Bienestar

Heather Massey, profesora de la Universidad de Portsmouth, sobre la moda de las saunas o baños fríos en el cuerpo: “Aún no tenemos pruebas suficientes para afirmar que son beneficiosos”

Poder acuático

El nadador malagueño Christian Jongeneel durante una travesía en aguas abiertas

El nadador malagueño Christian Jongeneel durante una travesía en aguas abiertas

Jongeneel

Sea invierno, primavera, verano, otoño, una tarde al aire libre o un día de descanso en casa, es conveniente estar hidratado en todo momento. Cada cuerpo es un mundo, por lo cual la cantidad de agua a beber cada día puede variar de persona en persona. Recientemente, la revista Science ha publicado el mayor estudio sobre la cuestión hasta la fecha, con 5.600 participantes de entre 8 y 96 años en 23 países. Las conclusiones desvelan que los famosos dos litros diarios son una cifra ligeramente exagerada, y que deberíamos consumir, de media, entre 1,3 y 1,5 litros.

A pesar de ello, las cifras son dispares dependiendo del país. Según las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos, la cifra indicada sería de 3,7 litros en hombres y 2,7 litros en mujeres, teniendo también en cuenta otros líquidos y alimentos con un gran volumen. Sin embargo, también se considera favorable su uso en otros métodos para mantener el cuerpo estable, como los baños de agua fría o sesiones en una sauna. Pero, según la profesora Heather Massey, todavía no se tiene total certeza de que esto funcione.

Pareja en una sauna
Pareja en una saunaPetri Jauhiainen / istock

“Mucha gente confía ciegamente en la exposición al calor y al frío, pero aún no tenemos pruebas suficientes para afirmar que sea categóricamente beneficiosa”, explica la docente asociada de la Universidad de Portsmouth, especializada en entornos extremos y fisiología. Aun así, existen algunas instancias en las que el cuerpo se encuentra más a gusto en ciertos extremos. Esto se debe, según sus palabras, a la capacidad que tenemos de mantener una temperatura corporal estable entre los 36,5 y 37 grados.

Uno de los ejemplos, vinculado a la sauna, es el de sudar: “Cuando te sientas en una sauna y sudas, puedes sentirte más suelto, más libre, con un poco más de movilidad, y tus dolores y molestias pueden desaparecer un poco por sí solos. Así que definitivamente hay algún beneficio al usar la sauna, pero la pregunta es si se trata de un beneficio para la salud a largo plazo o más bien algo psicológico”. Una de las varias investigaciones que se ha llevado a cabo constata, tras el uso de un jacuzzi en repetidas ocasiones, que pueden existir cambios en la insulina y la presión arterial.

Ricardo Fuciarelli, un Navy seal jubilado e instructor de Extreme Seal Experience, entrena al grupo en prácticas acuáticas como nadar en agua fría con la ropa y las botas puestas
Ricardo Fuciarelli, un Navy seal jubilado e instructor de Extreme Seal Experience, entrena al grupo en prácticas acuáticas como nadar en agua fría con la ropa y las botas puestasPropias

Contrastes notables

“Estamos empezando a explorar si calentar el cuerpo podría ayudar a las personas que viven con enfermedades crónicas. Nunca hemos hecho un ensayo adecuado sobre la sauna. Sospecho que encontraremos beneficios en el futuro, pero aún no lo hemos logrado”, añadía. Por el otro extremo, Massey cuenta con experiencia cruzando el Canal de la Mancha a nado, por lo que conoce a la perfección los efectos de una zambullida en el cuerpo, especialmente si las aguas están a muy baja temperatura.

“Cuando te sumerges por primera vez, experimentas una respiración entrecortada y acelerada. Esa respuesta alcanza su punto máximo a los 30 segundos y luego disminuye muy rápidamente. Es una actividad con múltiples mecanismos: naturaleza, movimiento y conexión social, y todos están interrelacionados”, explicaba. “Lo importante es encontrar algo que disfrutes, que puedas hacer con regularidad e idealmente que puedas compartir con otros, ya que crear un grupo de amigos en torno a una actividad puede reducir el estrés psicológico”, concluía.