explica. Las actuaciones ambientales dependen del Ministerio y tienen una tramitación larga. Mientras tanto, asegura, las medidas provisionales han evitado daños mayores.
El debate político ha acompañado al temporal casi al mismo ritmo que las olas. El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, ha criticado la “inacción” del Gobierno de España en la protección de la costa valenciana y ha anunciado un Plan Especial de Mejora y Modernización de playas dotado con dos millones de euros para accesos, mobiliario y sostenibilidad.
El Gobierno subraya que se han invertido 144 millones en la regeneración de las playas de valencia
Desde el Gobierno central, el subdelegado en Valencia, José Rodríguez, defiende el compromiso del Ejecutivo y recuerda que se han invertido más de 144 millones de euros en la regeneración de playas en la Comunitat Valenciana, incluidos proyectos por valor de 43 millones en Sagunto, Canet, Cullera o Sueca, “la mayor inversión en regeneración de la costa en la historia de España”.
La Demarcación de Costas ha iniciado inspecciones para evaluar daños y actuar donde sea competente. Pero sobre el terreno, la sensación es que las cifras millonarias no se traducen en una protección duradera.
Pepe Serra, catedrático de Puertos y Costas de la Universitat Politècnica de València, señalaba ayer en la Cadena SER que el problema no está en que haya temporales —“son normales en el Mediterráneo”— sino en que el cambio climático los ha hecho más duros, con olas más altas y un nivel del mar más elevado.
Los expertos abogan por construir arrecifes artificiales a unos 200 metros de la costa
“Antes las playas cedían arena durante el temporal y recuperaban parte después. Ahora la pierden para siempre”, explica. A ello se suma un cóctel letal: ríos que ya no aportan sedimentos porque quedan retenidos en embalses y azudes, y grandes infraestructuras, como el puerto de València, que cortan las corrientes naturales y desequilibran el reparto de arena entre el norte y el sur.
La respuesta administrativa, centrada casi exclusivamente en aportes de arena, no convence al experto. “Es tirar el dinero. El siguiente temporal se la vuelve a llevar”. Serra defiende un enfoque integral: trasladar arena de donde sobra a donde falta, recuperar sedimentos fluviales y, sobre todo, construir arrecifes artificiales a unos 200 metros de la costa para reducir la altura y la violencia de las olas.
“Esos arrecifes son compatibles con la pesca y evitarían la pérdida masiva de arena”, subraya. Son una solución conocida, estudiada y prometida durante años, pero que nunca llega a ejecutarse.

La borrasca Harry ha sido algo más que un episodio meteorológico extremo. Ha actuado como un aviso. Con un solo temporal, playas enteras han quedado dañadas y barrios costeros han vivido con el agua a las puertas de casa, y no es la primera vez, varios episodios en los últimos años han mostrado el riesgo para las playas valencianas. Si el nivel del mar sigue subiendo y los temporales se intensifican, la pregunta ya no es si habrá más Harry, sino cuándo.
En juego no está solo el turismo o el paisaje. Están los hogares, la biodiversidad, la seguridad y un modelo de litoral que durante décadas ha vivido de espaldas a su propia fragilidad. El mar ha hablado con claridad. Ahora falta saber si las administraciones, esta vez, están dispuestas a escuchar.


