Arthur Brooks de Harvard sostiene que el motivo por el cual ganas dinero define tu felicidad más que el dinero.
Salud mental
De acuerdo con el experto, esa sensación de desahogo suele confundirse con la dicha personal, puesto que tras reducirse tales tensiones, contar con ingresos superiores no incrementa la satisfacción particular.
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Arthur Brooks
El profesor de Harvard, Arthur Brooks centró uno de sus recientes mensajes en redes sociales en que el volumen de capital acumulado no constituye el elemento determinante para alcanzar la plenitud, sino el motivo que subyace tras su obtención.
Mediante la expresión “el dinero no es lo que determina tu felicidad, el motivo por el que lo ganas, sí”, el investigador pretendió refutar la noción generalizada de que reunir capital financiero desemboca mecánicamente en una prosperidad superior.
Una visión equivocada sobre la dicha en nuestra rutina diaria.
Conforme a su evaluación, este malentendido surge de creer que el capital puede mitigar exigencias muy particulares del día a día.
Brooks describió minuciosamente el proceso afectivo que ocurre al momento en que un individuo incrementa de forma leve sus ganancias. Mencionó que “pensamos que cuantos más recursos tengamos, mejor, que eso nos hará más felices. Eso es un error. Por eso la abuela decía que el dinero no puede comprar la felicidad”.
Desde su punto de vista, los medios financieros “te permiten aliviar muchas fuentes de infelicidad a niveles bajos”, sobre todo ante la presencia de sentimientos desfavorables originados por situaciones críticas.
Lograr costear la renta o dejar de perder el sueño por los recibos, ilustró, produce una sensación de desahogo auténtico, mas tal desahogo no debe equipararse con la dicha plena.

No obstante, ese progreso al principio tiende a entenderse de forma incorrecta. “Te sientes menos infeliz porque puedes pagar el alquiler, porque no te pasas toda la noche despierto preocupándote por las facturas, porque tus hijos satisfacen sus necesidades calóricas. Pero no hace falta mucho para saciar eso, para llegar a la cima”, indicó.
Al sobrepasar ese límite, señaló, se manifiesta una conducta compulsiva: “después de eso, persigues, persigues, persigues, persigues, durante el resto de tu vida”.
Satisfacción vital
Brooks asemejó este proceso a “una extraña rueda de hámster”, donde el sujeto ya no persigue la plenitud, sino recrear el sentimiento inicial gratificante que experimentó “cuando recibió su primer gran sueldo”.
Análisis de la Universidad de Princeton y de la propia Harvard han demostrado que, alcanzado un punto de equilibrio, el aumento de los ingresos apenas transforma los índices de bienestar emocional, mientras que la vocación, los lazos sociales y la utilidad del empleo sí lo consiguen.
Entender este proceso resulta fundamental para evitar transformar la existencia en una competición perpetua por los números y comenzar a cuestionarse sobre los impulsos auténticos que orientan el empeño diario.
El profesor finalizó su análisis mediante una representación muy visual de la situación presente. “Y te metes en esta extraña rueda de hámster buscando el alivio que sintieron por primera vez cuando recibieron su primer gran sueldo”, terminó, recalcando que el punto esencial no es rechazar el capital, sino ubicarlo en la posición adecuada dentro del plan de vida.
