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Rafael Santandreu, psicólogo: “Quejarse es inútil, una pérdida de tiempo. La gente se vuelve neurótica y tenemos ansiedad y depresión por la queja”

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El mensaje central de Rafael Santandreu es claro: el hábito de quejarse es uno de los mayores enemigos de nuestro bienestar

Retrato Rafael Santandreu

Retrato Rafael Santandreu

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El psicólogo Rafael Santandreu lleva años divulgando sobre bienestar, y apunta que uno de los principales obstáculos para alcanzar una vida plena y equilibrada es el hábito de quejarse. Según Santandreu, las personas que se quejan constantemente están mucho más propensas a caer en trastornos como la ansiedad y la depresión. ¿Por qué? Porque la queja, lejos de ayudarnos a resolver los problemas, genera un círculo vicioso de emociones desbordadas y malestar innecesario. Santandreu no solo ofrece una crítica a la queja, también una solución: entrenar nuestro diálogo interno, aprender a no reaccionar de forma exagerada ante los problemas cotidianos y, sobre todo, desactivar la queja antes de que se convierta en un hábito. En sus palabras, “quejarse es inútil y una pérdida de tiempo”.

Vivimos en una sociedad que parece estar siempre buscando razones para quejarse. Desde pequeñas cosas que nos molestan en el día a día, como perder el autobús o tener una reunión más larga de lo que esperábamos, hasta problemas más graves como enfermedades o conflictos personales. Muchas veces, quejarnos parece ser la forma más natural de liberar el estrés y la frustración. Pero, el psicólogo Rafael Santandreu nos alerta de que este comportamiento puede ser una de las principales causas de nuestra ansiedad y depresión. “La gente se vuelve neurótica, tenemos ansiedad, depresión y demás por la queja. Nos invade el hábito malicioso de quejarnos, y ahí es cuando se lía”.

La respuesta, según Santandreu, está en entrenar nuestro diálogo interno 
La respuesta, según Santandreu, está en entrenar nuestro diálogo interno Getty Images/iStockphoto

Santandreu explica que la queja no solo es inútil, sino que al final empeora la situación. Cuando nos quejamos, nuestra mente entra en un círculo de pensamientos negativos, exagerando los problemas y desbordando lo que sentimos. Y esto no solo nos hace sentir peor, sino que también nos aleja de las soluciones efectivas a nuestros problemas. Para ilustrar lo que explica, Santandreu invita a pensar en la vida de Stephen Hawking, uno de los científicos más brillantes de la historia. A pesar de vivir la mayor parte de su vida con la enfermedad de la ELA, que lo dejó inmovilizado y dependiente de otros para realizar las tareas más básicas, Hawking no solo sobrevivió, sino que vivió una vida plena: se casó dos veces, tuvo hijos y fue una persona feliz. “Quejarse es inútil y una pérdida de tiempo”, era uno de sus lemas más importantes.

¿Cómo aprender a no quejarse y a cambiar la forma de enfrentar las cosas?

La respuesta, según Santandreu, está en entrenar nuestro diálogo interno. “Lo que tienes que hacer es entrenarte, como cuando vas al gimnasio”, explica. Esto implica revisar y modificar cómo nos hablamos a nosotros mismos cuando algo no sale como esperamos. Por ejemplo, si alguien nos dice algo desagradable en el trabajo, nuestra reacción podría ser pensar: ”¡Qué maleducado! Esto no lo puedo tolerar”, pero en verdad deberíamos pensar: “Ok, esto no me ha gustado, pero no es el fin del mundo ni la guerra nuclear”. Este simple cambio puede ayudarnos a reducir la intensidad emocional de la situación y evitar que la queja se apodere de nosotros. 

Porque quejarse de las pequeñas adversidades no solo es ineficaz, sino que también puede ser perjudicial a largo plazo. Según Santandreu, cuando nos quejamos, “las otras personas sobreaccionan también a tu queja, lo que genera más conflicto y sufrimiento”. Y es que la queja, no solo nos afecta a nosotros, también a las personas a nuestro alrededor, creando un ambiente negativo.

Por tanto, Santandreu defiende que la mejor estrategia es mantener nuestras emociones lo más suaves posibles. No significa ignorar los problemas, sino mantener una perspectiva equilibrada y racional. Cuando las emociones son suaves, las soluciones tienden a llegar de forma más natural y efectiva. En lugar de hacer un “pollo” por cualquier cosa, lo mejor es mantener la calma, buscar una solución y avanzar.

En lugar de hacer un “pollo” por cualquier cosa, lo mejor es mantener la calma, buscar una solución y avanzar 
En lugar de hacer un “pollo” por cualquier cosa, lo mejor es mantener la calma, buscar una solución y avanzar Getty Images

Finalmente, Santandreu nos anima a hacer de este entrenamiento del diálogo interno una práctica de cada día. Cada vez que nos encontremos ante un problema, debemos recordarnos que no se trata del fin del mundo y que quejarnos solo nos hará sentir peor. De esta forma, podremos disfrutar de una vida más tranquila, libre de quejas innecesarias y enfocada en soluciones, lo que ayudará a reducir nuestra ansiedad y estrés.

Por tanto, el mensaje central de Rafael Santandreu es claro: el hábito de quejarse es uno de los mayores enemigos de nuestro bienestar. Al entrenar nuestro diálogo interno y desactivar la queja, podemos afrontar las adversidades de la vida de manera mucho más efectiva y ser más felices en el proceso. La queja no nos ayuda a resolver problemas, solo alimenta el sufrimiento.

Laura Villanueva

Laura Villanueva

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Licenciada en Periodismo Deportivo por la Universidad Pompeu Fabra. Actualmente, SEO y redactora de audiencias en Guyana Guardian. He trabajado en Diario de Navarra y Mundo Deportivo

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