Los jóvenes de la Generación Z inician antes su vida sexual y acumulan más parejas que generaciones anteriores, pero practican menos sexo en pareja, un fenómeno paradójico que expertos atribuyen a múltiples factores. Bruna Álvarez, antropóloga y codirectora del grupo Afin de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), explica en Claves del Día: “Uno de los factores principales es que hay muchas cosas a hacer. Entonces, todo el tema de la sexualidad y las prácticas sexuales quedan diseminadas en muchas opciones, también de ocio, de pasárselo bien, de hacer otras cosas”. El exceso de alternativas diluye el sexo como prioridad.
El acceso temprano a pornografía y contenido sexual explícito transforma la sexualidad juvenil, generando expectativas irreales. Álvarez destaca la falta de deseo real: “Cuando estamos hablando con sexólogas y personas que atienden a personas jóvenes, lo que nos dicen es que hay como una falta de deseo. Precisamente, el hecho de que la sexualidad no estuviera tan pública implicaba esta sexualidad que surge del cuerpo, que surgen estos deseos”. Esta hipervisibilidad digital choca con la práctica cotidiana, agravada por la ausencia de educación sexual integral en escuelas y familias.
La educación sexual actual, centrada en riesgos y prevención, ignora el placer y el bienestar, perpetuando tabúes. “Estamos hablando de infancias, pero sí que hay esta idea de peligro y no estamos tampoco pensando en esta educación sexual desde el placer y el bienestar. Y el placer vinculado a los deseos y los deseos en plural”, afirma la antropóloga. Adultos poco acostumbrados a comunicar deseos transmiten esta carencia, limitando la exploración saludable.
El impacto se extiende a la fertilidad: ginecólogas reportan parejas jóvenes recurriendo a reproducción asistida por falta de relaciones en días fértiles. Álvarez confirma: “Hay muchas parejas heterosexuales que recurren a la reproducción asistida porque no tienen suficientes relaciones sexuales para producir un bebé”. Estrés y ansiedad, “la gran enfermedad de nuestra sociedad”, inhiben el deseo, reduciendo espacios íntimos.
A futuro, Álvarez advierte de problemas relacionales por miedo a la interacción real frente a la masturbación influida por porno: “Muchas personas jóvenes se masturban, pero tienen como mucho miedo a esta interacción con la otra persona. Esto tiene que ver con esta expectativa de lo que nos imaginamos que tiene que ser esta práctica sexual”. Reclama reconocer deseos propios para una sexualidad evolutiva, liberada de imaginarios cooptados por contenidos explícitos no reales.