Versace, crónica de una transición adelantada.
Fashion week
¿Se considera una novedad de actualidad si ya era de conocimiento público? El cambio en la dirección creativa de Versace se hizo oficial estos días, luego de varios meses de especulaciones que casi todos daban por sentadas.

La colección de Versace para la primavera 2026 llega de la mano de Pieter Mulier, quien toma las riendas como director creativo de la marca.
Las especulaciones estaban en lo cierto. Pieter Mulier se ha convertido en el flamante director creativo de Versace. Aunque el anuncio se produjo el jueves, la información se había propagado con tal intensidad durante semanas que, al hacerse oficial, apenas generó impacto. No se sintió asombro ni una transformación radical, ni esa pequeña conmoción que solía seguir a las grandes sucesiones artísticas. Fue simplemente la ratificación de un hecho que la industria ya daba por sentado hace tiempo. Es algo que ya se vivió con la incorporación de Jonathan Anderson a Dior, o cuando se confirmó a Maria Grazia Chiuri al mando de Fendi: designaciones anticipadas, discutidas y asimiladas mucho antes de su presentación pública.
Que una sucesión artística tan trascendente ocurra sin intriga ni nerviosismo revela menos sobre Versace que acerca del periodo actual del sector. La moda ya no inventa lo nuevo: lo gestiona. Y lo hace públicamente, con goteos informativos constantes, especulaciones que duran meses y acuerdos corporativos que se divulgan mucho antes de su comunicación oficial.
Lo ocurrido con Versace no representa un caso aislado, sino más bien una señal. Luego de la partida repentina de Dario Vitale motivada por la adquisición de la firma por Prada, la figura de Pieter Mulier comenzó a sonar al instante. Inicialmente como una opción, más tarde como una realidad no confirmada. Al comunicarse en enero su salida de Alaïa, el rompecabezas terminó de encajar. La nota de prensa formal únicamente concretó el día y la función de un relato que ya se conocía.
La moda ya no se evalúa exclusivamente por su potencial para introducir novedades, sino por su capacidad de conservar su notoriedad.
Habiendo crecido profesionalmente por años al lado de Raf Simons, su desempeño en Alaïa le brindó la oportunidad de exhibir una destreza poco común para integrar la precisión técnica, una sensualidad medida y una visión moderna de la herencia sin ceder al pasado. En la marca, Mulier ha probado que no es un creativo de acciones estridentes, sino de desarrollo pausado, más enfocado en la línea y la figura que en generar una reacción instantánea.
En épocas pasadas, una maniobra semejante se habría resguardado con sigilo. En el presente, el trámite se demora, se debate, se examina y se agota antes de materializarse. La incógnita ya no radica en quién liderará una firma, sino en por qué las resoluciones tardan tanto en concretarse y por qué se toleran fugas de información tan extensas sin que nadie parezca interesado en frenarlas.
Mulier se sitúa en un Versace localizado en la decimocuarta posición del índice Lyst del tramo final del año previo, alejado de la cima de la tabla y con amplitud (y urgencia) suficiente para ascender niveles. La estadística cuenta menos por lo que expone de la marca que por lo que descubre de la época: actualmente el interés no recae en quien asegura innovación, sino en quien garantiza permanencia.
Saint Laurent y Miu mantienen los dos puestos principales sin requerir cambios drásticos, a la vez que los artículos con mayor demanda siguen un criterio tradicional: piezas identificables, aunque con historia. O bien ropa meramente funcional (suéteres con media cremallera, calzado tipo mule y bufandas con estampado de cuadros). El asombro lo ha provocado Massimo Dutti, que accede inicialmente a la lista de los 20 mejores situándose en la posición 16, motivada por una pieza tan específica como un plumífero, el segundo objeto con más búsquedas del periodo trimestral en el portal.

El ámbito de la moda constituye, en cierta medida, una eterna competición por el reconocimiento, y pasar desapercibido acarrea efectos negativos. Ni Blumarine ni Missoni figuran en el listado más reciente de Lyst, una omisión que explica las acciones que las dos marcas han llevado a cabo durante esta semana.
En lo referente a Blumarine, las incógnitas se despejaron con una maniobra de mando. Exelite, la sociedad dirigida por Marco Marchi, se hace cargo de la administración completa de la firma mediante un convenio de licencia que engloba la fabricación, el reparto y retail. Dicha iniciativa se produce tras una etapa de vacilaciones sobre el futuro de la iniciativa y precede a una reestructuración severa del esquema comercial, la oferta de productos y el estatus de marca, que se iniciará con la presentación en Milán a cargo de David Koma al cierre de este mes.
Missoni vive una fase diferente, aunque no por ello menos significativa. La mítica firma italiana, creada en 1953 y que ya no cuenta con sus líderes originales, podría ser traspasada a inversores de Estados Unidos. La entidad con más posibilidades es Authentic Brands Group (Reebok, Champion, Brooks Bothers, entre otras), especialista en transformar enseñas con historia en redes de licencias mundiales. El acuerdo, que todavía no se ha formalizado, conllevaría la marcha total de los familiares y la reestructuración de una imagen de marca que se ha visto debilitada tras diversos ajustes y planes de reorganización.
Bajo tal panorama, la moda ya no se valora únicamente por su aptitud para innovar, sino por su destreza para conservar su notoriedad. Las designaciones trascienden, las clasificaciones dirigen las preferencias y las firmas omitidas buscan amparo en corporaciones de mayor tamaño. Todo sucede de forma evidente, sin intriga. Quizá no sea un bache imaginativo, sino algo distinto: un negocio que ha modificado su cadencia y donde la información, al igual que el asombro, suele arribar con demora.