Viajes

María Garcías, 27 años, española viviendo en Egipto: “Para vivir en El Cairo hay que estar preparado; es un lugar muy caótico y cada día estás en contacto con la desigualdad a pie de calle”

Españoles internacionales

María Garcías decidió mudarse a Egipto, más concretamente El Cairo, para inaugurar una nueva etapa en su vida. Cuenta para Guyana Guardian cuáles son las principales diferencias con su isla natal, Mallorca

“La ciudad es un caos en el mejor y en el peor sentido de la palabra; hay que venir con energía mental y flexibilidad. Egipto es un país fascinante, pero imprevisible”, relata

María Garcías, 27 años, española viviendo en El Cairo

María Garcías, 27 años, española viviendo en El Cairo

Tu historia

Españoles en el extranjero

En Guyana Guardian queremos contar tu experiencia en otros países. ¿Te has mudado fuera de España porque tu trabajo está mejor valorado en el extranjero? ¿Has cruzado las fronteras por amor? Si has cambiado de vida lejos de casa, escríbenos a [email protected]

María Garcías es una joven española de 27 años que decidió abandonar su isla natal, Mallorca, para adentrarse en una ciudad y cultura completamente distinta a lo que estaba acostumbrada. Ahora llama hogar a El Cairo, una ciudad llena de movimiento que, tal y como ella misma afirma, le ha enseñado mucho.

Hablamos con ella para conocer cómo es la vida en Egipto y qué diferencias principales tiene con España.

Testimonio de una española

Vivir en El Cairo, Egipto

¿Cómo es vivir en el Cairo? Es un cambio cultural enorme.

Sí, vivo en El Cairo, y efectivamente, es un cambio cultural muy grande. La ciudad es un caos en el mejor y en el peor sentido de la palabra. Es una metrópoli inmensa, ruidosa, vibrante, en la que todo ocurre al mismo tiempo. Hay coches, gente, bocinas, mercados, animales, niños jugando… todo en un mismo plano. Al principio puede resultar abrumador, pero con el tiempo aprendes a encontrar tu propio ritmo dentro de ese desorden.

Lo curioso es que también hay espacios donde puedes mantener cierta rutina o paz: cafeterías tranquilas, clubes deportivos, zonas más residenciales. La clave es adaptarte al caos, no resistirte a él. Cuando lo haces, la ciudad te empieza a regalar momentos maravillosos.

Cedida por María Garcías
Cedida por María Garcías

¿Y por qué Egipto?

Trabajo en el ámbito de la cooperación y el desarrollo internacional. Llegué por una oportunidad profesional dentro de una organización que trabaja con comunidades locales en proyectos de inclusión y desarrollo sostenible.

¿Siempre quisiste hacer algo así o fue algo que surgió por casualidad?

Fue una mezcla. Siempre tuve interés en el trabajo humanitario y en temas de desarrollo, pero la oportunidad concreta surgió un poco de manera imprevista. Estaba haciendo un máster y me ofrecieron unas prácticas aquí, en Egipto. Mi idea inicial era quedarme unos meses, pero la experiencia fue tan enriquecedora que acabé quedándome a trabajar. Fue un salto vital importante, porque me di cuenta de que esto era lo que realmente quería hacer: trabajar sobre el terreno, con impacto directo y en contacto con otras realidades.

¿Y cómo es un día típico para ti en El Cairo?

Tengo la suerte de vivir cerca del trabajo, lo cual ya es una gran ventaja en El Cairo, donde los desplazamientos pueden ser eternos. Mi rutina es relativamente tranquila dentro de lo que cabe. Me levanto temprano porque la ciudad despierta pronto, y voy caminando o en coche a la oficina, sorteando el tráfico como puedo.

El ambiente laboral aquí es muy diferente al de Europa: más informal, más humano

María Garcías, 27 años, española viviendo en Egipto

El ambiente laboral aquí es muy diferente al de Europa: más informal, más humano. Se valora mucho el contacto personal. Después del trabajo, intento mantener mis hábitos: voy al gimnasio, doy paseos, leo o me encuentro con amigos. A veces voy al centro para asistir a algún evento cultural o cenar fuera, pero implica casi una hora de coche. Así que las distancias y el tráfico condicionan mucho la vida diaria. Todo requiere planificación y, a veces, paciencia.

Cedida por María Garcías
Cedida por María Garcías

¿Qué fue lo que más te sorprendió al llegar?

Sin duda, la desigualdad. He estado en otros países con diferencias sociales marcadas, pero en El Cairo esa desigualdad es muy visible, está en la calle, a plena luz. Puedes ver edificios lujosos al lado de construcciones precarias, familias con realidades económicas completamente opuestas compartiendo el mismo bloque.

Hay barrios donde conviven diplomáticos, expatriados y familias locales con pocos recursos, y eso te obliga a reflexionar mucho sobre los privilegios, sobre el valor del dinero y sobre la resiliencia de las personas. Aquí, más que en otros lugares, la posición económica está muy marcada por el tipo de trabajo que tienes y por tu red de contactos. Es un contraste constante.

¿Te resultó difícil conocer gente e integrarte socialmente?

