Belleza

Desde el rasurado ideal hasta el injerto de barba: las actuales tendencias de estética masculina

Cuidado masculino

El cuidado facial masculino se ha vuelto cotidiano y está evolucionando, ampliándose desde la higiene personal en el hogar hasta las barberías y clínicas especializadas.

En España los hombres utilizan una media de 5,7 productos cosméticos al día

En España los hombres utilizan una media de 5,7 productos cosméticos al día

The Today Project

En los años ochenta, cuando Bret Easton Ellis ubicaba la obsesión por el cuerpo dentro del mundo hipercompetitivo de Wall Street, el rostro masculino debía lucir implacablemente impecable. El Patrick Bateman de American Psycho se contemplaba en el espejo con la cara recién afeitada, la piel tensa y bronceada, sin rastro alguno de barba. En ese entorno corporativo, el vello facial era una anomalía que sugería desorden, negligencia, falta de confiabilidad y hasta ecos de socialismo.

Desde entonces hemos pasado del afeitado impecable a los tres días de barba crecida; del hipster con barba abundante de la década de 2010 al regreso actual de barbas más definidas, bigotes nítidos o perillas controladas. El vello facial va y viene como los pantalones campana, pero siempre ocupa un lugar clave en la construcción de la imagen masculina. Emmanuel Carrère lo demostró en su novela El bigote: basta quitar un detalle del rostro para que la identidad comience a desmoronarse.

La barba aparece y desaparece como los pantalones campana, pero siempre mantiene un papel fundamental

De hecho, los cambios nunca son meramente estéticos. Implican una dimensión social y hasta una interpretación económica. El mercado global de productos relacionados con el cuidado facial masculino —incluyendo barba, piel y cabello— mueve entre 45.000 y 52.000 millones de euros al año, según estimaciones del sector, con una tendencia al alza constante. En España, los hombres emplean un promedio de 5,7 productos cosméticos diarios, frente a 8,5 en las mujeres. Hoy el rostro simboliza la identidad pero también se convierte en un espacio de inversión diaria, práctica y repetida, especialmente entre quienes tienen menos de 30 años.

“El cambio ha sido profundo y, sobre todo, cultural”, detalla Paola Gugliotta, quien creó en 2008 la compañía barcelonesa de productos de belleza de lujo Sepai y es la responsable de The Today Project, un plan orientado al autocuidado consciente. “Hace quince o veinte años, el hombre que se cuidaba era etiquetado como 'metrosexual'; hoy esa estigmatización ha desaparecido por completo”, asevera la empresaria.

Firma barcelonesa de cosmética de lujo Sepai para hombre
Firma barcelonesa de cosmética de lujo Sepai para hombreThe Today Project

“Prácticamente no conozco hombres que no tengan su propia crema o que no utilicen, al menos, las de su pareja. Las marcas han tenido que adaptarse a esta normalización con discursos más prácticos y menos aspiracionales”, añade. De hecho, según señalan desde la multinacional Nivea: “El cuidado de la piel masculina se ha integrado en la rutina cotidiana, igual que el rasurado o el deporte”.

Dicha transición se manifiesta igualmente en las metas. “Más que un cambio de modelo, hay un cambio de expectativa”, sintetiza Gugliotta. “La mayoría de los hombres hoy no busca un rostro corregido, sino una piel sana, uniforme y funcional. El objetivo no es transformar el rostro, sino mejorar su calidad sin alterar su identidad. Buscan practicidad, quieren pocos pasos, idealmente uno solo”, agrega.

En la actualidad, gran parte de los varones no persigue un rostro retocado, sino una piel saludable, homogénea y práctica.

Paola Gugliotta

En consecuencia, no todos pretenden ser nuevos Bateman y, pese a que crezca el interés por los retoques en la mandíbula, el mentón o los contornos del rostro, numerosos varones continúan viendo en el vello facial un espacio de prueba mucho más versátil. Perfeccionan su apariencia mediante un recurso temporal, apto para brindar definición, personalidad e incluso un relato propio, sin eliminar facciones ni aplicar modificaciones definitivas.

Las barberías representan santuarios de ese cambio supervisado. “El llamado grooming masculino no va de exhibición, sino de precisión y consistencia, una ceremonia que va mucho más allá de la butaca”, comentan desde Pankhurst London, una firma de salones exclusivos surgida en el distinguido distrito de Mayfair. 

