La educación sexual debe empezar antes de los 12 años para afrontar los riesgos digitales, según los expertos de UNIR
EDUCACIÓN SEXUAL
Advierten de la necesidad de adelantar la educación sexual a la etapa de Primaria para ofrecer a niños y jóvenes herramientas adecuadas ante los retos actuales

Imagen de unos adolescentes usando el teléfono móvil.
La educación sexual es muy importante para los niños y jóvenes. Debería empezar en la escuela primaria, antes de los 12 años. El objetivo es enseñarles a usar internet de manera segura y a manejar contenidos sexuales en línea de forma responsable. Cuando la educación llega pronto y está adaptada a la edad, ayuda a que los menores tengan información clara, reconozcan situaciones que les incomodan y sepan pedir ayuda a tiempo.
Un estudio reciente publicado en la revista científica Sexuality Research and Social Policy, por investigadores de la UNIR, en la que participaron 88 personas, encontraron que muchos adolescentes, padres y maestros creen que la educación sexual debería empezar temprano. El estudio se hizo en nueve comunidades autónomas y mostró que muchos menores identifican riesgos en internet, pero no siempre saben cómo manejarlos en la práctica.

Algunos conocen normas generales, pero les falta orientación concreta: qué hacer si alguien les pide una imagen, si les presionan por mensajes, si reciben contenido sexual sin buscarlo o si ven situaciones que no entienden bien. Por eso, los expertos insisten en un enfoque preventivo desde Primaria, con contenidos claros y prácticos.
Privacidad y consentimiento en el entorno digital
Uno de los problemas más grandes es la difusión de imágenes y vídeos privados sin permiso. Los adolescentes explican que han escuchado casos cercanos o los han visto en su entorno escolar. A veces, una imagen se comparte en un contexto de confianza y después circula entre compañeros. Otras veces, aparece la presión: insistencia para enviar fotos, chantajes o amenazas. En esos casos, el impacto no es solo digital, también es emocional y social.
Los adolescentes dicen que necesitan herramientas prácticas para evitar esto. Quieren información clara sobre seguridad y privacidad en internet: cómo proteger sus cuentas, cómo configurar redes sociales, cómo detectar cuando algo es manipulación y cómo pedir ayuda sin miedo a que se les culpe. También reclaman que se hable de respeto y consentimiento, porque lo importante no es solo “no enviar”, sino entender que compartir lo privado de otra persona sin permiso es una vulneración y tiene consecuencias.
Contenido sexual no apto para menores de 18 años
El estudio, en colaboración con Save the Children, señala que otro problema es el acceso temprano al contenido sexual no apto para menores. Gemma Mestre-Bach, investigadora, señala que esto puede influir en las expectativas de los jóvenes sobre las relaciones, el deseo y el consentimiento. Muchos adolescentes acceden por curiosidad, por presión del grupo o porque el contenido aparece sin buscarlo. El riesgo, según los expertos, es que se convierta en una referencia para entender cómo “deben” ser las relaciones, cuando esos contenidos no siempre reflejan respeto, igualdad o acuerdos claros.

Los menores reconocen que ese contenido no refleja vínculos reales
Los adolescentes piden una educación que les ayude a pensar críticamente sobre estos contenidos, que hable de consentimiento de forma comprensible, que señale dinámicas problemáticas y que les dé lenguaje para poner límites. También piden que se aborde el tema sin vergüenza, porque cuando se evita, lo que queda como alternativa es informarse mal o en silencio.
El vacío formativo en la educación
Las adolescentes más jóvenes manifestaron especial preocupación por el embarazo no deseado, mientras que otros participantes destacaron la falta de espacios para hablar de consentimiento en profundidad. Este vacío es relevante porque, según organismos internacionales como la UNESCO, la educación sexual integral debe incluir no sólo aspectos biológicos, sino también emocionales, sociales y éticos.
Los expertos recuerdan que la educación sexual también es bienestar emocional. Tiene que ver con autoestima, con seguridad personal y con aprender a relacionarse de forma sana. Hablar de emociones no significa complicar el tema: significa hacerlo más útil, porque muchas situaciones de riesgo empiezan por la falta de comunicación o por no saber identificar límites.

El papel de la escuela
La escuela es el principal lugar donde se enseña educación sexual, pero a veces los maestros no tienen recursos o no están actualizados. En algunos centros, la educación sexual aparece en charlas puntuales y no siempre tiene continuidad. Además, conforme los alumnos crecen, algunos sienten que los contenidos se repiten y no profundizan, y eso reduce su interés.
Sin embargo, el 50 % de los docentes declaró que su preparación en esta materia es limitada. La normativa educativa española establece que la educación sexual es un contenido transversal, pero no define con precisión su alcance ni su evaluación, lo que genera desigualdades entre centros.