La verdad es que no. Hay una comunidad internacional muy activa, con gente de distintos países que trabaja en cooperación, diplomacia o enseñanza. Pero lo más bonito ha sido el contacto con los egipcios. Son personas increíblemente amables, hospitalarias y curiosas. Les gusta saber por qué estás aquí, de dónde vienes, qué te ha traído a Egipto. Te hacen sentir acogida desde el primer momento.

Además, la vida social es muy activa. Hay reuniones, cenas, escapadas al desierto o al Nilo. Es un entorno en el que es fácil conectar con gente si tienes una mentalidad abierta.

Cedida por María Garcías
Cedida por María Garcías

¿El Cairo es una ciudad segura, sobre todo siendo una mujer joven?

Sí, me siento segura, aunque eso no significa que puedas bajar la guardia. Aquí la seguridad depende mucho de cómo te muevas. Después de un año y medio he aprendido a leer el entorno, a entender qué zonas evitar, cómo vestir según el contexto o cuándo conviene usar transporte privado.

Diría que hay que tener una “alerta consciente”, como una sensibilidad constante hacia el entorno. A veces se nota más la mirada sobre ti por ser mujer y extranjera, pero también hay respeto.

¿Tienes algún consejo para alguien que quiera mudarse a El Cairo?

Lo principal es venir con energía mental y flexibilidad. Egipto es un país fascinante, pero también imprevisible. Aquí nada está escrito, todo es negociable y cambiante. Hay que tener paciencia, adaptabilidad y confianza en uno mismo. No puedes dar nada por hecho: un trámite puede resolverse en una hora o en una semana, y nadie sabe por qué.

Es un lugar que te enseña muchísimo sobre la improvisación, sobre la capacidad de adaptación y sobre ti mismo.

María Garcías, 27 años, española viviendo en Egipto

Si eres capaz de reírte de eso y fluir, te lo pasarás bien. Si no, puede ser frustrante. Pero también es un lugar que te enseña muchísimo sobre la improvisación, sobre la capacidad de adaptación y sobre ti mismo.

Cedida por María Garcías
Cedida por María Garcías

¿Ha cambiado tu percepción de la ciudad desde que llegaste?

Muchísimo. Me esperaba el caos y lo encontré, pero también descubrí que hay muchas realidades dentro del propio caos. Hay barrios donde reina la tranquilidad, parques escondidos, cafés junto al Nilo donde el tiempo parece detenerse.

Al principio pensaba que El Cairo era una ciudad agotadora, pero con el tiempo entendí que también puede ser acogedora y cálida. Es una ciudad que te exige mucho, pero también te da mucho si aprendes a mirarla con otros ojos.

¿Y qué crees que te ha enseñado la ciudad?

Me ha enseñado a convivir con la incertidumbre. A entender que no todo se puede planificar y que eso no es necesariamente malo. Aquí cada día puede cambiar por completo, y eso te obliga a soltar el control.

A nivel profesional y personal he aprendido a tener paciencia, a escuchar más, a no dar nada por hecho. Creo que me ha hecho más flexible, más práctica y, sobre todo, más agradecida por las pequeñas cosas.

¿Hay algo que no te guste de vivir en El Cairo?

Sí, claro. Echo de menos los espacios verdes, poder caminar sin esquivar coches o sin sentirme observada. La contaminación y el ruido pueden ser abrumadores. También pesa el hecho de ser mujer: hay miradas, comentarios, pequeños gestos que te hacen sentir más vigilada.

Y a veces me gustaría poder vestirme con total libertad, sin tener que pensar en si el lugar o la hora lo permiten. No es algo dramático, pero sí un recordatorio constante de las diferencias culturales y de género que existen.

Cedida por María Garcías
Cedida por María Garcías

Económicamente, imagino que también es un cambio.

Sí, la vida es más barata que en España, pero también depende de tu situación. Tengo un salario local, así que no vivo con los estándares de un expatriado. Aun así, soy consciente de que sigo siendo privilegiada.

Es una mezcla entre vivir con cierta comodidad, pero también ver de cerca una realidad económica muy dura para muchos egipcios

María Garcías, 27 años, española viviendo en Egipto

Los precios están subiendo mucho últimamente, sobre todo en vivienda y alimentación, pero todavía hay servicios mucho más accesibles. Cosas que antes no eran parte de mi rutina —como ir a un salón de belleza o comer fuera con frecuencia— aquí son más asequibles. Es una mezcla entre vivir con cierta comodidad, pero también ver de cerca una realidad económica muy dura para muchos egipcios.

¿Y cómo es el tema de la vivienda?

No es fácil. La vivienda está subiendo de precio, especialmente en los barrios más demandados o donde viven extranjeros. Yo tuve la suerte de poder elegir una zona cercana al trabajo, pero al principio fue complicado.

Como extranjera, los propietarios tienden a pensar que tienes más dinero, y eso encarece todo. Al comienzo compartí piso con gente muy diferente a mí, incluso con personas mayores, porque era la única forma de encontrar algo dentro de mi presupuesto. Con el tiempo logré mudarme a un sitio más acorde a lo que buscaba, pero la búsqueda fue toda una experiencia.