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Cristina Rosenvinge: “Pude vivir los últimos días del 'underground' de Manhattan; ya no queda nada”

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Sigue siendo única en su género, una ninfa de belleza y voz dulce, que empuña una guitarra guerrera, y a veces se deja caer por el cine más inclasificable y subversivo

Rosenvinge posó para ‘Magazine’ con una de sus características americanas

Rosenvinge posó para ‘Magazine’ con una de sus características americanas

Adrià Cañameras

Hace viento en Sitges, y la melena rubia de Christina Rosenvinge se agita en todas las direcciones. La entrevista se desarrolla durante el festival de cine fantástico, donde presenta Balearic, una película de Ion de Sosa donde forma parte de un grupo de burgueses muy decadentes, pero desde que hizo chas y apareció a nuestro lado, hace como cuatro décadas, Rosenvinge siempre ha tenido algo sobrenatural, cual simpática ninfa emergiendo entre densos y oscuros riffs de guitarras, una aparición tan cándida y sonriente como perspicaz, inteligente y combativa. Nunca ha sido conformista, siempre ha llevado la etiqueta de rebelde con autenticidad y hasta las últimas consecuencias. Hablar con ella es sentir el privilegio de estar con alguien muy especial, por esa voz que llevamos metida dentro, por la simpatía, por la belleza y por la clase.

¿Cómo aterriza en una película como Balearic con lo más alternativo del cine español?

Hace cinco años protagonicé Karen, de María Pérez, que primero me vino a buscar para la música y acabé haciendo de Karen Blixen. Ion de Sosa, el director de Balearic hacía la foto de aquella película. Nos hicimos amigos, y nos fuimos viendo de vez en cuando. Un día me contó la idea de Balearic, y me ofreció un papel. La negociación duró cinco minutos. Hacía muchos años que había aparcado la idea de una carrera en el cine. Es algo que se barajó muy al principio con Todo es Mentira y La pistola de mi hermano. El cine, como la música, requiere mucha energía y dedicación. Hacer dos cosas con la misma energía es imposible. Una cosa se convierte en tu profesión y lo otro pues son como apariciones especiales. Ahora también he hecho una película con Ángeles González Sinde, donde interpreto a una guiri de Benidorm. Los papeles me caen porque mis amigos hacen cine y saben que me encanta.

En Balearic aparece como una burguesa decadente, ¿qué le atrajo del papel?

Fue un regalo hacer de pija ex cocainómana, que ha vivido la noche. Es un mundo que no me resulta tan extraño. He conocido a gente así.

El rodaje de 'Balearic' fue divertidísimo porque todos somos una pandilla de frikis

Yo la veo muy sana.

Pues sí, bastante sana, por supuesto. Lo cual no quiere decir que no conozca ese mundo perfectamente. En todas las distintas drogas, además. Y luego, había algo irresistible en la propuesta porque me parece un cine muy valiente, con mucha imaginación, y un tono que junta lo fantástico con algo más político y humorístico, petardo. Soy muy fan de Ion de Sosa, de su cine y de su persona. Por eso estoy en esta película. El rodaje fue divertidísimo, somos una pandilla de frikis.

¿Se considera friki?

Yo, desde luego, no tengo una carrera mainstream. En ese sentido, todos los que estamos nos parecemos mucho. Mi marido en la película, por ejemplo, es Héctor Arnau, que es un cantautor con una voz impresionante.

Siempre ha sido un caso único, rockera con ese aire un poco de ninfa, mezcla de nacionalidades, ¿cómo se siente uno cuando es tan especial?

Es una ventaja y es una desventaja. Cuando no perteneces a un ambiente musical, estás más solo y es más difícil. Pero al mismo tiempo tampoco mueres con las modas. Creo que formo parte de cierto tipo de arte, en música, en cine o en literatura, da lo mismo, que asume riesgos y que salta por encima de las corrientes de cada momento.

Cristina Rosenvinge en Sitges
Cristina Rosenvinge en SitgesAdrià Cañameras

Hablando de música, usted evolucionó del pop cristalino a las guitarras enrarecidas a lo Sonic Youth, un grupo que ha tenido mucha importancia en su carrera, ¿cómo ve que el mundo gire ahora en torno a la música urbana?

La verdad es que no lo vimos venir. Bad Bunny en la Super Bowl, la ceremonia yanqui por antonomasia, cantando en español. Es otra forma de darle la vuelta a la tortilla que, desde luego, no era posible prever en el siglo XX. Lo cual siempre es una buena noticia. No podemos prever, cuando prevemos siempre es con una visión muy pesimista y negativa. Pero luego siempre pasan cosas que sorprenden.

Usted también le dio la vuelta a la tortilla: se fue a vivir cinco años a Nueva York y a cantar en inglés.

Fue por una cuestión puramente geográfica. En España, me salían las canciones en español, cuando estaba allí me empezaron a salir en inglés. Al volver he intentado cantar en inglés, pero ya no me sale. No me fui ahí solo por motivos musicales. Es una historia larga de contar. 

Cuénteme la versión corta.

Me fui porque en España no tenía un sitio claro donde estar. No cabía en el mainstream, ni tampoco en lo alternativo que se estaba haciendo. La gente no parecía entenderme. A través de Lee Ranaldo, que me había producido un disco, conocí toda una escena de Nueva York, de gente mucho menos famosa, que se movía mucho y que era muy interesante. Así que me fui a vivir eso durante una temporada.

¿Y lo disfrutó?

Muchísimo.

¿Qué recuerdos se trajo del Nueva York de aquella época?

