Norberto Abdala, médico psiquiatra, sobre las discusiones de pareja: “El enamoramiento, al principio, suele implicar mirar al otro no tanto como es sino como uno quisiera que fuera. El problema surge cuando la convivencia va mostrando al otro en su complejidad real”
Parejas
Toda pareja busca cierto equilibrio, pero a veces uno de los miembros pretende dominar, decidir o controlar, mientras el otro se siente sometido o desvalorizado
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Norberto Abdala, médico psiquiatra
Toda relación de pareja atraviesa conflictos como parte natural de un vínculo en el que dos personas distintas intentan compartir la vida, los afectos y los deseos.
Una de las causas más frecuentes de conflicto es la diferencia que suele generarse entre las expectativas iniciales existentes con la realidad posterior cotidiana en la relación.
¿Dónde está el problema?
La idealización es un fenómeno central en el comienzo de las relaciones amorosas que constituye una suerte de “encantamiento”, donde cada miembro deposita en el otro las cualidades que desea encontrar.
El enamoramiento, al principio, suele implicar mirar al otro no tanto como es sino como uno quisiera que fuera. El problema surge cuando la convivencia o el paso del tiempo va mostrando al otro en su complejidad real y las imperfecciones, los límites y las diferencias comienzan a emerger.

Si las necesidades afectivas -atención, cuidado, valoración- no son satisfechas o son negadas, se despiertan sentimientos de soledad o de injusticia.
En esos casos, la queja o el reproche reemplazan el diálogo y cada miembro de la pareja se defiende en lugar de intentar comprender al otro.
Toda pareja busca cierto equilibrio, pero a veces uno de los miembros pretende dominar, decidir o controlar, mientras el otro se siente sometido o desvalorizado.
En otros casos, la dependencia emocional excesiva -el temor a perder al otro o a quedarse solo- puede generar conductas de celos o control. Desde el psicoanálisis, se entiende que estas luchas no son sólo actuales, sino que repiten modelos tempranos de relación.
El modo en que cada persona aprendió a vincularse con sus figuras de apego suelen reactivarse en la vida amorosa adulta.
Quien en la infancia sintió que debía agradar para ser querido tenderá a ceder demasiado; quien se sintió invadido o controlado buscará mantener distancia.
A lo largo del tiempo, la pareja atraviesa etapas: convivencia, hijos, envejecimiento, jubilación, que implican adaptaciones y pérdidas. Las crisis suelen aparecer cuando uno de los miembros cambia y el otro no puede acompañar ese proceso.

A veces los conflictos no surgen por lo que se hace, sino por lo que se deja de compartir por falta de proyectos comunes o de intimidad.
La madurez emocional de la pareja se pone a prueba en ese tránsito. Si ambos logran tolerar la pérdida del ideal y aceptar al otro con su ambigüedad -con lo que gusta y lo que irrita, con su deseo y su distancia- puede nacer un vínculo más auténtico y profundo.
Pero si el duelo por la idealización no se elabora, surgen reproches, decepciones y un sentimiento de engaño: “No sos el mismo de antes”, “Me defraudaste”, “Te desconozco”. En realidad, lo que cambió no fue tanto el otro, sino la mirada de uno.
Los conflictos de pareja surgen cuando el amor, el deseo y la necesidad de reconocimiento se cruzan con las diferencias personales, los miedos y las heridas del pasado.
En sí mismos estos conflictos no son inevitables ni destructivos ya que pueden ser oportunidades de crecimiento si se los entiende como parte del proceso de aprender a aceptar al otro tal como es y no sólo como se lo imaginó.
