Brigitte Bardot: belleza sobrenatural, musa incómoda
En recuerdo de
Actriz de intensa carrera y animalista apasionada, un mesdespués de su adiós abordamos la polémica figura
de uno de los mitos eróticos del siglo XX

En el rodaje de ‘Las petroleras’, en España en 1971

No todos los días se entierra a una estrella, por lo que el funeral de Brigitte Bardot, el pasado 7 de enero, fue transmitido por los principales canales de televisión de Francia. Así se pudo seguir en directo la ceremonia, que tuvo lugar en Saint-Tropez, ya que la familia rechazó la propuesta del presidente Macron de un funeral de estado.
Bardot quería irse en privado y así lo hizo, en una despedida planeada por ella misma, que incluyó un ataúd de mimbre, jalonado por un estallido de margaritas de colores. El féretro, escoltado por los Gipsy Kings, entró en la iglesia de Notre Dame de l’Assomption, también atiborrada de flores y gente. Junto al púlpito destacaba una fotografía de una radiante Bardot, abrazando a un bebé foca, testimonio de su exitosa campaña contra la brutal caza de estos animales.

La imagen contrastaba con los ropajes del sacerdote católico que ofició le ceremonia. Pero es que, como cuenta al Magazine Fabrice Gaignault: “Brigitte Bardot era una devota creyente”. Este periodista cultural, que la conoció de niño, fue uno de los últimos en entrevistarla, en abril de 2024, para el libro Brigitte Bardot: Intimate (Assouline). Recuerda que la diva, de 89 años, lo recibió rodeada de sus perros, con un cigarrillo en los labios y descorchando una botella de champán. “Bebimos champán durante los dos días que duró la entrevista. Me recordó a aquellas estrellas de Hollywood de antaño, con un modo de vida placentero y excéntrico, que ya ha desaparecido”.
El carácter indomable de Bardot, sin embargo, no había desaparecido: “Cuando le reproché que fumaba demasiado, me gritó, disparándome con esta frase: '¿Eres tonto, Fabrice? ¡¿No ves que, a mi edad, decirme que fumar es malo no sirve de nada?!'”
Estaba muy desilusionada con el mundo moderno: lo encontraba mucho menos divertido, luminoso y respetuoso que cuando era joven”
El encuentro, recuerda, discurrió entre estallidos de alegría y de tristeza: “Estaba contenta de tener visitas y beber champán conmigo, pero muy desilusionada con el mundo moderno: lo encontraba mucho menos divertido, luminoso y respetuoso que cuando era joven”. Gaignault tuvo la sensación que Bardot “tenía mucho miedo a morir”, aunque, al ser creyente: “Esperaba reunirse con sus amigos y con algunos de sus maridos y amantes. Y, por supuesto, con sus adorados animales, enterrados en el jardín de La Madrague”.
La Madrague es la mítica residencia de la actriz en Saint-Tropez, adquirida en 1958. La casa, observa Gaignault: “Es un nombre tan famoso en Francia como Versailles o el Eliseo”. En el mar, frente a La Madrague, él la vio por primera vez, cuando tenía diez años. Sus padres veraneaban en el entonces tranquilo pueblo de la Costa Azul y eran parte del grupo de Bardot, que pasaba los veranos nadando, tomando el sol, navegando en la Riva de la actriz y bailando por las noches. El periodista nunca olvidará aquella primera visión de Bardot, al final de un pantalán: “Llevaba un bikini blanco y un pareo con grandes flores, anudado sobre sus caderas”. Cuando ella lo vio, se inclinó y lo besó.

En ese entonces, estaba considerada la mujer más bella del mundo. Sin embargo, como observa Gaignault, su fama iba más allá de su extraordinario aspecto. “Solo han habido tres iconos del cine en el siglo XX: Greta Garbo, Marilyn Monroe y Brigitte Bardot. Un icono es alguien que trasciende la noción de celebridad, es alguien que tiene algo mágico: una mezcla de belleza sobrenatural, allure y presencia. Brigitte Bardot tenía las tres cosas. Y a ello hay que añadirle que era muy lista y muy divertida”.
Bardot, dice: “Era consciente de su belleza irreal”, pero fue lo suficientemente inteligente para entender que la cirugía no iba a prolongarla. Envejeció sin retocarse nada: “Me dijo que su aspecto le daba igual. Quería ser una señora mayor y se sentía cómoda así; no le gustaban todas esas actrices que se habían retocado, le hacían reír”.

Brigitte Bardot murió a causa de un cáncer no especificado. Tenía 91 años y llevaba más de medio siglo retirada del cine, pero seguía creando controversia, en especial, por sus simpatías hacia la extrema derecha francesa. Su cuarto y último marido, Bernard d’Ormale, fue asesor de Jean Marine Le Pen y Bardot fue multada, hasta cinco veces, por declaraciones que incitaban al odio racial. Sin embargo, en una entrevista, en 2012, aseguró que su único partido político era la defensa de los animales.
Vista la repercusión que ha tenido su muerte, podría decirse que el mito se ha impuesto a su ideología: la noticia abrió los telediarios y figuró en las portadas de todo el mundo. A Gaignault no le sorprendió en absoluto este impacto global. “Porque Bardot todavía era un mito, por razones más allá de su carrera como actriz: todo lo que hizo por los animales es increíble. Cambió para siempre la percepción que tenemos sobre ellos. Nunca se consideró una feminista, pero actuó como una, haciendo siempre lo que le dio la gana. Tuvo una vida sexual muy plena, porque siempre dijo que le encantaba hacer el amor sin preocuparle lo que la moralidad pensara. Fue una mujer absolutamente libre, en sus acciones y en sus palabras”.
Fue una mujer absolutamente libre, en sus acciones y en sus palabras”
“Soy, sencillamente, alguien que ha hecho lo que ha querido”, le dijo a Gaignault en esa última entrevista. Tanto en su vida amorosa como en su carrera cinematográfica, que abandonó a los 38 años. Se casó cuatro veces (con Roger Vadim, Jacques Charrier, Gunter Sachs y Bernard d’Ormale) y tuvo intensos y variados romances que afianzaron su fama de mito erótico. También vistió como quiso, influyendo en la moda: del sensual escote Bardot —con los hombros al descubierto—, a las cómodas bailarinas y los pantalones pitillo, que nadie llevó como ella. Sin olvidar su melena, rubia y despeinada, y los biquinis que no se sacaba en verano.
También fue madre, un papel que detestó. “Me convertí en madre justo cuando no debía. Lo viví como una tragedia. Eso hizo que dos fueran desafortunados: mi hijo y yo”, escribió en sus memorias. El niño, Nicolas-Jacques Charrier, creció con la familia paterna. Mantuvieron una relación distante y difícil, que se suavizó al final.

Nicolas estuvo en el funeral, junto a su esposa y sus dos hijas, Thea y Anna, y los tres bisnietos de Bardot, que ella apenas conoció. Recibirá parte de la herencia de su madre, cifrada según Forbes en 65 millones de euros; pero el monto sustancial se destina a la Fondation Brigitte Bardot para la protección de los animales. ¿Realmente, los prefería a las personas, como solía decir? “Es una pregunta difícil”, responde Fabrice Gaignault. “En la entrevista me habló mucho de sus queridos animales, pero también lloraba al recordar a los que se habían ido: me dijo que prácticamente no le quedaban amigos de su generación. La realidad es que adoraba la compañía de ciertas personas. De hecho, al despedirnos, sus últimas palabras fueron:'¿Me prometes que volverás?'. Pero no volví a verla, después de esos dos días fabulosos”.