Bienestar

Mar Bacardit, nutricionista: ''Hay que eliminar cualquier alimento que nos haga perder el control, no siempre podemos elegir libremente''

Salud digestiva

En plena expansión de los productos procesados, mantener una alimentación saludable es un reto contemporáneo

Mar Bacardit, nutricionista y psicóloga clínica

Mar Bacardit, nutricionista y psicóloga clínica

Cedida

En 2050 la mitad de los adultos (hombres y mujeres) y un tercio de los niños del mundo padecerá obesidad o sobrepeso severo. Así lo indica un estudio de la prestigiosa revista The Lancet, en el que se han analizado datos de individuos de 200 países distintos. La misma publicación ya alerta de que, desde 1990 hasta la actualidad, la incidencia de estas condiciones se ha duplicado en todo el planeta.

Parece extraño que se augure un futuro tan estremecedor a nivel de salud cuando vivimos una época en la que sabemos más que nunca sobre bienestar y nutrición. Esta incidencia se debe, en buena medida, a la proliferación comercial y al consumo de productos ultraprocesados, formulaciones industriales elaboradas a partir de sustancias refinadas, azúcares añadidos, grasas de baja calidad, sal y múltiples aditivos, tan presentes en los supermercados como nocivos para nuestra salud.

El problema no es solo qué se comunica, sino quién lo hace y con qué intereses. 

Mar Bacardit

Nutricionista y psicóloga clínica

Según la OMS, el consumo recurrente de estos productos tiene un gran impacto en la salud pública. No los define como “tóxicos” en sentido estricto ni los etiqueta individualmente como cancerígenos, pero sí alerta de que su consumo habitual se asocia a un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y determinados tipos de cáncer. Diversos estudios publicados en revistas como The Lancet o The BMJ han reforzado esta relación en los últimos años.

La paradoja es evidente: mientras la ciencia avanza y la evidencia se acumula, también lo hacen la desinformación y las modas nutricionales infundadas. En una entrevista con Guyana Guardian, Mar Bacardit, nutricionista, psicóloga clínica y coordinadora del servicio de Nutrición y Dietética de la Clínica ServiDigest de Barcelona, aborda la situación actual y los principales retos del sector.

¿Vivimos un buen momento en cultura nutricional?

Es un momento claramente paradójico. Nunca ha habido tanto acceso a información ni tanto interés por la nutrición y la salud. En consulta veo preguntas cada vez más sofisticadas, personas que han leído estudios, que contrastan fuentes y que quieren entender el porqué de las recomendaciones. Eso es muy positivo.

Pero este avance convive con una gran cantidad de desinformación, mensajes simplificados y discursos extremos. Al mismo tiempo, la oferta alimentaria sigue dominada por ultraprocesados atractivos y omnipresentes. El problema no es solo qué se comunica, sino quién lo hace y con qué intereses. El resultado es confusión y fatiga: muchas personas ya no saben en qué confiar.

Si tuviera que señalar tres productos que deberíamos reducir de forma urgente, ¿cuáles serían?

El primero, sin duda, el azúcar en todas sus formas. No es un nutriente esencial y su consumo habitual favorece alteraciones metabólicas, resistencia a la insulina y mayor riesgo de enfermedades crónicas.

En segundo lugar, los ultraprocesados: productos con largas listas de ingredientes, aditivos y exceso de sal, azúcar o grasas de mala calidad. Están diseñados para ser hiperpalatables y fomentar el consumo repetido.

Y en tercer lugar, cualquier alimento que genere pérdida de control. Tras años trabajando con personas con obesidad, he visto que no siempre elegimos libremente.

La obesidad no solo es un problema de salud pública, sino que también se ha convertido en un negocio lucrativo, con un impacto significativo en la economía.
La obesidad no solo es un problema de salud pública, sino que también se ha convertido en un negocio lucrativo, con un impacto significativo en la economía.Photo by Towfiqu barbhuiya via Pexels.

Hay que eliminar cualquier alimento que nos haga perder el control, no siempre podemos elegir libremente

Mar Bacardit

Nutricionista y psicóloga clínica

¿El azúcar es el gran enemigo o el problema es el contexto general?

A nivel poblacional debemos reducir su consumo. Pero el azúcar no actúa aislado. El verdadero problema es el contexto global: exceso calórico, baja calidad nutricional, sedentarismo, estrés crónico y falta de descanso.