Fue bonito vivir los últimos momentos del underground en Manhattan, porque ya no queda absolutamente nada. O sea, sigue existiendo porque el underground nunca muere. Sólo cambia de traje y de estación de metro. Ahora está cada vez más lejos en Brooklyn. Lo veré porque voy a presentar mi libro, Debut, en la Feria del libro en español, porque participo en unas charlas sobre escribir música en español.

¿Y para cuando disco nuevo?

Estoy componiendo, espero grabar este invierno y que salga a final del invierno o principios de primavera.

Volviendo a Balearic, tiene un punto muy de terror con esos perros asesinos ¿le gusta el terror?

Lo que pasa es que me aterroriza de verdad. Lo paso mal, soy de las personas traumatizadas por [Rec], la película de Jaume Balagueró y Paco Plaza. [Rec]3 me hizo gracia, pero también me dio muchísimo miedo.

¿Qué tipo de cine le gusta más?

Realmente no funciono por géneros, ayer vi la de Paul Thomas Anderson que me gustó, con ese rollo setentero como de los Black Panthers mezclado con lo de ahora, basada en una novela de Thomas Pynchon, aunque también me desconcertó.

Creo que el aspecto racial no está en la novela, y que cae muy bien ahora mismo. En América hay un problema muy gordo con eso…

Sí, y lamentablemente no es algo que se esté diciendo suficientemente. Pero están echando a todos los funcionarios afroamericanos. Están haciendo una limpieza racial en el gobierno.

Los papeles me caen porque mis amigos hacen cine, y saben que me encanta”

Y también salen los campos de inmigrantes que el cine tampoco había mostrado.

Sí, eso es lo más dolorosamente actual.

Hablando de política, le gusta mucho ir en bici, ¿se considera activista?

Sí, aunque ahora mismo no en activo. Estoy en un grupo y nos hemos reunido con el ayuntamiento de Madrid. El primer encontronazo lo tuvimos con Gallardón y luego con Ana Botella. Pero, en los últimos años lo he abandonado un poco por la imposibilidad de mover nada. Madrid es la capital europea que va más por detrás en este tema y no estamos ganando ninguna de las batallas. En mi grupo son arquitectos y urbanistas, yo entré porque hacía mucho ruido en redes, hasta me dieron un premio. La gente se sorprende de que yo vaya en bici porque, por edad y sexo, lo que menos se ven son mujeres de más de 50 años en bicicleta.

Al contrario de lo que ocurre en Dinamarca y cualquier país nórdico. Lo sabe usted bien.

Sí, ahí es lo más normal del mundo. Pero en Madrid no hemos conseguido implementar el carril bici. Hubo un momento con un plan aprobado por todos los partidos, incluso Vox, que parecía que se iba a aplicar cuando entró Carmena, pero su concejal fue el que se lo cargó. ¿A que es increíble? En todas partes cuecen habas. Últimamente me he apartado un poco por puro desánimo.

Una escena de ‘Balearic’, de Ion de Sosa, que se presentó en Sitges
Una escena de ‘Balearic’, de Ion de Sosa, que se presentó en SitgesAdrià Cañameras

¿Y el feminismo? ¿Cómo lleva la militancia?

Lo que he visto es que hay muchas redes feministas sin nombre, pero con mucha agenda y con mucha discusión. En estos grupos cada vez hay más hombres que han asumido que también es su tema.

Yo tengo una niña de nueve años.

Ya, el que es padre, espabila bien rápido (risas).

También está el tema del aborto, que nunca se va.

Es increíble porque parece que está ganado, y nunca está ganado el todo. Lo más flipante de todo es que se sigan consignas religiosas. Lo que está haciendo Ayuso, por ejemplo, es contentar a grupos ultra-católicos que tienen mucho poder. No son sus creencias personales porque en otros momentos ha dicho otras cosas. Es sorprendente que Dios siga mandando tanto. Luego, por otro lado, está la falta de futuro de las nuevas generaciones, y creo que Balearic funciona como metáfora de eso. Este es el tema del que deberíamos estar hablando todo el rato: no es normal que esta generación se le esté exigiendo que trabaje por 400 euros al mes y que no puedan vivir en el sitio donde han crecido. Es una trampa mortal.

My Favourite Things


Un secreto de belleza: La única crema de belleza que realmente importa a lo largo de la vida es la crema solar. Y si no te gusta o te falta, pues sombrero. Siempre llevo sombrero.

Una prenda fetiche: Siempre tengo muchas chaquetas masculinas. Es lo que más me gusta. El hombro cuadrado aporta autoridad. En cuanto te pones una chaqueta, ya te parece que lo que estás diciendo es más importante. Hay que robarle esto a los hombres. Cuando vas a decir algo y quieres que te escuchen, ponte un blazer.

Su último mito: Ahora mismo estoy leyendo y estudiando sobre Jezabel. Es un personaje real, pero se considera mito porque está en el Antiguo Testamento. Me interesan las mujeres malvadas de la Biblia, como Eva, la mujer de Lot, a la que ya le hice una canción.

Un libro:La trilogía de Copenhague, de Tove Ditlevsen, que es una escritora que ha estado poco valorada tradicionalmente. Habla de sus inquietudes literarias, de la familia y la adicción. Lo mezcla todo. Hay una palabra en danés que significa al mismo tiempo matrimonio y adicción. 

Usted no fue a la universidad, pero sus hijos sí que están estudiando seriamente. Uno arquitectura y el otro, cine, ¿cómo lo lleva?

Pues a mí también me hubiera gustado estudiar teatro o cine, pero en mi caso ni siquiera se dio esa opción.

Por cierto, ¿le interesa el mundo de la moda?

Como el cine, hay gente muy desconocida que tiene un talento descomunal, a los que apoyo, como Carlota Barrera, una diseñadora a la que encargo toda mi ropa de escenario, y cosas para mí. 

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