Lifestyle

teamLab potencia su ingenio amplificado.

Arte

A través de la inventiva y los avances tecnológicos, el colectivo japonés crea galerías llenas de instalaciones participativas que transforman el contacto habitual del público con el entorno y la creación artística.

Una de las instalaciones pensadas especialmente para la infancia en teamLab Biovortex, en Kioto

Uno de los espacios creados exclusivamente para el público infantil dentro de teamLab Biovortex, en Kioto

teamLab

¿Cómo sería habitar dentro de una obra de arte? No observarla desde fuera, como quien camina frente a un cuadro colgado, sino moverse sobre ella, tocarla, atravesarla y ver cómo responde a tu presencia. Esa es precisamente la propuesta de teamLab, un colectivo japonés que, en los últimos veinticinco años, ha redefinido la idea tradicional de museo mediante instalaciones que fusionan arte digital, tecnología y la participación del público en tiempo real, y que ha llevado su propuesta más allá de sus fronteras, con nuevos espacios y también con creaciones específicas diseñadas para eventos especiales.

TeamLab se originó en Tokio en el 2001 gracias al físico y matemático Toshiyuki Inoko y a un conjunto de artistas, programadores, ingenieros, matemáticos, diseñadores y arquitectos que buscaron indagar en las posibilidades del arte digital para generar una vivencia próxima a lo natural. 

Una visitante de Biovortex, en Kioto, crea con sus pasos ondas de luz que cristalizan
Una persona que recorre Biovortex, en Kioto, produce al caminar ondulaciones lumínicas que adquieren solidez.TeamLab

Según Inoko, la idea central es que “nosotros y el mundo estamos en una relación continua”. El propósito es eliminar cualquier frontera entre la obra, el espectador y el entorno: las piezas, generadas por computadora mediante algoritmos, reaccionan al movimiento de quienes transitan entre ellas, estableciendo un diálogo constante entre lo físico y lo digital. La experiencia oscila entre arte y espectáculo, aunque es cierto que el público tiende a valorar más el componente emocional, mientras que los críticos se inclinan por otros enfoques.

Quien asiste transita sobre superficies acuáticas, cruza reflejos interminables y se adentra en entornos que se transforman con cada movimiento realizado.

El primer museo permanente que materializó esa filosofía fue teamLab Borderless, inaugurado en Tokio en 2018. Su nombre (borderless, sin fronteras) lo explica todo: es un entorno sin límites físicos ni conceptuales, donde las piezas se deslizan de una sala a otra, interactúan y responden a los visitantes, quienes pueden recorrer campos de flores digitales que cambian al tocarlas o sumergirse en cascadas que parecen fluir dentro de la arquitectura de las salas expositivas.

Pocas semanas después, también en Tokio, inauguró teamLab Planets, enfocado más en la inmersión sensorial y física. Allí los visitantes caminan descalzos sobre suelos con agua, atraviesan espejos infinitos y se sumergen en paisajes digitales que se transforman con cada paso que dan. Esta sede ha recibido más de 2,5 millones de visitantes entre abril de 2023 y marzo de 2024, lo que le otorgó el récord Guinness como el museo más visitado del mundo dedicado a un solo grupo artístico. En total, desde su apertura la han recorrido más de diez millones de personas, la mitad extranjeras, y ha sido galardonada dos veces con el premio a Principal Atracción Turística de Asia en los World Travel Awards.

La sensación de estar recorriendo universos vivos y extraños es habitual en los espacios de teamLab
Es habitual sentir la sensación de recorrer universos naturales y únicos al visitar las obras de teamLab.TeamLab

Los testimonios de las personas que han recorrido estos entornos manifiestan la potencia de la propuesta y su facultad de persuadir; desde quienes enfatizan la carga sensitiva de toparse con orbes en suspensión y piezas que se transforman con la acción hasta los que acudieron con cierta desconfianza al comienzo (“en internet parecía todo un truco de Instagram”), pero resultaron cautivados por una vivencia afectiva y absorbente. 

Las críticas, que también existen, se centran más en la masificación que a veces se genera en los espacios expositivos que en la satisfacción de vivir experiencias descritas como únicas y auténticamente inmersivas, como capturar animales de una selva con la app del móvil, dibujar peces que salen de la paleta hacia un mar virtual o recorrer mundos vivos y sorprendentes.

Toda estancia resulta irrepetible debido a que las piezas no son secuencias fijas sino vivencias creadas en tiempo real.

La gran acogida de las dos galerías capitalinas impulsó a la agrupación a crecer, inicialmente, en el interior de Japón, hacia Kioto —sitio en el cual durante octubre del 2025 se inauguró el montaje fijo Biovortex, que cuenta con más de cincuenta piezas—, y posteriormente, hacia diversas naciones, donde ha ampliado su alcance mediante exhibiciones duraderas y efímeras. Actualmente existen recintos en Macao, Yida y Abu Dabi que analizan el vínculo entre la creación artística y el medio ambiente usando proyecciones tecnológicas avanzadas. Asimismo, TeamLab desarrolla iniciativas tales como el UBS Digital Art Museum, cuya apertura se programa para este ejercicio en Hamburgo, lo cual trasladará esta perspectiva hasta Europa.

España carece aún de museos fijos de TeamLab, si bien las propuestas del grupo han arribado mediante creaciones como The world of irreversible change, de 2022, incluida en la muestra estable del Centro Hortensia Herrero de València, una obra que muta y se altera al contacto con el público. También en exhibiciones de carácter temporal como las del Espacio Fundación Telefónica de Madrid en 2019 y el CaixaForum Barcelona entre 2021 y 2022, obteniendo una gran acogida de audiencia y repercusión mediática.

Debido a que, más allá del encanto técnico y la profundidad visual de sus obras, la contribución de teamLab es de índole teórica: transformar al observador en partícipe y cuestionar la frontera clásica entre la expresión artística y la existencia. El concepto y su desarrollo hacen que cada estancia sea irrepetible puesto que, según sostiene Inoko, las piezas no constituyen ciclos grabados sino vivencias producidas en tiempo real. En sus galerías dinámicas, la creación trasciende las paredes (o los monitores) e indica que nuestro vínculo con el entorno, la sensibilidad y la inventiva humana podría ser radicalmente diferente. Resulta tan fascinante que invita a permanecer habitando en su interior.