Asier Etxeandia, actor: “Trato a mi perra Gora como si fuera mi hija, duerme pegada a mí y es mi amor absoluto, me da igual lo que diga la gente, tenemos una relación íntima brutal”
PELUDOS VIP
Al actor le brillan los ojos al hablar de su perrita Gora, una bichón maltés de 11 años a la que, cada
vez que puede, se lleva con él: de cañas, a rodajes o, incluso, encima de un escenario

Asier Etxeandia junto a su mascota.

Hace once años que Gora, una pequeña bichón maltés blanca y revoltosa, le cambió la vida. En aquel entonces, Asier Etxeandia ya era una presencia habitual en la gran y la pequeña pantalla. Fue aquel 2014 cuando rodó La novia, la película de Paula Ortiz por la que recibió su primera nominación al Goya. La segunda llegaría con Dolor y gloria (2019), de Pedro Almodóvar. Monstruo de la escena, representando éxitos teatrales como Cabaret, La avería o El intérprete, o cantando con Mastodonte, el proyecto musical que comparte con Enrico Barbaro y que, hace unas semanas, le llevó a encabezar un espectáculo titánico, Mastodophonika, en el Palacio Euskalduna de Bilbao.
Algunos se sorprendieron cuando, al final del show, tomó en brazos a Gora: “Es que ella es mi amor. Y subirla al escenario venía a colación, no era una cosa gratuita, porque el final del espectáculo tiene que ver con 'quédate con las cosas que más amas y pon la atención donde la tienes que poner', así que tenía un sentido”, nos explica.
Hay muchas perritas en Bilbao que se llaman Gora, que en euskera significa “viva”. Le pega muchísimo porque es una perra muy viva
Nos sentamos con un Asier Etxeandia que aún tiene La cena en los cines, y que pronto estrenará Frontera. En ambas, películas de época, abunda en la etiqueta que le han colgado de malvado oficial de nuestro audiovisual, en series como Sky Rojo o Ladrones: La tiara de Santa Águeda, o en esta La cena, en la que comparte protagonismo con Mario Casas y Alberto San Juan: en ella, da vida a un oficial de la Falange que, con la Guerra Civil recién terminada, se convierte en un peligro constante para los cocineros republicanos encargados de preparar un banquete para Franco.

