Pedro Lirola, arquitecto: “Cerrar la terraza o el porche con cristal tras comprarte una casa es un error brutal; se pierde la luz natural y la conexión con la vegetación”
Arquitectura y diseño
Según el arquitecto, un piso pequeño no está condenado a sentirse estrecho: puede ser luminoso, sofisticado y armónico si se toman las decisiones adecuadas

Pedro Lirola, arquitecto

En las grandes ciudades, donde cada metro cuadrado cotiza casi como el oro, es más necesario que nunca aprender a mirar el espacio con inteligencia. No se trata de querer más, sino de saber usar mejor lo que ya tenemos. Porque un piso pequeño no está condenado a sentirse estrecho: puede ser luminoso, sofisticado y armónico si se toman las decisiones adecuadas.
La clave no siempre pasa por embarcarse en reformas imposibles. A veces basta con entender cómo circula la luz, cómo podemos conectar nuestra estancia con la naturaleza o dónde se detiene la mirada al entrar en una habitación. En conversación con este diario, el arquitecto Pedro Lirola, especializado en arquitectura residencial, comparte algunos trucos para optimizar el espacio y conseguir que nuestra vivienda se vea más elegante, luminosa y acogedora.

Espacios abiertos: amplitud visual y bienestar
La distribución abierta se ha consolidado como una de las decisiones más acertadas del diseño contemporáneo. Integrar cocina, comedor y salón no solo moderniza la vivienda, sino que mejora la percepción de amplitud y la circulación de la luz. Lirola lo tiene claro: “Si pudiésemos abrirnos al exterior y eliminar barreras interiores, sería perfecto”.
Los espacios abiertos fomentan la interacción social y permiten que la luz natural fluya sin obstáculos, creando ambientes más cálidos y funcionales. No obstante, abrir no significa eliminar toda separación. Elementos como cambios de pavimento, estanterías ligeras o islas de cocina permiten delimitar zonas sin perder continuidad visual.
Evita cerrar el porche: ganamos metros, pero perdemos calidad de vida
Cerrar terrazas o porches con cortinas de vidrio se ha convertido en una práctica habitual para ganar superficie útil, especialmente en entornos urbanos. “Es lo primero que hacen muchos tras comprarse una casa, pero es un error brutal”, advierte el arquitecto Pedro Lirola. Más allá de sumar metros, esta decisión puede empobrecer la calidad del espacio. Este tipo de cerramientos tienden a generar ambientes excesivamente cálidos —sobre todo en climas soleados— al favorecer el efecto invernadero y dificultar la ventilación natural.
No hace falta tener una gran casa para instalar un jardín interior; incluso en espacios reducidos tienen cabida
Además, hay una pérdida menos evidente: la relación con el exterior. “Cuando cerramos porches también estamos perdiendo esa conexión con la luz natural y con la vegetación, que para mí es fundamental”, señala Lirola.
Mantener el porche abierto —o concebirlo como un espacio intermedio, habitable pero permeable— favorece la ventilación cruzada, mejora la entrada de luz y aporta una sensación de amplitud y libertad difícil de replicar con soluciones completamente cerradas. A veces, ganar metros no compensa perder calidad de vida.

El jardín dentro de casa: naturaleza que transforma el espacio
Introducir vegetación en el interior es, según el arquitecto, una de las estrategias más eficaces para elevar la calidad estética y sensorial de una vivienda. Los jardines interiores —desde pequeños rincones verdes hasta patios más amplios— aportan frescura, serenidad y un potente impacto visual.
Aunque pueda parecer un recurso reservado a grandes casas, Lirola defiende que también es aplicable en pisos urbanos de dimensiones reducidas. “Muchas veces reservo cuatro o cinco metros cuadrados para crear un jardín interior que funcione como elemento decorativo y separador”, explica.
Cuando las condiciones lo permiten, estos espacios pueden diseñarse con vegetación natural, sistemas de drenaje y especies adaptadas al interior. En viviendas con poca luz, existen alternativas como techos tensados con efecto de iluminación natural o composiciones vegetales artificiales que recrean esa sensación de naturaleza sin necesidad de grandes intervenciones. Más allá de su valor estético, estos jardines actúan como puntos focales, articulan la distribución y generan transiciones suaves entre estancias.
Espejos decorativos sin criterio: más ruido que luz
En cuanto al uso de espejos para ampliar visualmente los espacios, Lirola se muestra poco partidario de usarlos. Considera que su presencia debe ser muy selectiva y nunca responder únicamente a un efecto decorativo. Incluso corrientes como el Feng Shui desaconsejan colocarlos sin criterio: la orientación es clave y no deberían situarse frente a puertas ni en zonas de paso donde generen reflejos incómodos o alteren la percepción del espacio. Utilizados sin planificación, pueden producir una sensación de desorden visual más que de amplitud.
Mantener la conexión con el exterior, apostar por distribuciones abiertas e integrar la naturaleza en el interior son decisiones que trascienden la decoración. Se trata de crear espacios que favorezcan la luz, el bienestar y la armonía.