Peluquería neo-vintage en Florencia 
Peluquería neo-vintage en Florencia Blues Barber

Una idea similar describen en Blues Barber, barbería neo-vintage de Florencia: “el hombre contemporáneo ha redescubierto el placer de mirarse al espejo no desde la vanidad, sino desde la identidad. La rutina se ha convertido en ritual. En cuanto a tendencias: en 2026 el bigote crecerá, convirtiéndose en un signo distintivo de carácter y refinamiento”, aseguran.

Comparten dicha valoración aquellos que han observado el desfile de diversas promociones masculinas, tendencias de vello facial y formas de mirarse ante el cristal. De acuerdo con Manuel Gil, responsable de Barbería Manolo’s —establecida en 1854 en la calle Escudellers de Barcelona, la de mayor trayectoria en España— “Hoy se piden estilos más naturales. Caras ordenadas, con pelo, pero sin barbas excesivas”. Durante la década de los noventa, rememora, “el hombre iba completamente depilado. A partir de ciertos movimientos culturales, especialmente vinculados al mundo LGTBI+, se abrió un camino que luego se normalizó”.

Anualmente, multitud de varones se trasladan a Estambul con el fin de realizarse tratamientos capilares.

Dicho esto, no todos los hombres crecen una barba plena, y en algunos casos esto puede generar insatisfacción. Para quienes poseen poco vello, ajustarse al ideal estético vigente resulta más difícil. Surgen entonces dos opciones: la aceptación o la corrección, y esta última puede buscarse cerca de casa o en un viaje exótico.

Cada año, miles de hombres viajan a Estambul para someterse a tratamientos capilares: clínicas especializadas, paquetes completos con vuelos y alojamiento incluidos, precios atractivos. El sector genera en el país un volumen de negocio estimado en torno a los 2.000 millones de dólares anuales. En los aeropuertos del Bósforo, los peregrinos de la tricología ya son una vista común, identificables en filas de cabezas afeitadas cubiertas por vendajes recientes.

El 'grooming' masculino no va de exhibición, sino de precisión y consistencia
El 'grooming' masculino no va de exhibición, sino de precisión y consistenciaPankhurst London

Sin embargo, esta tendencia ya no se restringe solo a la zona capilar. Conforme a la International Society of Hair Restoration Surgery (ISHRS), los implantes faciales —barba, bigote o cejas— se incrementaron un 196 % entre 2012 y 2014 y un 121 % más entre 2014 y 2019. En España, los centros especializados corroboran este avance. “El trasplante de barba ha dejado de ser una rareza para convertirse en una consulta cada vez más habitual”, señala el doctor Ignacio Sevilla, director médico y especialista en cirugía capilar de la clínica Svenson de Madrid.

El proceso comienza con la extracción de pequeños mechones de cabello de la nuca, los cuales luego se implantan en el rostro. En el caso de la barba, los requisitos son particularmente rigurosos: los folículos deben insertarse con una angulación exacta, pues la cara siempre está visible y cualquier irregularidad se nota al instante. “Por eso no aceptamos todas las peticiones”, explica Sevilla. “El diseño debe adaptarse al rostro y al tipo de pelo para que el resultado sea natural”.

El transplante de pelo a la barba es cada vez más habitual
El transplante de pelo a la barba es cada vez más habitualSvenson

La rivalidad económica en el sector del turismo estético es un hecho, no obstante, el facultativo recalca la importancia de centrar la discusión en los avales sanitarios. “No se puede partir de una valoración telemática basada solo en fotografías. Es fundamental una evaluación presencial que permita planificar adecuadamente la intervención y garantizar el seguimiento”. Asimismo, el acompañamiento del cirujano durante cada etapa del tratamiento, el manejo de eventuales contratiempos y el diálogo en un idioma compartido integran esa idéntica filosofía de vigilancia y protección.

Lo que antes era un tabú ha sido poco a poco sustituido por una creciente conciencia: cuidarse no es un asunto de género ni algo que deba ocultarse. Sin embargo, el cuidado meticuloso que los hombres dedican hoy a su rostro no implica necesariamente una obsesión por la perfección ante el espejo. Dorian Gray optó por el pacto faustiano. Afortunadamente, ahora hay alternativas menos drásticas.

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