“Alguien tiene en su imaginario que yo soy el malo de España y no puedo luchar contra ello”, dice. Tampoco soy Leonardo DiCaprio para elegir personajes continuamente. Entonces me busco la vida para que uno no se parezca al otro, para darles colores diferentes. Y me divierto mucho”, apunta. Y continúa: “En La cena hago de falangista, y descubrí hasta qué punto pensaban que Franco era un mierda.
Hubiesen sido mucho más drásticos, eran terroristas, y eso me dio mucha libertad para crear un personaje cuya actuación tenía que ver con el asco. Al buen facha le da asssco lo que no es como él”, afirma. “Una comedia enmarcada en un momento terrible de España que viene muy bien recordar en este momento de auge: todavía no hemos hecho la digestión del Franquismo”.
Hablemos de Gora... ¿Cuándo llega a tu vida y por qué se llama así?
Hace once años, y llegó de la camada del perrete de una familiar. Me ofrecieron una cria y dije que sí. Era una cosita pequeñita, blanquita. Y quería ponerle un nombre vasco y estaba entre Nekane y Begoña... Es broma, ¿te imaginas? (Risas). Hay muchas perritas en Bilbao que se llaman Gora, que en euskera significa “viva”. Le pega muchísimo porque es una perra muy viva. Es una raza muy especial, pichón maltés. Son muy independientes y protectores. Como todo perro pequeño, ella piensa que es un pitbull, y luego es un perro-patada (risas).
Y también son perro-alarma, cuando oye un ruido te despierta a la hora que sea y te avisa. O sea, si tienes que huir de los nazis, con el bichón maltés te van a pillar (risas). A mis amigos les pone nerviosos, porque suena el timbre, entra alguien y ladra como una loca. No muerde, te está diciendo ¡hola!
Más allá de alarmar... ¿cómo es Gora?
Bastante independiente. Y muy salvaje: vivimos en Madrid, pero cada vez que vamos al campo se vuelve loca, le encanta rebozarse en mierda, y encima, como es blanca, acaba marrón. Duerme pegada a mí, y me gusta mucho. La trato como si fuera mi hija, y me da igual lo que diga la gente. Es mi amor absoluto, tenemos una relación íntima brutal, es compañera, y creo que ella ya entiende todo lo que me pasa antes de que me pase.
Cuando tiene miedo por algo, o le duele algo, o hay mucho viento, o escucha algún petardo, se me pone aquí (pone su mano en un lado de la cara) y duerme en mi oreja. Y me lame mucho. A veces, cuando viene alguien y me habla muy cerca, tiene la costumbre como que me folla, como diciendo 'eres mío', es celosona. Pero está acostumbrada a estar en comunidad, porque mi casa está siempre llena de gente, entonces todo el mundo la quiere mucho. ¡Es una pasada! Gora es como la perra de todos, muy cariñosa con la gente.
Una perra llena de energía...
El problema es que ahora se me ha quedado medio cieguita, por un tema genético degenerativo... No está ciega pero solamente ve sombras cuando hay luz. Entonces es verdad que, ahora más que nunca, intento no dejarla sola y me la llevo a todas partes siempre que puedo. Me he comprado un carrito y me la llevo como un bebé. Ya me ves a mí por la Latina con ella, y como se me cansa porque está mayor, me recorro Madrid con el carrito, haciendo mis recados. O yendo de cañas y termino borracho con el carrito y con la perra (risas).
Cuando puedo me la llevo a los rodajes. Y soy irreductible contra los lugares donde no me permiten entrar con ella, les hago muy mala prensa. No entiendo un lugar que hoy en día no admita perros. Hoteles, restaurantes, me da igual: me parece de muy mal gusto cuando te dicen que el perro no puede entrar. Me entra una rabia interna que me dan ganas de dar cabezazos, porque me parece una falta de empatía y de crecimiento, y de saber lo que es un perro. ¡Un perro es mejor que tú! Además que un bichón maltes es como un bolso...
Se ha quedado medio cieguita y me he comprado un carrito para llevarla como un bebé. Ya me ves a mí por la Latina con ella, y como se me cansa porque está mayor, me recorro Madrid con el carrito
¿Habías tenido animales antes?
No, mis padres no me dejaron nunca. Toda la vida quise tener un perro, encima hijo único rodeado de adultos, aburrido como una ostra. Me hubiera salvado la infancia, la verdad. Y luego tampoco me atrevía por mi trabajo, con tanto moverme de aquí para allá. Pero llegó el momento.
¿Nació enseguida esa historia de amor con Gora?
Sí, tengo el recuerdo de que la trajeron a casa, y fue ponerla en el sofá, agachar la cabeza, y mirarla y empezar a jugar con ella. Y en ese momento, de ladrarme y jugar, ya me enamoré perdidamente. Ya está. Con un animal sientes que te elige, y te sientes importante, te llenas de tanto amor, te sientes querido de verdad. Quien no tiene un animal no lo puede entender. El gran terror es que duran poco. Yo sé que, el día que se me vaya, me voy a ir a la mierda, pero de verdad. Estoy aterrorizado con eso. Pero bueno, vamos a vivir el día a día.
Decías que la llevas a algunos rodajes. ¿Ha salido en alguna película?
Mira, dirigí un videoclip de Maika Makovski y Gorita sale al final. Pero en pelis no. ¡Bueno, sí, claro, en Dolor y gloria! Hay un momento en el que Antonio Banderas baja de un taxi y se mete en mi casa, y al fondo pasa alguien con un perrito blanco. Esa es Gora (risas).

Más allá de ser chica/perra Almodóvar, ¿alguna anécdota con ella?
No lo sé... Bueno, la tengo educada para hacerse la muerta: hago como que le pego un tiro, le haces pum y ella se arrastra, se gira y hace como que se muere. Si algún día me va mal, nos podemos ir de artistas a un circo.
Termino: ¿en qué momento profesional dirías que estás?
Pues fíjate, tengo la suerte de trabajar bastante, de hilar un trabajo con otro. Y me salva de momentos de incertidumbre emocional en mi vida. Creo que tiene mucho que ver con la edad y con el oficio, del que me siento muy orgulloso: antes estaba muy perdido y me descubro teniendo ese oficio. Y lo vivo desde un lugar mucho más relajado, desde el disfrute, sin la presión de querer acertar. Me he liberado mucho del ego, que tenía que ver con ser aceptado, con querer pertenecer a algo.
Ahora estoy muy liberado de eso, me da igual lo que piensen de mí, me da igual si acierto o no, intento quitarme la presión que hace que pueda disfrutar del juego de actuar. Y eso me está ayudando a enfrentarme al trabajo desde un sitio en el que creo que soy mejor actor. Me he liberado.


