“No es un toca-toca ni un circo, el respeto a los felinos es lo primero”: España tiene el primer ‘cat café’ del mundo que permite adoptar a los gatos
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En el año 2103 se abrió en España el primer ‘cat café’, una idea importada de Japón, pero a la que aquí se ha dado la vuelta para primar el bienestar animal y buscar familia a los gatos más necesitados e invisibilizados

Imagen del espacio del primer ‘cat café’ de España.

Esta historia comienza casi por casualidad. Para su proyecto de fin de carrera, Eva Aznar, ilustradora y diseñadora de interiores de Zaragoza, decidió alejarse de ideas comunes: un hotel, una tienda… “Como era amante de Japón y de los gatos, me dije: voy a plantear un café de gatos”, y así fue como, dos años más tarde, el 15 de octubre de 2013 nació en España el primer ‘cat café’ (y el quinto de Europa).
Fueron unos meses de intenso trabajo burocrático y administrativo, en un momento, recuerda, en el que ni siquiera se permitía que los perros pudieran sentarse con sus dueños en una cafetería. “Hice muchos viajes de Zaragoza a Madrid para hablar con Urbanismo, con Protección Animal, con mi dossier bajo el brazo, y después de ese tiempo, pudimos juntar todas las piezas en La Gatoteca”.
Estudiando los cafés de gatos de Japón veías gatos de raza o cachorritos que estaban ahí para el divertimento humano
Eva ya colaboraba con entidades de protección animal en Zaragoza y sabía de la difícil situación por la que pasan muchos gatos en estas instituciones. Pero también tenía claro un punto de partida. “Estudiando los cafés de gatos de Japón, veías la crítica recurrente de la falta de bienestar de los gatos; gatos de raza o cachorritos que estaban ahí para el divertimento humano”. Y ella se quiso alejar de ese modelo.
Japón es un país donde culturalmente el gato tiene un gran arraigo. Hay más de nueve millones de gatos con dueño, y es el animal de compañía preferido por los autóctonos. En su historia, en el arte, en las leyendas tradicionales y en la cultura actual hay un sitio preferente para estos felinos. Pero los ‘neko café’, como se los denomina allí, que fueron creados hace más de dos décadas, no siempre comparten el espíritu de cuidado que puede tenerse hacia ellos en los ‘cat café’ occidentales. De hecho, hay ‘neko cafés’ muy especializados en razas, tamaños o colores, donde la interacción humano-animal parece favorecer siempre al hombre.

“Cambiamos la forma de trabajo de estos establecimientos en Japón y fuimos la primera asociación sin ánimo de lucro que entregaba sus gatos en adopción, un modelo de ayuda que han seguido en Estados Unidos, en Europa y en Sudamérica, por lo que nos sentimos muy orgullosos”, comenta. La novedad no viene solo del nuevo paradigma, sino que pensando qué nombre darle a ese “compendio de gatos”, se le ocurrió el de “gatoteca”, al igual que una biblioteca es un compendio de libros o una filmoteca, un compendio de películas.
Con este término se han bautizado otras muchas iniciativas similares, de modo que gatoteca o ‘cat café’ se utilizan indistintamente para nombrar a esos establecimientos donde humanos y gatos conviven durante unos instantes con el fin último, en España, de fomentar la adopción.
Un sostén económico que necesita muchos encajes
El hecho de que La Gatoteca esté situada en pleno centro de Madrid (calle Duque de Rivas 7) favorece mucho las visitas de gente que está de paso por la capital y que, con el donativo de seis euros de la entrada, contribuyen al sostén económico del proyecto.
Cuenta Eva Aznar que empezaron con muy poquitos gatos porque al ser una idea innovadora no se fiaban de ellos. Ahora reciben felinos de asociaciones, centros municipales, veterinarios… la petición de ayuda para que se hagan cargo de estos animales es constante y ellos acogen a los que tienen a partir de cinco o seis meses adelante y de ahí, sin límite: “Hemos tenido gatos de hasta 20 años”, recuerda.
“Nosotros trabajamos con gatos que han nacido en la calle, que no han tenido nunca una familia, con desalojos, incautaciones, con síndromes de Noé [acumulación compulsiva de animales a los que no se prestan los cuidados necesarios], con gatos tirados por la ventana de un coche en marcha…”.
