Ignacio Sáez, neurocientífico: “La idea de que la depresión es una enfermedad es una construcción que hemos creado por conveniencia, porque se trata de un cúmulo de enfermedades”
Salud mental
El investigador, que dirige su laboratorio en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York, subraya que la urgencia es clave en los casos más graves de depresión
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Ignacio Sáez, neurocientífico, analiza los síntomas de la depresión

La depresión no es una única enfermedad, sino un conjunto de trastornos que hemos agrupado bajo una misma etiqueta por conveniencia. Así lo sostiene el neurocientífico Ignacio Sáez, quien advierte de que esta simplificación puede dificultar tanto el diagnóstico como la elección del tratamiento más eficaz para cada paciente.
“La idea de que la depresión es una enfermedad es una construcción que hemos creado por conveniencia, porque se trata de un cúmulo de enfermedades”, explica Sáez en una entrevista concedida a EFE durante unas jornadas del CINET (Centro Internacional de Neurociencia y Ética) celebradas en Madrid. Una visión que abre la puerta a replantear cómo se estudia y se trata este trastorno.

El investigador, que dirige su laboratorio en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York, subraya que la urgencia es clave en los casos más graves de depresión. Según recoge EFE, “cuando un paciente sufre una depresión profunda, con tendencias suicidas, cada minuto para dar con el tratamiento adecuado cuenta”, una realidad que evidencia la necesidad de herramientas diagnósticas más rápidas y precisas.
Las cifras muestran la magnitud del problema. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, alrededor del 5% de la población adulta padece depresión o alguno de los trastornos que se engloban bajo esa denominación. En nuestro país, el Consejo General de la Psicología (COP) afirma que el 59% de los españoles ha asegurado sufrir problemas de estrés, mientras que un 48% cree que tiene depresión en alguno de sus grados y un 23%, problemas de ansiedad, lo que supone millones de personas afectadas a lo largo de su vida.
Además, la depresión no impacta por igual a toda la población. Los estudios epidemiológicos señalan que suele afectar más a las mujeres que a los hombres y tiene mayor incidencia en etapas de vulnerabilidad como la adolescencia, la juventud o la vejez, así como en personas con enfermedades crónicas o situaciones de estrés prolongado.
El tratamiento personalizado de fármacos contra la depresión, un proceso largo y arduo
Uno de los principales retos actuales es el tratamiento personalizado. Sáez destaca que existen “un montón de fármacos contra la depresión” y que encontrar el adecuado suele ser “un proceso largo y muy arduo”. Para pacientes con depresión severa, esa demora puede agravar el sufrimiento y aumentar el riesgo de complicaciones graves.
La aspiración de su laboratorio y de otros equipos internacionales es avanzar hacia diagnósticos basados en biomarcadores cerebrales. Según ha explicado el neurocientífico, la idea sería poder analizar la actividad del cerebro y determinar qué combinación de fármacos funcionará mejor en cada caso concreto, algo que podría “salvar vidas y ayudar a personas que están sufriendo muchísimo”.
Más allá del debate conceptual, Sáez insiste en combatir el estigma. “La depresión, como muchos otros trastornos neurológicos, es una enfermedad biológica”, afirma, recordando que el cerebro de una persona deprimida presenta diferencias medibles respecto al de alguien sin depresión, aunque la ciencia aún esté desentrañando cómo se producen exactamente.
El neurocientífico también advierte del papel de la rumiación mental en el malestar psicológico. La capacidad humana de imaginar y anticipar el futuro en exceso puede derivar en ansiedad y depresión. Por ello, recomienda fomentar actividades que ayuden a centrarse en el presente, como el deporte o el contacto social.

