Mujeres del Vino, un proyecto de alta graduación
Profesionales
El proyecto de Meritxell Falgueras y Anne Cannan pide espacio en un sector muy masculino y lo hacen con argumentos: formación, sensibilidad y colaboración

Meritxell Falgueras y Anne Cannan, en una de las ediciones barcelonesas de Mujeres del Vino

Vinos de autora es el título de la ponencia que abre este año el programa de catas de la Barcelona Wine Week (BWW). Y el sutil cambio de género que sus promotoras han introducido en una expresión fosilizada en el sector lo dice todo sobre su intención.
Esta iniciativa, que se presenta por segunda vez en la feria barcelonesa que este año se celebra del 2 al 4 de febrero en el recinto Montjuic de Fira de Barcelona, es extensión de otra que ya tiene 15 años de vida. Nació en el 2011, cuando Anne Cannan (Soyaux, Francia, 1984), productora de vinos en el Priorat, pensó que en la denominación de origen donde trabajaba ella conocía a bastantes mujeres elaboradoras de calidad, pero en la mayoría de los ámbitos los protagonistas eran hombres.

A partir de ahí se le ocurrió organizar una muestra de vinos a escala local para dar visibilidad a sus compañeras. Aquel primer paso fue un éxito, y las profesionales que participaron en la iniciativa le pidieron “llevarla a Barcelona”. “Entonces decidí abrirla a más mujeres, y poco a poco fue creciendo Mujeres del Vino”.
Desde entonces, la iniciativa de Cannan y sus colaboradoras no ha parado de crecer discretamente. Este año, el showroom, que se celebrará el martes 3 en el hotel Catalonia Plaza de Barcelona, reunirá 43 bodegas y más de 200 vinos. Desde la primera, sus ediciones, algunas de las cuales se han celebrado en Madrid, han sido abiertas a todo el público, previa inscripción, y no solo a profesionales, lo que permite a las expositoras explicar su trabajo a los asistentes de una manera más emocional y cercana.
Con Mujeres del Vino, Anne me rescató de un periodo de solo teta y pañal, de cocer pasta y no facturar ‘pasta’”
Mujeres del Vino se ha desplegado en esta década y media de una manera orgánica, natural y fluida y ha ido aumentando sus actividades, de la mano de Cannan y con la complicidad de un grupo de colaboradoras que hoy son en torno a sesenta, sobre todo enólogas y elaboradoras. Pero la mayor aliada de Cannan es Meritxell Falgueras (Barcelona, 1981), comunicadora, sumiller y quinta generación de la tienda Celler de Gelida, que está celebrando su 130.º aniversario. “Me incorporé al proyecto en plena crisis personal –explica Falgueras–, después de tres pospartos. Anne me rescató de un periodo de solo teta y pañal, de cocer pasta y no facturar pasta”.
Falgueras, que además de criarse entre vinos y destilados se ha bregado en radio, prensa, televisión y formatos digitales, pone cara y estructura comunicativa al colectivo y ha explicado esta historia, con todas sus implicaciones personales, en su reciente libro Mujeres del vino (Planeta Gastro). El volumen es un repaso y un homenaje a la armada femenina de la viniviticultura y una exposición apasionada de los obstáculos que ellas han tenido que superar y que aún afrontan para ser “solo el 15% del colectivo de directores ejecutivos” en su sector profesional.