El síndrome de Noé
Acumulación compulsiva de animales a los que no se prestan los cuidados necesarios
Algunos de ellos tienen discapacidades, “y son igualmente adoptables; solo necesitan una atención diferente, una adaptación en casa o tener un colchón económico por temas de salud”. Los gastos de veterinario, pruebas médicas, cuidados y alimentación son muy elevados en La Gatoteca, y los sustentan con donaciones, las aportaciones de los socios y las entradas al local, al margen de exiguas subvenciones que ni siquiera están garantizadas todos los años. Un trabajo que también se apoya en el voluntariado que participa en el cuidado de los animales.
“En un mundo ideal, entidades como la nuestra o protectoras de animales no deberíamos siquiera tener que existir porque esto es un problema poblacional –reflexiona– y del cual la Administración se tendría que responsabilizar al cien por cien, aunque no lo hace”.
Para adoptar, hacen un asesoramiento y estudian a cada familia, sus tiempos, sus experiencias previas, sus expectativas. Es un proceso individualizado, porque ha de ser una adopción responsable. La mayoría de los gatos logran tener un hogar en unos meses. ¿Qué pasa entonces con el vínculo de los cuidadores que han estado con ellos hasta entonces? “Vivimos en un duelo constante. Nos alegramos muchísimo y sabemos que es algo necesario, pero aunque sabes que es lo mejor que le puede pasar al gato, cuando llevas mucho tiempo con él lo echas de menos”, reconoce.
Espai de Gats: el primer ‘cat café’ en Barcelona
Montse Grau es la presidenta de Espai de Gats, una asociación sin ánimo de lucro que puso en marcha el primer ‘cat café’ de Barcelona en el año 2016. “Aquí no hay beneficios, todo lo que se gana se destina al cuidado de los gatos”, recalca. Su proyecto de protección y bienestar animal tiene el objetivo de dar visibilidad a gatos adultos con el fin último de que encuentren una familia aquellos que “por distintos motivos eran invisibles en las protectoras”, en las que pasaban años y años hasta su fallecimiento.
A Espai de Gats (calle Terol 29-33) llegan gatos de refugios y protectoras, fundamentalmente de Cataluña, pero también de fuera. “Nos avisan de los casos más urgentes, de los gatos que lo están pasando peor, de los que llevan más tiempo y de los que son más ancianos”, comenta. El objetivo es que sea un lugar de paso, temporal. “Nuestro espacio visualmente es muy bonito y la gente dice ‘qué bien están aquí’, pero no es el lugar donde deben estar, no dejamos de ser un refugio y cada semana entran gatos de distinta energía a los que se tienen que adaptar”.
Espai de Gats, en Barcelona
Un proyecto sin ánimo de lucro de protección y bienestar animal que tiene el objetivo de dar visibilidad a gatos adultos con el fin de que encuentren una familia
Además, como comenta la responsable, les falta ese vínculo con una familia, tan fundamental tras un abandono. “Nosotros los acompañamos, pero el propósito es que rápidamente encuentren una familia responsable que los quiera para siempre”.
En estos diez años de funcionamiento han sido adoptados 400 gatos, siempre bajo la premisa de que no sea una decisión impulsiva, porque “hay animales que ya han pasado por varios abandonos. Por eso, el mismo día que nos visitas no te puedes llevar al gato”.
Así, llevan a cabo un proceso que incluye un taller de formación y piden unas garantías como una segunda opción en caso de que los adoptantes no pudiera hacerse cargo del gato por alguna circunstancia. Es quizá lo que ha permitido que en esta década haya habido apenas uno o dos retornos tras la adopción a Espai de Gats.
Al margen de la adopción, hay personas que acuden solo para visitar a los gatos. Es siempre bajo reserva y realizan una aportación de nueve euros por hora de estancia, que es una de las vías de financiación del proyecto. Cuidan mucho de que no haya aglomeraciones, por eso limitan estas visitas a tres como máximo a la vez y aunque los niños son bien recibidos, se pide que tengan más de cinco años. “Esto no es un toca-toca, no es un circo, no es un espectáculo, es un proyecto de bienestar animal en el que nos pueden visitar y ayudar como quieran. El respeto a los gatos es lo primero, y por suerte nos visita gente muy respetuosa que nos lo pone muy fácil a las cuidadoras”, confirma Montse Grau.
