“Más olfato y menos prisas”: por qué la calidad del paseo importa más que el tiempo que pasas en la calle con tu perro
Cuidados
Claves para que nuestras mascotas disfruten al máximo

Es uno de los mejores momento para nuestros peludos y hay claves que pueden hacer que sea aún mejor para ellos.
Cualquier tutor de un perro sabe que el momento del paseo es uno de los más importantes y especiales para él. Sin embargo, muchos no tienen claro cuántos paseos diarios deben darse a un perro —sí, aunque tenga jardín, debe salir a pasear—, por cuánto tiempo o cómo debe estructurarse ese momento para que el perro lo aproveche y lo disfrute, a la vez que contribuye a su equilibrio y bienestar.
Lo habitual es que un perro que hace sus necesidades fuera de casa deba salir al menos tres veces al día, idealmente cuatro, ya que retenerse tanto tiempo puede traerle complicaciones y malestar. Pero ¿cuánto tiempo deben estar en la calle? “No hay un tiempo exacto, porque no todos los tipos de perros tienen que pasear la misma cantidad de tiempo. Sí contamos con evidencia de que los perros, cuando tienen la posibilidad de elegir, una buena parte del día la pasan caminando, hurgando, explorando. Recomendamos que los perros salgan a pasear todos los días, pero el tiempo va a variar según el perro, porque no es lo mismo un caniche, que un galgo o un perro pastor. Cada perro, de acuerdo con la raza y su individualidad, va a tener necesidades de paseos propias”, asegura Juan Manuel Liquindoli, etólogo y educador canino además de creador de Filosofía Animal.
Los perros no hablan, pero los perros se comunican, y se comunican fundamentalmente por el lenguaje corporal
Además es importante tener en cuenta el entorno en el que vamos a pasear al perro, no es lo mismo, por ejemplo, un parque urbano que un ambiente rural. “En realidad, más que en el tiempo, en lo que nos tenemos que fijar es en la calidad del paseo. Para un perro estable, joven, en un entorno agradable, pasear dos horas al día, por decir algo, puede estar bien, pero hay que tener cuidado, porque muchos de los perros viven en entornos cuya dificultad está por encima de su capacidad de gestión. En esos casos, un paseo excesivamente largo puede suponer que está demasiado tiempo en alerta, preocupado o sobreexcitado”, puntualiza Luis Vallbona, veterinario y educador canino, que junto con Alicia Torrano, forman Perro Limón. Por tanto, es indispensable observar al perro y cómo gestiona el entorno y en el caso de que no lo gestione adecuadamente acortar el paseo y compensarlo con otros más largos en lugares que le resulten más fáciles.

Es por esto, que ninguno de los expertos consultados quiere generalizar con el tiempo ‘ideal’ que debe durar un paseo. “Partiendo de que tenemos a un perro estable, con habilidades y con capacidad de gestión emocional, un paseo de entre 30 minutos y una hora puede ser ‘perfecto’. Para que haga sus necesidades fisiológicas, para que conecte con el entorno, tenga comportamientos sociales de forma directa o indirecta, para que use el cuerpo”, explica Vallbona incidiendo en que habrá que ajustar esto en función de nuestro perro.
¿Qué debe tener un buen paseo?
“Una de las cosas que no pueden faltar es darle la libertad de olfatear lo que quiera y necesite. Los perros conocen el mundo fundamentalmente a través del olfato. Entonces, si vamos de prisa, si vamos apurados, si cada vez que se frena a olfatear algo, nosotros lo sacamos, generamos mucha frustración y mucho estrés”, apunta Liquindoli. No se trata de que se ande mucho, mucho tiempo o tener al perro corriendo para que se canse, sino que pueda olfatear con libertad para que pueda relajarse y tenga una buena estimulación.
Para un perro estable, joven, en un entorno agradable, pasear dos horas al día puede estar bien, pero hay que tener cuidado, porque muchos viven en entornos cuya dificultad está por encima de su capacidad de gestión
Además, hay que tener claro que el paseo es un momento especial tanto para el perro, como para el humano que lo acompaña. No se trata de que simplemente caminemos al lado del perro, en muchas ocasiones con el móvil en la mano y sin hacerle caso, ni de que el perro deba obedecernos constantemente y estar pegado a nosotros. Por eso, para Vallbona, lo más importante es que exista conexión. “Lo cierto es que tanto el perro como tú sois seres sociales. El perro tiene que poder tomar decisiones, tener iniciativa, disponer de tiempo para conectar, para procesar… Pero también es importante que sienta que paseamos juntos, especialmente para algunos perfiles de perros más colaborativos. Nosotros podemos y debemos comunicarle, ayudarle si lo necesita, tomar decisiones cuando él no está preparado para hacerlo… Que sepa que nosotros también estamos ahí y que eso sume, no reste”, resume Vallbona.
Hay que tener en cuenta que los paseos satisfacen una serie de necesidades del perro, físicas, comportamentales y emocionales. Y este momento empieza incluso antes de salir, que el perro percibe lo que va a pasar, se anticipa y se prepara. Aquí Vallbona aboga por gestionar la salida de manera calmada y fluida y Liquindol llama a usar los instrumentos de paseo adecuados, nada de correas cortas ni, por supuesto, collares de ahorque, mejor un arnés que deje libre las articulaciones. Una vez se sale, es importante conectar con el entorno. “Que el perro empiece a usar el olfato, a ser consciente de dónde está… Es aquí donde habitualmente el perro hace sus necesidades fisiológicas y baja un poco de revoluciones.”, explica Vallbona, que continúa: “El siguiente paso podría ser la experiencia social. El perro conecta con los marcajes de otros perros, marca, explora. Aquí hay un esfuerzo más mental que físico”.
¿Y qué sucede con la correa y llevarlos sueltos? Vallbona afirma que, si es posible, está bien que también tengan su momento de ir sueltos para poder andar a su ritmo y sin el condicionamiento de la correa.”Esto puede favorecer la activación del cuerpo y facilitar la gestión en general, tanto de las situaciones que vive el perro como a nivel emocional”, reflexiona, aunque puntualiza que habla de entornos abierto en los que se pasea, no de pipicanes.

¿Cómo saber si ha sido un buen paseo?
“Los perros no hablan, pero los perros se comunican, y se comunican fundamentalmente por el lenguaje corporal”, recuerda Liquindoli. Para el etólogo es importante observar y conocer al perro, fijarse en si está relajado, nervioso o tenso, si ladra, si lleva la cola relajada o gacha o rígida. Todas esas señales van a ayudar a identificar su estado y si el paseo le está resultando beneficioso o no.
“Es importante remarcar que un perro cansado no es lo mismo que un perro tranquilo. Un perro puede llegar muy cansado del paseo y ponerse a dormir, pero no por ello el paseo ha sido una experiencia productiva y satisfactoria para el perro. Por otro lado, si nuestro perro llega a casa y necesita descargar corriendo, rompiendo, montando… No suele ser por una falta de paseo o de actividad. Muchas veces lo que nos encontramos es un perro pasado de vueltas que ha vivido el paseo con excesiva preocupación y sobreestimulación”, precisa Vallbona.

