Adiós al mito de despertarse a las 5 de la mañana para ser más productivo: tu cronotipo manda más que el despertador
Ciencia
Según la ciencia, no todos los cuerpos están diseñados para arrancar el día antes de que salga el sol
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Despertador a las 5 de la mañana
En las redes sociales siempre tratan de predicar con el camino hacia la fórmula del éxito. O directamente, alguno la ha encontrado y la difunde a través de vídeos y más vídeos. Una de las últimas tendencias “fitness” es ganarle la batalla al despertador: en pie a las cinco de la mañana, baños de agua fría, diarios de gratitud y jornadas que parecen rendir el doble que las del resto.
El mensaje se repite con insistencia: quien madruga, triunfa. La ciencia apunta a que no todos los cuerpos están diseñados para arrancar el día antes de que salga el sol y que imponer esa rutina puede ser contraproducente.
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¿Qué son los cronotipos?
La clave no está en el despertador, sino en el cronotipo, el ritmo biológico individual que determina cuándo nos sentimos más alerta o más somnolientos. Los cronotipos describen esa preferencia natural: por la mañana o por la noche, y tienen una base genética relevante.
Las investigaciones muestran que el horario del sueño está parcialmente determinado por los genes y que este patrón puede heredarse. Además, evoluciona con la edad, ya que los adolescentes tienden a acostarse y levantarse más tarde, mientras que los adultos suelen madrugar de forma espontánea. Sin embargo, la mayoría de la población se sitúa en un punto intermedio.
También existen las llamadas “alondras”, que se despiertan temprano incluso sin despertador y alcanzan su máximo rendimiento poco después de levantarse, y los “búhos”, que concentran su energía en las últimas horas del día y rinden mejor por la noche.

Las personas matutinas suelen registrar mejores resultados académicos y presentan, de media, menores tasas de consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias, además de practicar ejercicio con mayor regularidad. Al contrario que los vespertinos, que tienden a mostrar mayores niveles de agotamiento y refieren peor salud mental y física.
Una explicación frecuente es la desalineación crónica. Los nocturnos viven desajustados respecto a horarios laborales y escolares pensados para madrugadores, lo que provoca restricción de sueño, fatiga acumulada y estrés.
Así, la aparente ventaja de las rutinas tempranas puede deberse más a cómo está organizada la sociedad que a un mérito intrínseco de levantarse antes.
Para muchas personas intermedias o nocturnas, adelantarse varias horas implica una deuda de sueño, menor concentración y peor estado de ánimo. Los especialistas recomiendan observar señales como el tiempo que se tarda en conciliar el sueño o la adaptación al horario de verano para identificar el propio ritmo.

Pequeños ajustes como acostarse algo antes, exponerse a luz natural por la mañana y reducir pantallas por la noche pueden ayudar, pero con límites. La verdadera productividad no nace de imitar la rutina de las cinco de la mañana, sino de diseñar horarios coherentes con el funcionamiento real del cerebro y el cuerpo.
