Adriana Castro, neurocientífica de la Universidad de Málaga, sobre nuestra inteligencia actual: “Ciertos trastornos mentales son residuos evolutivos”
Cambios cruciales
La divulgadora se sostiene en las dos grandes evoluciones del cerebro en la historia humana
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Los trabajos creativos son muy adecuados para personas con TDAH
QuirónSalud define el TDAH, siglas de Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad, como “un trastorno que se manifiesta en la primera infancia con síntomas de impulsividad, hiperactividad o inatención. Estos signos afectan al funcionamiento cognitivo, académico y social, así como a las emociones y el comportamiento. Según los síntomas fundamentales hay varios subtipos: predominio de hiperactividad o impulsividad, inatento, mixto”. En la actualidad, tiene una afectación del 3,3% en la población adulta española.
Si bien el TDAH se detecta y diagnostica a una edad temprana, todavía quedan muchas personas que no han pasado por una consulta psicológica. Según un informe de Takeda compartido por IM Médico, los costes de esta carencia alcanzan los 13,3 millones de euros anuales en nuestro país. Sin embargo, una pregunta planea sobre el aire: ¿de dónde surge y a qué se debe esta enfermedad? La respuesta puede estar en nuestro pasado, tal y como detalla Adriana Castro, neurocientífica de la Universidad de Málaga.

Mediante una serie de estudios realizados con el ADN de 200.000 generaciones humanas, un grupo de científicos logró determinar las dos grandes fases de evolución del cerebro humano en nuestra historia: “La primera, entre tres millones y 300.000 años atrás, coincidió con la diversificación de los primeros Homo, como Homo habilis y Homo erectus, especies que fabricaban herramientas, dominaban el fuego y mostraban un aumento progresivo del cerebro. “La segunda ocurrió entre 300.000 y 2.000 años atrás, con un punto culminante hace unos 55.000 años, cuando Homo sapiens se expandió fuera de África.
“Esta etapa estaba relacionada con cambios más acelerados en el cerebro, la cognición y el comportamiento, ya que muchas de las habilidades o conductas que definen a nuestra especie como el lenguaje, la planificación o la imaginación, surgieron en esa etapa de transformación. Es decir, bastante tarde en nuestra historia como seres humanos. Durante esa segunda oleada, el cerebro humano se reorganizó. La corteza cerebral, la capa externa relacionada con el pensamiento abstracto, la memoria y el lenguaje, se expandió, sobre todo en regiones como el área de Broca, involucrada en el lenguaje y la cognición simbólica”, amplió.

De protección a problema
Estos genes más jóvenes pueden ser los responsables de trastornos como el TDAH u otras afectaciones psicológicas: “Dichas variantes se asocian a depresión, ansiedad y TDAH y son, en promedio, mucho más jóvenes que las relacionadas con la inteligencia o el tamaño del cerebro. Además, se concentran precisamente en las áreas vinculadas al lenguaje, la imaginación y la empatía. Los investigadores proponen que, a medida que el cerebro se volvió más complejo y flexible, también aumentó su susceptibilidad a la desregulación emocional. La evolución, en cierto modo, habría intercambiado estabilidad por creatividad”.
“los rasgos que hoy consideramos problemáticos pudieron ser subproductos adaptativos de una mente en expansión. Por ejemplo, la ansiedad ayudaba a anticipar peligros, la impulsividad a explorar nuevos territorios y la hipersensibilidad emocional a fortalecer los vínculos sociales. Así, los mismos genes que nos dieron una mente flexible y adaptable, y que alguna vez garantizaron nuestra supervivencia, son también los que podrían influir en nuestra fragilidad emocional”, remarcó.

