Manuel Lázaro, veterinario: “Permitir que tu gato juegue con tus manos o pies puede favorecer el desarrollo de agresividad predatoria, ya que los percibirá como objetos de caza”
Gatos
El veterinario, con más de 35 años de experiencia clínica, explica para Guyana Guardian por qué los gatos arañan muebles y cómo interpretar este comportamiento

Manuel Lázaro con un gato en consulta

¿Tu gato araña constantemente los muebles de casa? ¿Te preocupa que su comportamiento sea agresivo mientras jugáis? Aunque a veces pueda parecer una señal de rebeldía, lo cierto es que detrás de estos comportamientos hay motivos mucho más profundos y pueden estar relacionados con su salud, su forma de comunicarse o incluso con la manera en que ha sido educado. Para entender por qué los gatos arañan muebles y cómo abordarlo de forma práctica, hablamos con el veterinario Manuel Lázaro Rubio.
Licenciado en Veterinaria por la Universidad Complutense de Madrid en 1987, Lázaro ejerce como clínico de animales de compañía desde entonces. Ha formado parte de la Junta Directiva de la Asociación Madrileña de Veterinarios de Animales de Compañía (AMVAC) y es miembro de los comités de reproducción, pediatría y etología clínica de la Asociación de Veterinarios Especialistas en Pequeños Animales (AVEPA).
¿Cuáles son las razones más comunes por las que un gato en casa puede llegar a arañar muebles?
La razón fundamental por la que los gatos arañan y, en algunos casos, podrían morder, suele estar vinculada al juego. Los cachorros necesitan interactuar con todo lo que hay a su alrededor. Con el crecimiento, el arañar asume una función adicional: el marcaje territorial, que permite a los gatos impregnar su entorno con su presencia. En las almohadillas, entre los dedos, los gatos tienen glándulas que producen feromonas. Las feromonas son sustancias que sirven para comunicarse; no son olores para indicar si algo huele bien o mal, sino señales que, incluso en dosis bajas, transmiten información.
¿Qué papel juegan las feromonas?
Los animales utilizan feromonas para comunicar situaciones de estrés o, por el contrario, entornos seguros y de marcaje. Estas se producen en distintos lugares del organismo y cada una cumple una misión específica. Las que se encuentran en los dedos cumplen una función de reconocimiento territorial: cuando otro animal llega, puede detectar que ya hay presencia de un gato en ese lugar. Además, las huellas de los arañazos funcionan como marcas visuales, pero a menudo van acompañadas de esta “marca química” positiva, la feromona.
En la naturaleza, los animales protegen sus territorios mediante la orina, la defecación o el marcaje
¿Pueden tener relación los arañazos con la ansiedad?
Está completamente relacionado. Tanto en perros como en gatos, en la naturaleza, los animales protegen sus territorios mediante la orina, la defecación o el marcaje, tal y como ocurre con los gatos de los que estamos hablando. Si usted vive en un chalé y se informa de robos o problemas en la zona, automáticamente llama a una empresa para que instale una alarma o decide aumentar la altura de la valla o colocar rejas. En otras palabras, toma medidas para protegerse ante amenazas. Los animales hacen algo similar: incrementan el marcaje territorial como forma de protegerse.
¿En qué medida les afecta esta ansiedad?
Si hay ansiedad, miedo o cualquier tipo de problema, se incrementa mucho el marcaje, incluidos los arañazos. También hay que tener en cuenta que los gatos arañan para afilar las uñas, desgastarlas y mantenerlas en buen estado, ya que son herramientas que necesitan para cazar en la naturaleza.

¿Qué señales indican que un juego es agresivo?
En los gatos existen distintos tipos de agresividad: puede deberse al miedo, a la defensa de sus crías o a otras causas. Sin embargo, hay un tipo particular llamado agresividad por depredación, que está estimulada por la caza. Es decir, el gato es un animal con un instinto de caza desarrollado. Todos estamos acostumbrados a verlo jugar con una pelota, con un ovillo o con cualquier objeto que se mueva; esos juegos estimulan su instinto de depredador. El problema surge, muchas veces sin que los dueños lo perciban, cuando enseñan al gato a jugar con las manos o con el cuerpo humano. De esta manera, nuestras manos o pies se convierten en “objetos de caza”. Lo mismo ocurre cuando, siendo cachorros, los gatos juegan persiguiendo los tobillos.
Cuando llega un gato a vacunar y se ven las manos del dueño con arañazos, hay que dedicar un rato a explicar la importancia de prevenir estas situaciones
¿Es muy común esta agresividad predatoria por instinto de caza?
Se ha demostrado que un porcentaje relativamente significativo —quizá entre el 10 y el 20 %— de los gatos puede desarrollar agresividad predatoria, motivada por el instinto de caza. Reconocer este tipo de agresividad resulta complicado, porque se ha consolidado como un comportamiento muy arraigado. Es como si quisiéramos enseñarle a un gato adulto a no cazar un ratón o un pajarito: es un estímulo primario que resulta difícil de inhibir.
¿Cómo se puede redirigir este comportamiento?
Lo fundamental es la prevención. Cuando tenemos un gato que se ha acostumbrado a atacarnos los pies, las manos o cualquier otra parte del cuerpo, esto se vuelve problemático, porque es un tipo de agresividad en la que al animal le gusta controlar la fuerza. Un gato, en la naturaleza, no puede cazar una presa y decir: “Cuando la tenga atrapada, aflojo”. Necesita tener cierta seguridad de que su presa no se escapará. Por eso estas agresividades suelen ser bastante intensas. El secreto es no jugar con el cuerpo: ni con manos, ni con pies, ni con tobillos. Si un gato intenta morder nuestras manos, debemos ofrecerle de inmediato un juguete alternativo: una pelota, un mordedor, una pluma, para que redirija su instinto de caza hacia eso y no hacia nosotros. Por ejemplo, si vamos por el pasillo y el gato está agazapado, listo para atacarnos porque le parece divertido, podemos lanzar una pelota por delante; él la perseguirá y nosotros podremos pasar sin problema.
¿Cuándo se debería acudir a un veterinario?
Siempre que tengamos dudas, lo mejor es acudir lo antes posible. A veces, situaciones que parecen insignificantes, como un cachorrito de dos o tres meses que nos araña mientras juega, requieren atención inmediata. Por ejemplo, cuando llega un gatito a vacunar y se ven las manos del dueño llenas de arañazos, es un momento propicio para dedicar un rato a explicar la importancia de prevenir estas situaciones: qué no se debe permitir, cómo actuar y las precauciones básicas que comentaba antes. Es en estos casos cuando conviene tomar medidas rápidamente.