El impacto del azúcar no es el mismo en una persona activa y metabólicamente sana que en alguien con obesidad o diabetes. Además, no tiene el mismo efecto un consumo puntual dentro de una dieta equilibrada que su presencia constante en productos industriales.

¿Qué efectos reales tienen los ultraprocesados más allá del aumento de peso?

Sabemos que alteran las señales de saciedad, favorecen el consumo excesivo y afectan a la sensibilidad a la insulina. También modifican la microbiota intestinal, que juega un papel clave en la inflamación y en la regulación metabólica.

Su consumo habitual se asocia a mayor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular e incluso algunos tipos de cáncer. Probablemente estamos solo empezando a comprender el alcance real de este patrón alimentario, porque nunca antes en la historia habíamos comido así de forma tan prolongada.

Conservantes, colorantes, estabilizantes, grasas saturadas o azúcares son algunos de los añadido de los procesados que afectan nuestra salud y fomentan un consumo adictivo 
Conservantes, colorantes, estabilizantes, grasas saturadas o azúcares son algunos de los añadido de los procesados que afectan nuestra salud y fomentan un consumo adictivo UMH / Europa Press

Probablemente estamos solo empezando a comprender el alcance real de este patrón alimentario, porque nunca antes en la historia habíamos comido así de forma tan prolongada

Mar Bacardit

Nutricionista y psicóloga clínica

Para mantener un peso sano a largo plazo, ¿qué alimentos deberían estar presentes casi a diario? ¿Existen los superalimentos?

No existen superalimentos aislados, sino patrones saludables. La base debería ser vegetales variados, fruta, legumbres, proteína de calidad, frutos secos, aceite de oliva y cereales integrales.

El patrón de dieta mediterránea es el que más respaldo científico tiene en prevención de enfermedades crónicas. Pero mantener un peso sano no depende exclusivamente de la alimentación. El descanso nocturno, la gestión del estrés, la actividad física y factores hormonales influyen mucho.

¿Qué opina de las dietas basadas casi exclusivamente en carne, grasas animales y algunos pescados y frutas?

Suelen simplificar en exceso la evidencia científica. A corto plazo pueden favorecer pérdida de peso por reducción calórica o de carbohidratos, pero a largo plazo no son las más beneficiosas para la salud global. Debemos pensar más allá del peso y considerar prevención cardiovascular, salud intestinal y envejecimiento. El patrón mediterráneo sigue mostrando mejores resultados a largo plazo, con posibilidad de ajustar los carbohidratos según el perfil individual.

Un estudi del Clínic-IDIBAPS ha revelat que la dieta mediterrània pot ajudar a reduir l'estrès i l'ansietat durant l'embaràs 
Un estudi del Clínic-IDIBAPS ha revelat que la dieta mediterrània pot ajudar a reduir l'estrès i l'ansietat durant l'embaràs Freepik

El patrón mediterráneo sigue mostrando los mejores resultados a largo plazo, con posibilidad de ajustar los carbohidratos según el perfil individual

Mar Bacardit

Nutricionista y psicóloga clínica

¿Consumimos suficiente proteína y fibra?

La fibra es claramente deficitaria en la población general. Es fundamental para la salud intestinal, el control glucémico y la saciedad. En cuanto a la proteína, vemos situaciones diversas. Muchos adultos mayores no alcanzan la cantidad necesaria para preservar masa muscular, especialmente si se saltan comidas. El músculo no es solo estética: hoy sabemos que actúa como un órgano endocrino y es clave en la salud metabólica.

¿Qué papel juegan el picoteo y la saciedad?

Picar entre horas suele asociarse a hambre emocional más que fisiológica. Muchas veces responde a estrés, aburrimiento o cansancio. No basta con imponer normas. Mejorar la saciedad en las comidas principales —incluyendo proteína, fibra y grasas saludables— reduce el impulso de picar. Pero también es fundamental aprender a identificar cuándo el impulso no es hambre real.

Si alguien quiere mejorar su alimentación sin obsesionarse, ¿por dónde empezar?

El primer paso es contarse verdad. Un registro dietético de una semana suele ser revelador. Muchas personas creen que comen bien hasta que lo analizan con detalle. El cambio sostenible nace de una toma de conciencia realista. No se trata de transformaciones radicales, sino de pequeños ajustes mantenidos en el tiempo. Construir un patrón saludable es un proceso gradual, no un reto de 30 días.

Graduado en Periodismo en la Universitat Autònoma de Barcelona. Redactor de RAC1.cat. Antes, en informativos de RAC1 y en la redacción de Guyana Guardian.