Falgueras explica que el 40% de sus compañeras en este ámbito profesional ha llegado a él por herencia familiar, pero que eso no siempre es una ayuda: “Anne y yo cargamos, como otras, con la etiqueta de ser ‘hijas de...’, y parece que por ser de una cierta familia lo hemos tenido más fácil para conseguir situarnos; pero, en realidad, en este sector hay una tendencia a apartarnos y colocar en las posiciones de decisión y técnicas a los varones, y a una mujer que está presionada por su familia y su entorno más cercano le cuesta mucho más denunciar esa discriminación, sobre todo, en entornos rurales, que son los habituales en esta actividad”.
“Encima –prosigue Falgueras–, nos han educado para ser modestas, discretas, para ocupar poco espacio: lo normal cuando le preguntan a una enóloga o productora de éxito cómo lo ha logrado es que lo atribuya al trabajo de equipo, en vez de ponerse ella las medallas como suelen hacer los hombres”. “Y aún hoy, en el 2026 –argumenta–, hay familias del vino que prefieren que sus mujeres se dediquen a cualquier cosa antes que entrar en la bodega a competir con sus parientes masculinos: ‘Niña, ¿por qué no estudias historia del arte?, o, si quieres, puedes ayudarnos en las ferias limpiando copas’”.
Cuando se habla de grandes enólogos siempre se cita solo a hombres, pero hay muchas mujeres que son referentes”
Para romper con esa dinámica discriminatoria, Vinos de autora reunió por primera vez el año pasado a ocho mujeres con un recorrido profesional ejemplar, y en esta edición repetirá con otras ocho. Cada una presentará un producto inédito, exclusivo, de los que a veces no catan ni los trabajadores de sus bodegas. La misma Cannan se sentará entre Laura Tragant (Codorniu), Mayte Calvo (Bodegas Bilbaínas), Adriana Ochoa (Ochoa), Pilar Salillas (Lagravera), Marta Pedra (La Vinyeta), Ana Carazo (La Loba) y Jessica Martín (Ruku Ruku).
Todas son referentes ya en el sector, como destacan Cannan y Falgueras, que apuntan otros nombres: “Isabel Mijares, ya fallecida, que creó un nuevo lenguaje emocional para la sumillería” y que da nombre a los premios que entrega el colectivo y que este año también celebran su segunda edición. “También Mireia Torres (Jean Leon, Torres) y Adriana Ochoa en I+D, Mireia Pujol-Busquets (Alta Alella) en vinos naturales, Martina Prieto Pariente en vinos parcelarios, Laura Tragant y Eva Plazas (Vilarnau) en cava, y Pedra y Salillas en ecológicos. Y muchas más, aunque cuando se habla de grandes enólogos —protestan ambas— siempre se cita solo a hombres”.

Este fenómeno de crear referentes femeninos en un sector tan masculinizado —“y patriarcal”, matiza Falgueras— es uno de los objetivos de Mujeres del Vino que poco a poco se van materializando. Otros frutos de su esfuerzo son la creación de simbiosis entre las participantes —“no tenemos tiempo para competir, hay demasiado trabajo, y además somos colaborativas, preferimos ayudarnos”, explican— y la necesidad creciente que están creando en el sector de contar con mujeres en niveles técnicos, porque “ven que nuestra ausencia es cada vez menos justificable y les cuesta más apartarnos argumentando que ‘no hay expertas en esto’: desde la comercialización hasta el trabajo en la viña, podemos proponer referentes femeninos en todos los ámbitos del vino”.
También apuntan como beneficios de su actividad la generación de vocaciones entre las jóvenes y, claro, el provecho económico y de imagen que cada una de las participantes en sus muestras nota en sus bodegas tras asistir a cada acto. Y de su ejemplo ha nacido otra asociación, Cava Women (mujeres del cava), creada en el 2021 en Sant Sadurní d’Anoia, que actúa con independencia y cuyo objetivo, como declaró Eva Plazas a El Periódico, “es que la mujer esté representada en este sector, se visualice y tenga la voz que se merece”,
En la edición de este año, la muestra de Mujeres del Vino se celebrará el martes 3 en el hotel Catalonia Plaza de Barcelona y reunirá 43 bodegas y más de 200 vinos. Como todas sus ediciones, algunas de las cuales se han celebrado en Madrid, será abierta a todo el público, previa inscripción, y no solo a profesionales, lo que permite a las expositoras explicar su trabajo a los asistentes de una manera más emocional y cercana, un aspecto que, en opinión de Falgueras, también las distingue de sus colegas hombres.
Ella y Cannan aspiran a que un día el proyecto Mujeres del Vino desaparezca por innecesario, pero hasta que eso suceda, planean maridajes con el arte o la moda y llevar a otras ciudades —“¿Por qué no Nueva York?”, apunta Falgueras— esta iniciativa de alta graduación reivindicativa.