En Espai de Gats conviven trabajadores y voluntarios, “es algo muy vocacional”, donde es importante la parte pedagógica, por eso imparten talleres para conocer mejor todas las vertientes gatunas. Entre ellos, también yoga con gatos, “donde se crea un ambiente mágico porque las personas focalizan su energía en la relajación y los gatos lo perciben, por lo que es enriquecedor para ambas partes, y observas cómo ellos están presentes con toda tranquilidad y sin la presión de ser tocados. Son talleres maravillosos”, concluye.
Gatuari: dar luz a los gatos invisibles
En los diez años que lleva en funcionamiento en Barcelona, Gatuari ha conseguido la adopción de unos 300 gatos de esos que ellos llaman “invisibles”. “Son gatos que vienen de protectoras de toda España y que, pese a que, en general, son aptos para la mayoría de las familias, no estaban siendo adoptados”, cuenta Enric Sintes, responsable del proyecto junto con su pareja.
“Normalmente, cuando ya no son cachorros o tienen alguna cosa que visualmente no es atractiva para la gente, como ser de color negro o que les falte un ojo, o algún problema en una patita, no son vistos, aunque sean gatos súper dulces, cariños, juguetones…”, destaca. “Incluso cuando empiezan a hacerse más mayores, a partir de los dos o tres años, la gente ya deja de fijarse en ellos, aunque les parezcan bonitos”.

A veces, es cuestión también del estrés que pasan los felinos en los refugios. “Si hay cincuenta gatos en una habitación no suelen mostrarse como son, incluso si te acercas a saludar a uno a lo mejor te responde mal y te suelta un arañazo; entonces la gente se piensa que es un gato agresivo cuando probablemente es que esté estresado”, advierte.
Gatuari es un ‘cat café’ que cumple la misión de darles esa visibilidad, un espacio amable “en el que hay pocos gatos y pocos humanos, en un ambiente muy controlado para que sea todo relajado y los gatos puedan mostrarse tal y como son”, confirma. Esas visitas al café, que son de 45 minutos, siempre con reserva previa y tienen un coste de seis euros, pueden ser el germen de las adopciones, pero también un espacio donde pasar un rato con los animales, “porque la persona esté lejos de su ciudad y eche de menos a su gato, porque está de alquiler y el propietario del piso no le permite tener animales o porque simplemente le gusta el contacto con ellos”.
Si hay cincuenta gatos en una habitación y te acercas a saludar a uno responde mal; entonces la gente se piensa que es un gato agresivo cuando probablemente es que esté estresado
Al igual que en los casos anteriores, en Gatuari (calle Sant Lluis 14), se alejan de las adopciones precipitadas, por eso ni siquiera los gatos son vistos desde fuera en el escaparate: “Hemos querido huir de esa impulsividad de ‘lo veo y lo quiero”. Desafortunadamente, el porcentaje de devoluciones tras una adopción en refugios es alarmantemente alto, algo que no ha sucedido en el tiempo de funcionamiento de Gatuari, donde apenas ha habido retornos.
Al margen de este propósito, una parte importante de su labor consiste en dignificar el bienestar animal como profesión. “Esto lo hacemos para ayudar a los gatos y porque nos gustan los animales, pero muchas veces tenemos el estigma de ‘los locos o las locas de los gatos’, y parece que hay que hacer las cosas de forma altruista. Nosotros defendemos que cuidar a los gatos también es una profesión y que hay que hacerlo bien, por eso dejamos nuestros trabajos para dedicarnos a esto”, resalta Enric Sintes.
“Nuestra idea es que tenemos vidas a nuestro cargo, y siempre hemos pensado que no deberíamos depender de ayudas externas, donativos o subvenciones. Eso no quiere decir que no las aceptemos, porque no tenemos ánimo de lucro; cualquier ayuda es bienvenida”, comenta. Pero en esa visión de ser autosuficientes económicamente, el proyecto se hace más global con los cursos que imparten, una tienda para gatos y humanos, un servicio de catsitter (para cuidar en el propio domicilio a gatos cuyos tutores tienen que ausentarse) y con trabajos de protección en exteriores para poner redes en balcones, ventanas o patios y evitar accidentes o riesgos de caídas.
Una dedicación satisfactoria, pero muy absorbente. “Llevamos diez años sin desconectar, sin descansar, porque además en nuestro caso hemos compaginado crear Gatuari, mantenerlo y llevarlo adelante con la crianza de un hijo humano, que tampoco es poca cosa”, concluye. Como en La Gatoteca y en Espai de Gats, todo por el bienestar de los gatos más vulnerables.






