Adrián Conde, veterinario: “Muchísimos animales no superan el primer año en su nuevo hogar porque sus dueños se cansan”
Compromiso
Crítico con el marketing, los “gurús digitales” y las decisiones impulsivas, defiende que querer a un animal no es suficiente: hay que estar preparado para cuidarlo durante años

“Muchos se informan más antes de cambiar de móvil que antes de adoptar”, señala el veterinario, que pide responsabilidad más allá de la emoción inicial

A veces no hace falta levantar la voz para incomodar. Basta con decir algo que nadie quiere escuchar. “Muchísimos animales no superan el primer año en su nuevo hogar porque sus dueños se cansan”, afirma el veterinario Adrián Conde en una entrevista para Guyana Guardian. Lo dice después de años viendo cómo la ilusión inicial se diluye cuando llegan los problemas, los gastos inesperados o simplemente la rutina.
En los últimos años hemos convertido a perros y gatos en parte visible de nuestra identidad: están en nuestras redes, en nuestras conversaciones, en nuestras fotos de familia. Pero, ¿hemos convertido también su bienestar en una responsabilidad real? Conde, con una trayectoria marcada por la divulgación crítica, cree que estamos “romantizando” la adopción mientras ignoramos todo lo que implica sostenerla cuando deja de ser novedad.
Cuando la ilusión no basta
Adrián Conde no matiza la frase ni la suaviza. Sabe que incomoda. Sabe que es “duro”. Pero también sabe que es real. Lo ha visto demasiadas veces en consulta: “familias desbordadas, problemas de conducta que nadie anticipó, decisiones tomadas desde la emoción y no desde la responsabilidad”. Por eso, para él, adoptar “porque hace ilusión” puede ser un buen comienzo, pero nunca el fundamento.
De hecho, insiste en que cada persona debería preguntarse si podrá sostener el compromiso cuando deje de ser novedad y, si la respuesta no es un sí claro, “es mejor esperar”. Porque la realidad, según el especialista, es que demasiados animales no llegan a cumplir un año en su nuevo hogar antes de que quienes los adoptaron se cansen.

Con más de 140.000 seguidores en redes sociales, Conde está acostumbrado al debate. A los aplausos, pero también a las críticas. “No estoy aquí para caer bien, estoy aquí para que los animales vivan mejor”, sostiene. Y eso, admite, a veces genera enemigos. “Dentro y fuera del gremio”. Pero lo que más le preocupa no es la polémica, sino la ligereza con la que, dice, se toma una decisión que debería cambiar una vida durante 10 o 15 años.
La ilusión no puede ser el único motivo para adoptar
Para él, el problema empieza cuando confundimos ilusión con compromiso. Adoptar es bonito. Ilusiona. Enternece. Pero la ilusión dura semanas; el cuidado, años. Y ahí es donde, según explica, “empiezan a fallar muchas historias que en redes parecían perfectas”.
Tener un animal no es un capricho
Hablar de adopción implica hablar también de “dinero, tiempo y estabilidad emocional”. De fondo para imprevistos. De tratamientos crónicos. De educación si aparecen problemas de conducta. “La medicina veterinaria es privada y eso hay que tenerlo claro antes de dar el paso”, recuerda.
“Muchos se informan más antes de cambiar de móvil que antes de adoptar”, afirma. Y la comparación no es casual. Para él, refleja una escala de prioridades distorsionada. Se mira la cámara, la batería o el diseño con lupa, pero “no siempre se analizan las necesidades reales del animal, su carácter o la capacidad de la familia para acompañarlo en cada etapa”.
Adoptar implica sostener también los problemas, no solo la parte bonita
Y luego está la parte emocional. La adolescencia, la vejez, las enfermedades, los comportamientos que no encajan con lo que imaginábamos. “El amor no lo cura todo”, insiste. Querer mucho no sustituye a saber bien ni a estar preparado. Porque cuando la novedad desaparece y aparecen los problemas, es cuando se pone a prueba el compromiso. “No pasa nada por esperar”, remarca.

El ruido que confunde
En paralelo a esa falta de compromiso, Conde señala otro fenómeno que le preocupa: la desinformación. “Internet amplifica seguridad, no conocimiento”, resume. Y en el ámbito animal, eso puede tener consecuencias.
“Lo más peligroso que he visto recomendar en redes son los collares de castigo como solución educativa, el pienso como opción de alimentación más saludable, retirar medicación porque 'es química' y suplementaciones milagro para patologías serias”, señala. “Sin diagnóstico no hay tratamiento, hay apuesta”, advierte. Y cuando se trata de salud, apostar no debería ser una opción.
El problema, explica, no es que la gente opine. Es que lo haga con autoridad sin tenerla. “Todo el mundo por tener animales cree ser conocedor de la verdad”. Y en ese ruido constante, las decisiones importantes acaban tomándose en comentarios de redes sociales, no en consultas veterinarias.
Quería entenderlos, no solo quererlos
Quizá por eso su discurso es tan firme. A los 16 años se fue de casa para empezar a formarse. “La comodidad no construye carácter”, reflexiona ahora. Aquella decisión temprana le enseñó “independencia” y “responsabilidad”, dos palabras que repite cuando habla de tenencia animal.
Siempre tuvo claro que quería ser veterinario. “Quería entenderlos, no solo quererlos”. Y esa idea sigue marcando su manera de ejercer y de comunicar. “No estoy aquí para caer bien…”, repite, consciente de que incomodar a veces es parte del trabajo cuando lo que está en juego es el bienestar de quienes no pueden hablar.


