Fernando Díez, docente de la Universidad de Deusto, sobre cuándo empezamos a ser personas maduras: “Las etapas de la vida ya no duran ni significan lo mismo”
Cambio de fases
La llegada de la madurez cerebral y la vejez ya no están tan marcadas como antaño
Alberto Pérez-López, profesor de la Universidad de Alcalá, sobre los beneficios del ejercicio para perder peso: “Movernos más sí aumenta el gasto total de energía”

Una pareja discutiendo
La vejez, a pesar de ser la última etapa de la vida humana, todavía puede dar para una gran cantidad de momentos, recuerdos y acontecimientos. Una buena dieta, combinada con hábitos de ejercicio saludables y una estructura mental positiva, permiten al cuerpo aguantar mucho más tiempo de lo que uno pueda imaginar. A menudo, la veteranía también supone vivir en una lotería que nunca acaba, sin saber qué te afectará. Por ello, no solo hay que respetar a los mayores, sino también cuidarlos y quererlos.
Son muchas las voces que se han pronunciado sobre la longevidad humana en distintos ámbitos, entre ellos el de las distintas etapas que la componen. Desde tiempos inmemoriales, se ha pensado que seguimos un recorrido fijado, predeterminado desde que nacemos. Sin embargo, la realidad resulta muy distinta, atendiendo a otros factores. Un hecho que han comentado en profundidad Fernando Díez, profesor asociado de la Universidad de Deusto, en Bilbao; y Elene Igoa, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias de la Salud.

“Durante décadas dimos por sentado que la vida avanzaba siguiendo un mapa fijo: estudiar, formarse, trabajar, formar una familia, jubilarse. Una secuencia lineal, ordenada y relativamente predecible. Sin embargo, en los últimos años ese mapa ha empezado a desdibujarse. La longevidad crece, la natalidad cae, el trabajo se transforma, las familias se retrasan y la neurociencia revela que maduramos más tarde de lo que creíamos. Con ello, las etapas de la vida ya no duran lo mismo ni significan lo mismo”, exponían en un artículo de The Conversation.
“Gracias a los avances médicos, nutricionales y tecnológicos, las personas no solo vivimos más, sino mejor. La esperanza de vida supera en muchos países los 85 años y la llamada ‘vida útil’ se estira: seguimos física y cognitivamente activos mucho más tiempo que generaciones anteriores. Este fenómeno, que algunos expertos denominan paso de una sociedad envejecida a una sociedad de longevidad, implica que las fronteras entre juventud, madurez y vejez se vuelven más difusas”, informaban ambos docentes.

Etapas más divididas
Según sus palabras, las “fronteras” de la vida se dividen ahora en varias “microetapas”: una infancia más estimulada, pero no necesariamente más larga, una juventud extendida casi hasta los 30, una adultez que empieza más tarde y se vuelve más diversa y un envejecimiento dividido entre una vejez activa (65-80) y una vejez avanzada (80+). “Las decisiones vitales ya no están ordenadas cronológicamente. Algunas personas estudian con 50, otras emprenden con 60, otras se reinventan con 35 y otras deciden no seguir un camino convencional. La flexibilidad amplía las oportunidades, pero también multiplica las dudas”, contaban.
“El futuro no será de quién viva más, sino de quienes sepan rediseñar la vida en función de estos cambios. Vivir más debería ser sinónimo de vivir mejor: con más aprendizaje, más relaciones, más proyectos y más libertad para elegir. Y para que eso sea posible, nuestras instituciones, nuestra cultura y nuestras propias expectativas deben actualizarse. Porque vivir más años no es el reto. El reto es reimaginar la vida que queremos vivir dentro de esos años”, concluían.

