
Un país sin fuentes
Cristales de bohemia
No me equivoqué al vaticinar que los bazares se iban a quedar sin cantimploras ni termos. Desde la compra masiva de mascarillas no se ha visto nada igual. ¿Qué sentido tiene quitar todas las fuentes públicas de agua potable del país para evitar la sequía? Creo que es la medida más ridícula y, al mismo tiempo, más inhumana y desagradable que ha realizado nunca un gobierno en este país. Y no creo que sea la sequía la razón principal de esta decisión tan grotesca. Apenas me hace falta un centímetro de frente para saber que detrás de esta decisión no hay ninguna agenda 2030, sino un ardid económico. Si no, ¿por qué han aprobado la ya apodada ley de fuentes al mismo tiempo que han eliminado la orden que obligaba a los bares a ofrecer el agua gratis? ¡Con lo feliz que era exigiendo a los camareros una jarra de agua del grifo y enfrentándome a ellos con el BOE en la mano! No puede haber casualidad aquí.
Debido a mi reciente operación de corazón, me tomo varias pastillas al día. A partir del primero de enero, cuando entre en vigor la ley que va a eliminar, insisto, todas las fuentes públicas del país, tendré dos opciones: o me instalo otro apéndice más y cargo con una cantimplora todo el rato o me apunto a una charla TED sobre cómo tragar pastillas sin agua. Pero no voy a comprar tres botellas al día.

¡Por no hablar del plástico que va a generar esta medida! El agua que se van a ahorrar la van a utilizar para crear botellas y tapones. Al planeta le va a dar igual una cosa que otra. Y Rajoy se va a poner empercudido de agua cada vez que intente abrir uno de esos tapones que tanto detesta. Todo mal.
Al planeta le va a dar igual una cosa que otra
Por eso, hoy, en tono poético, propongo al Ministerio del Agua unas medidas más efectivas y menos crueles: que cualquier ciudadano que viva en un bajo se encuentre en la obligación de ofrecer dos vasos de agua al día a los transeúntes que tengan sed junto a sus ventanas; que se confeccionen y repartan de manera gratuita en las provincias interiores de Andalucía los trajes que visten los protagonistas de Dune, esos que transforman el sudor y el pipí en agua; y, por último, que el agua de las fuentes decorativas sea potable… La Cibeles, Neptuno, la Font Màgica de Montjuïc…
¡Y que Dios nos pille saciados!