La especialista Ana Santamarina detalla que al cumplir los 40 la herencia biológica no es suficiente y destaca la práctica que genera una transformación verdadera en el cutis.
Belleza
La experta en formulaciones señala que existe una rutina semanal fundamental para promover la regeneración de la dermis.

La experta en dermocosmética y formulación, Ana Santamarina

El régimen de belleza tiene que ajustarse a los requerimientos que presenta el cutis en cada etapa. El estado dérmico de una joven difiere considerablemente del de una persona que supera los 50 años. No obstante, existe un periodo vital que representa un cambio drástico vinculado al inicio de la pérdida de firmeza y diversas señales de la edad.
“Con 25 años es muy fácil tener la piel bien, pero a partir de los 40 hay que trabajársela mucho… y hay que ir con todo”, señala la especialista en dermocosmética y formulación Ana Santamarina, quien recomienda apostar por un régimen de belleza adecuado para mitigar las líneas de expresión, las manchas, la falta de luminosidad y la pérdida de firmeza, los cuatro rasgos que suelen acentuarse al alcanzar esta etapa.

Según señala la creadora de Santamarina Cosmetics: “las líneas de expresión las vamos a tener todos. Pero un tono irregular y con manchas apaga muchísimo la piel. En cambio, un tono uniforme la hace muchísimo más bonita”. Una meta que resulta posible alcanzar mediante un régimen que trate cada aspecto del envejecimiento y que se fundamenta en emplear antioxidantes en las mañanas y regeneradores en las noches.
Una tonalidad desigual y con imperfecciones opaca considerablemente el cutis.
Al iniciar la jornada, el aseo facial debe ser delicado, seguido de la aplicación de un suero de vitamina C que contenga su versión más íntegra: el ácido ascórbico. “Si quieres tratar manchas de verdad, tiene que ser ácido ascórbico. Es lo que unifica el tono, mejora las arruguitas y ayuda a la firmeza”, señala la especialista.

Posterior al sérum, resulta fundamental emplear un protector solar con elevada protección UVA. “Sin protección solar, todo lo demás se queda corto. No solo es prevención: también frena la aparición de nuevas manchas”, enfatiza.
Durante las horas nocturnas, el retinol destaca como el componente principal del cuidado facial al combinarse con tres potentes agentes contra las manchas. “La rutina nocturna es donde ocurre la magia”, afirma Santamarina, quien sugiere efectuar habitualmente una limpieza doble con el fin de asegurar que los ingredientes activos logren una penetración mucho más profunda. Respecto al retinol, propone su aplicación de cinco a seis veladas semanales, a condición de que la dermis se encuentre previamente habituada a este compuesto.

Asimismo, hay una combinación de ácidos que permite atenuar las manchas, la textura y las imperfecciones. Consiste en el ácido azelaico o azeloglicina junto al ácido tranexámico, una fórmula que transforma la apariencia cutánea en un periodo breve.

Sin embargo, si existe un paso que realmente destaca, es el uso del ácido glicólico para favorecer una mayor regeneración. “Una noche a la semana uso glicólico y no aplico nada más. Solo el glicólico. Es una forma de darle un impulso extra a la textura y la luminosidad”, indica la profesional, quien precisa que el cierre del cuidado diario requiere una crema nutritiva que fortalezca la barrera protectora.

